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PARTIDOS POLÍTICOS

Podemos enfría la posibilidad de lograr algún tipo de alianza con IU

  • El partido de Pablo Iglesias ignora los guiños de la coalición y se marca como reto liderar el voto de la izquierda

El eurodiputado electo y portavoz de Podemos, Pablo Iglesias, durante su intervención este jueves
El eurodiputado electo y portavoz de Podemos, Pablo Iglesias, durante su intervención este jueves
efe
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 20/07/2014 a las 06:00
La estrategia política que Podemos ha comenzado a esbozar para el próximo año y medio, un intenso período electoral en el que se renuevan todas las alcaldías de España, el Congreso, el Senado, la Presidencia del Gobierno y los ejecutivos de la mayoría de las autonomías, no dedica ni un solo párrafo a las alianzas con otras siglas. Tampoco con IU, su pretendiente más tenaz.

No es ningún olvido. La razón de fondo es que la formación liderada por Pablo Iglesias, que dio la sorpresa de las europeas al convertirse en la cuarta fuerza, pretende protagonizar este maratón electoral en solitario porque considera que se dan las condiciones para convertirse en una fuerza mayoritaria, que aglutine el grueso del voto de la izquierda y parte del electorado centrista. Con esas metas, cualquier compañía, incluida la de IU, no tiene por qué aportarle más apoyos sino que incluso puede restárselos.

El documento de estrategia, que tiene que ser discutido y puede ser alterado en la asamblea constituyente que se celebrará posiblemente en octubre, cree que ahora, cuando está en el centro de la vida política como una fuerza en ascenso, atractiva y sin hipotecas del pasado, con el PP y el PSOE en sus horas más bajas, quizá tenga la única oportunidad de aspirar a protagonizar por sus propios medios el vuelco electoral y, nada menos, que el asalto a la Moncloa. Para este fin no rechazará el apoyo de nadie, pero siempre desde el liderazgo de la hipotética mayoría.

El análisis de los datos de las europeas no ha hecho más que abonar la confianza de Podemos en su marca. Han constatado dos hechos de relevancia: que le ha ganado a IU la partida como principal beneficiario de la caída del PSOE, el referente histórico del centro izquierda, y que, además, pese a su programa rupturista tiene trazas de partido transversal.

De lo primero hay pocas dudas. Uno de cada cuatro votos de Podemos fue socialista en las generales de 2011, pero no solo eso. Ese caudal de apoyos supone el 16% de los votos que obtuvo el PSOE hace tres años. IU solo arrebató a los socialistas un 5,8% de los sufragios de hace tres años, la tercera parte que el partido de Iglesias.

La "relativa transversalidad" que Podemos aprecia en sí mismo también tiene cierto sustento numérico, según el sondeo postelectoral del CIS. Esta formación no solo mordió en las europeas votantes a todas las siglas sino que fue la que más quitó a todos. Al PSOE le arrancó el citado medio millón, pero a IU le restó un 26% de sus electores de 2011, a UPyD un 11.6%, y al propio PP el 4,7%, unos 125.000 votantes. Eso sin contar que el mismo sondeo, realizado quince días después de los comicios, le coloca ya como el tercer partido preferido por los españoles.

ESTRATEGIAS CONTRARIAS

Los actuales planes de Podemos chocan de forma radical con la estrategia de cara a 2015 de IU, que pasa por lograr en municipales, autonómicas y generales listas conjuntas de todas las opciones políticas progresistas enfrentadas a las políticas neoliberales de la UE y, además, lograrlo con su organización como eje de esas alianzas.

Las llamadas y guiños a esta confluencia realizados desde la misma noche del 25 de mayo por los dirigentes de IU a Podemos no han pasado de momento de traducirse en conversaciones informales en las que los compañeros de Iglesias no muestran prisa por comprometerse a nada y en las que remiten para cualquier contacto oficial al otoño próximo, una vez concluido su proceso constituyente.

El 'efecto Podemos' y la necesidad de frenar su avance han provocado una convulsión interna en IU, la sigla más perjudicada por su irrupción. La medida de choque, impulsada por el propio coordinador general, Cayo Lara, ha sido situar al joven diputado malagueño Alberto Garzón al frente de la secretaría de Proceso Constituyente y Convergencia, la encargada de diseñar la estrategia electoral y negociar la hoy difícil confluencia con el resto de fuerzas de la izquierda.

Garzón, amigo de Iglesias y otros líderes de Podemos y directamente vinculado al 15M, está en camino de convertirse en el nuevo hombre fuerte de la coalición, en el encargado de encabezar el cambio en su imagen pública y funcionamiento interno, y de cumplir con el mandato de abrir la organización a las bases y colectivos sociales. Su mejor baza en el empeño de liderar la deseada convergencia de progresistas es la solidez de la coalición y su implantación territorial, algo de lo que hoy carece Podemos, que le ofrece muchas posibilidades para tejer y ampliar las alianzas desde el ámbito local, con la negociación de programas y listas pueblo a pueblo.


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