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POLÍTICA

Regeneración o desastre

  • Rajoy busca impedir que las próximas autonómicas y municipales supongan un naufragio para el PP con un paquete de mejora de la calidad democrática

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, comparece ante los medios de comunicación, durante su viaje a la República de Panamá

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, comparece ante los medios de comunicación

EFE
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06/07/2014 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
Dos millones 600 votos tienen las culpa del repentino giro regenerador de Mariano Rajoy. Ese fue el caudal de la hemorragia del PP en las elecciones europeas del 25 de mayo. Igual que la del PSOE. De puertas para afuera se celebró la victoria haciendo caso omiso de la sangría, pero de puertas para dentro se instaló la tribulación y la inquietud. Rajoy, pausado y de reacciones lentas, no hizo nada a diferencia del zafarrancho que se organizó en el PSOE y en menor medida en Izquierda Unida.

Hasta este lunes, cuando sorprendió a los miembros de la dirección del PP con una batería de medidas de regeneración de la democracia, un asunto que no le había quitado ni media hora de sueño en esta legislatura.

Rajoy había acumulado razones a lo largo de junio para lanzarse a esa piscina. Por la Moncloa desfilaron gobernantes autonómicos, alcaldes y dirigentes. De todos ellos escuchó una opinión común, el PP tenía que hacer política; la economía no puede ser el único discurso del partido. Un diagnóstico que también se escuchaba en los despachos del edificio de la calle Génova de Madrid. El partido "tiene que salir de su zona de confort" y si no lo hace "nos van a sacar los ciudadanos sin tardar mucho", reflexionó en voz alta la líder del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. Un comentario que suscribía más de uno y de dos barones populares, pero en privado y a media voz.

La tormenta de ideas que protagonizaron los dirigentes del PP entre bambalinas (casi nadie osó a expresar sus opiniones en público) fue amplia, aunque algunas propuestas quedaron desechadas desde un principio por Rajoy y la dirección del partido. Entre ellas, la celebración de elecciones primarias para designar los candidatos electorales del PP y los cargos orgánicos del partido. Una fórmula que el PSOE ha puesto en marcha por primera vez y que Izquierda Unida ha aprobado hacerlo. UPyD lo tiene en sus estatutos. "No está en nuestra cultura, el PP desde los tiempos de Aznar es un partido presidencialista", resume un importante líder territorial del PP.

La secretaria general de los populares, Dolores de Cospedal, dice que no tienen necesidad de copiar modelos democráticos de otros porque el PP ya tiene su propia fórmula y recuerda que sus normas de funcionamientos interno prevén que cualquier militante con el aval de cien afiliados pueda optar a ser candidato a la Presidencia del Gobierno o a liderar el partido. Nadie hasta ahora ha recorrido ese camino. Lo cierto es que las voces que reclaman las primarias no son las de los habituales en la calle Génova 13 ni pisan la Moncloa. Algún alcalde, como el riojano de Ezcaray, Diego Bengoa, el portavoz en la Asamblea de Madrid, Íñigo Henríquez de Luna, o el presidente provincial de Valencia, Alfonso Rus, son de los pocos que han alzado el dedo.

Pero el PP tenía que hacer algo, ahí si había consenso. Máxime cuando la reforma fiscal aprobada por el Gobierno desilusionó en el partido, y se aplazó 'sine die' la reforma del sistema de financiación autonómica, una dilación que deja a los gobernantes autonómicos con sus cajas igual de exhaustas y les priva de una poderosa herramienta electoral. Había que hacer algo, pero en serio porque limitarse a los anuncios sin llevar luego las propuestas a la práctica, como ocurrió con la batería de medidas enumeradas por Rajoy el 1 de agosto pasado en un nuevo remezón del 'caso Bárcenas', tendría el efecto contrario al buscado.

ALCALDES, NO; FUERO, SÍ

El presidente del Gobierno y líder del PP escuchó, calló y decidió. Fiel a su estilo lo hizo sin concreciones, como quien pone sobre la mesa un montón de arcilla para que los demás la moldeen para luego firmar la obra resultante. Planteó dos medidas estrella, la elección directa de los alcaldes y la revisión de la figura del aforamiento.

La primera tiene difícil materialización porque todos los partidos vieron en ella un regate oportunista del partido gubernamental para prolongar su hegemonía municipal en las elecciones del próximo mayo. Sin consenso, admiten los dirigentes del PP, incluido Rajoy, es poco factible una reforma de la ley electoral para que los ciudadanos voten a su alcalde, salvo que aplique "el rodillo", como se teme la socialista Susana Díaz, de la mayoría absoluta de los populares en el Congreso y el Senado. Pero es muy improbable que, por muy mayoría absoluta que tenga, un partido cambie en solitario las reglas del juego electoral.

Solo queda por tanto en el albero político la revisión del aforamiento, el paradigma de los privilegios de los políticos, a ojos de los ciudadanos. Es una figura procesal de difícil comprensión cuando la Constitución consagra la igualdad de todos ante la ley, pero esa misma norma establece que los miembros del Gobierno y del Parlamento solo podrán ser juzgados en el ejercicio de sus cargos por el Tribunal Supremo y no en un juzgado ordinario como el resto de la población.

No solo ellos gozan de ese fuero. Tras la aprobación de la Constitución en 1978 y con el ulterior desarrollo legislativo, disponen de aforamiento los presidentes autonómicos, sus consejeros, la gran mayoría de los parlamentarios de las comunidades, muchos de los altos cargos de esos territorios, como los defensores del pueblo autonómicos e incluso en algún caso hasta sus adjuntos. El mundo de la toga y la puñeta no quiso quedarse fuera del disfrute de esta garantía procesal y el presidente y los magistrados del Tribunal Supremo, del Tribunal Constitucional, los vocales del Consejo General del Poder Judicial, los presidentes de los tribunales superiores de justicia autonómicos y de sus salas, el fiscal general del Estado, los fiscales del Supremo y así hasta una retahíla de más de 7.500 jueces y fiscales. A todos ellos hay que sumar todos los componentes del Consejo de Estado y del Tribunal de Cuentas.

En total, casi 10.000, de los que unos 2.300 son cargos políticos y el resto, jueces y fiscales, según la contabilidad de Juan Luis Gómez Colomer e Iñaki Esparza en su 'Tratado jurisprudencial de aforamientos procesales', la obra de referencia en este asunto.

La derogación o la limitación de la figura del aforado es defendida por todo el mundo político y judicial. Abogan por ello las fuerzas políticas del arco parlamentario sin excepción una vez incorporado a última hora el PP. También lo aconsejan el Tribunal Supremo, el Consejo del Poder Judicial y hasta el Consejo de Estado. Los jueces, en general, participan asimismo de ese criterio, aunque con matices para no ser ellos "los tontos de la película", en palabras de un portavoz de la Asociación Profesional de la Magistratura, y convertirse en los únicos que renuncian al fuero.

Un acuerdo que, sin embargo, será difícil de materializar. La supresión o corrección del fuero requerirá, nada menos, que una reforma constitucional, una palabra casi tabú para Rajoy, en el caso de los miembros del Gobierno y la Cortes; de los 17 estatutos de autonomía para los cargos territoriales; y unas cuantas leyes orgánicas que establecen el aforamiento en la judicatura, la carrera fiscal y en diferentes órganos constitucionales.
Selección DN+


  • RG
    (07/07/14 08:44)
    #5

    Mejor cantar misa que regeneración porque mientras no lleguen fondos al tejido industrial... igual de lo mismo!, como con la alternacia de partidos, repúbica o monarquía, etc,

    Responder

  • opino
    (06/07/14 16:30)
    #4

    ..... ¿con un paquete de mejora de la calidad democrática?.... A Rajoy sólo le puede salvar el PSOE...siempre que sea Pedro Sánchez el nuevo Secretario General. Si ganara Eduardo Madina, al PP no le salva ni D--s!

    Responder

  • peligro!
    (06/07/14 13:14)
    #3

    M dijo..
    Estoy de acuerdo,gracias a esa actitud de tapar a los corruptos,de engordar el estado y colocar a dedo a todos los amigos y familiares,de vivir por encima del pueblo a costa del pueblo,la izquierda radical se va a hacer con el poder por culpa de los malos politicos actuales,seran los responsables de lo que ocurra en España,su ceguera y su torpeza nos conducen a un pais dividido,espero que sepan actuar a tiempo para no lamentar algo peor.

    Responder

  • isidro
    (06/07/14 11:24)
    #2

    ¿ No se cansa de lanzar siempre la misma peonza, con los mismos resultados ? Es tan simple, como limpiar la casa y que los demás le imiten. El riesgo debe de estar, en la parte que a él le afecata directamente.

    Responder

  • M
    (06/07/14 10:52)
    #1

    El PP lo primero que tendría que hacer sería expulsar del partido a todos los chorizos y corruptos que salen un día sí y otro también. No me vale la excusa de que no están condenados por los jueces. Hay algo que se llama "ética" que debe estar por encima de las leyes y que ellos desconocen.

    Responder


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