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PARTIDO POPULAR

La relación entre Aznar y Rajoy: recelos de ida y vuelta

Desde que el expresidente lo designó sucesor tras el doble rechazo de Rodrigo Rato la relación entre ambos ha sido fría El expresidente ya trasladó hace mes y medio a su elegido el desacuerdo con el rumbo de la política económica y la gestión del 'caso Gürtel' en el PP

La relación entre Aznar y Rajoy: recelos de ida y vuelta
La relación entre Aznar y Rajoy: recelos de ida y vuelta
  • COLPISA. MADRID
Actualizado el 25/05/2013 a las 19:02
El 23 de agosto de 2003, José María Aznar llamó a su despacho al que entonces era su ministro de Educación, Mariano Rajoy. Faltaba poco más de un año para que Aznar acabase su segundo mandato como presidente del Gobierno y, pese a que buena parte del partido quería que siguiese al frente del país, el primer presidente del PP en la historia de España, mantuvo firme su palabra y se cortó la coleta "para siempre", tras ocho años en la Moncloa. Solo dejó un portillo abierto para su retorno en caso de "desastre o emergencia nacional". A la vista de las últimas palabras el desastre o la emegencia están aquí y de la mano de Rajoy. 

Aquel día de agosto no fue el principio de una bella amistad. El último y televisado amago de Aznar de volver al ruedo político y la inequívoca reprimenda a su pupilo por incumplir los dogmas liberales del programa electoral del PP, en especial la subida de impuestos, confirma que la tensión entre ambos ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. "Preguna interesante", pero cuya respuesta no arregla nada, se limitó a decir cuando fue interrogado sobre si se arrepentía del nombramiento de Rajoy como sucesor. Nada del clásico "en absoluto" o "estoy muy orgulloso de la decisión" que apuntan los manuales de lo políticamente correcto. 

"Es cierto que Aznar se había mostrado crítico con la política económica de Rajoy, pero nunca imaginé que lo hiciera en público", indica un miembro del actual Ejecutivo. Lo ha hecho en público y en privado porque hace mes y medio se produjo esa conversación "larga" que mencionó Aznar en su entrevista, la única, según sus quejosas manifestaciones, en año y medio de mandato de Rajoy. En esa charla, el expresidente trasladó al actual inquilino de la Moncloa su desacuerdo con la deriva económica del Ejecutivo. Rajoy, que no ha informado a nadie del contenido de la conversación, debió decir, según comentan en el PP, lo que ha dicho después muchas veces: esto es lo que hay y no existe otro camino para salir de la crisis. 

Aznar no se lo dijo aquel ya lejano 23 de agosto, pero Rajoy sabía perfectamente que el "relevo natural" no era él, sino Rodrigo Rato. Una evidente sospecha que el propio expresidente desvela en el primer volumen de sus memorias, donde además cuenta que su vicepresidente económico rechazó el cargo hasta en dos ocasiones, aunque al final intentara subirse a un tren que ya había partido para siempre. Rajoy, honrado y sorprendido, dijo que sí a la primera. 

LOS PRIMEROS ROCES

La frialdad reinó desde los primeros compases de la sucesión. La inesperada derrota electoral de 2004, que Aznar achacó en parte al errático comportamiento de su 'delfín', pero sobre todo el desmarque de Rajoy de la teoría conspiratoria que mantuvo parte de la vieja guardia del partido sobre el 11-M, y el convulso congreso nacional que el PP celebró en Valencia en 2008 marcaron tres hitos en la soterrada indiferencia que su guardan ambos. En el cónclave valenciano de hace cinco años, Aznar, además de ningunear y exhibir gestos de desprecio a su ungido, censuró a Rajoy y a su equipo por renunciar "a un proyecto de éxito y solvente", en alusión al supuesto giro que la nueva dirección popular quería dar al partido para alejarlo de la derecha y situarlo en el centro. 

¿Por qué esta supuesta salida de tono de Aznar ahora? Un portavoz del Ejecutivo considera un ejercicio estéril debatir sobre hipótesis, aunque estima "muy poco probable" que el fin último sea disputar el liderazgo del PP. 

El tono de la irrupción televisiva cogió con el pie cambado a la dirección del PP. Un día antes de la entrevista, la cúpula popular entendía que Aznar solo quería defenderse en público contra las acusaciones de haber recibido dinero opaco del partido, como constaría en los papeles de Luis Bárcenas. En una conversación informal con periodistas, un alta dirigente popular respondió con coloquial "pues pistonudo", cuando se le planteó la posibilidad de que el presidente de honor del partido arremetiera contra las recetas anticrisis de Rajoy. 

Tanto en el partido como en el Gobierno se busca válvulas de escape para quitarle hierro a la afrenta. "Yo creo que el más preocupado debe ser Rubalcaba porque no debe ser nada gratificante que la gente diga que Aznar se ha convertido en el verdadero jefe de la oposición en España", señala un estrecho colaborador del inquilino de la Moncloa a modo de consuelo ante el tamaño de la fisura abierta en el PP. 

Rajoy, entretanto, a lo suyo. Silencio y mantenimiento del rumbo. Celoso de que los detalles más nimios se conviertan en grandes secretos de estado, no ha dicho si vio en directo la entrevista o la vio después. Tampoco ha aclarado si ambos hablaron antes de la misma. 

"Aznar está dolido", insisten desde su bando. Se apuntan algunos motivos: la falta de brío con la que la dirección del PP le ha defendido de las acusaciones de cobrar sobresueldos en B, la, en su opinión, mala gestión de Dolores de Cospedal de todo el 'caso Bárcenas', la falta de brío de Rajoy ante el reto soberanista de Cataluña y, la gota que ha podido colmar el vaso, una supuesta falta de respeto hacia su esposa y alcaldesa de Madrid, Ana Botella. 

Los más expertos 'aznaristas' ponen el acento en una de las frases que pronunció el expresidente del Gobierno en el show que protagonizó en 'prime time'. "Yo sé quién está filtrando todo", desveló en referencia a los papeles de Bárcenas. Se trataría de un mensaje soterrado porque Aznar teme que desde dentro del partido se está facilitando los documentos que más le comprometen para desviar la atención de otros nombres. "Eso es una desfachatez que no tiene ningún sentido", se apresuran a responder desde el PP. 

Aznar desmenuza en sus memorias que cuando pensó en Rajoy lo hizo para preservar la jerarquía del partido sin que le acusara de poner a dedo a uno de sus protegidos y pensando en que podría ser un interlocutor serio con los nacionalistas. Diez años después, el independentismo vasco ha cedido protagonismo al catalán y los barones del PP están más rebeldes que nunca. "No se si Aznar quería dar un toque de atención en estos asuntos, aunque por las primeras reacciones está claro que en el partido se ha pasado de cuestionar al lider a cerrar filas en torno a él y contra. Aznar, todo un disparate", culmina un veterano dirigente popular. 
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