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Casa Real

El Príncipe asegura tener "la mayor confianza" en los jueces

El Príncipe Felipe junto a Gonzalo Moliner (i); Artur Mas (3d);  Soraya Sáenz de Santamaría y Núria de Gispert
El Príncipe Felipe junto a Gonzalo Moliner (i); Artur Mas (3d); Soraya Sáenz de Santamaría y Núria de Gispert
efe
  • colpisa. barcelona
Actualizada 05/04/2013 a las 08:22
Casualidades de la agenda, un día después de que el juez decretase la imputación de la infanta Cristina en el caso Nóos como "cooperadora necesaria" de Iñaki Urdangarin, el destino citó este jueves al príncipe Felipe en un acto de entrega de despachos a una promoción de magistrados en Barcelona. Sus palabras, las primeras que pronunciaba un miembro de la Casa Real tras el auto de José Castro, fueron analizadas con lupa y para ahuyentar las suspicacias fue rotundo ante los jueces: "sois merecedores de la mayor confianza".

El heredero de la Corona evitó, como era obvio, apelaciones directas al caso que afecta a su hermana y a su cuñado, aunque su discurso en la ceremonia estuvo lleno de referencias y guiños al mundo judicial y sus expresiones adquirieron una carga simbólica que en otro contexto no hubieran pasado de la mera alocución institucional. El Príncipe instó a los jueces, a los 231 que acaban de salir de la escuela judicial, a ejercer su profesión con "valentía", "prudencia" y "fortaleza" y les dio todo su "apoyo y reconocimiento", también "el de Su Majestad el Rey" porque a su juicio juegan un papel "clave" para garantizar la protección de derechos y libertades. "Los miembros de la carrera judicial sois merecedores de la mayor confianza", dijo. Unas palabras que en estos momentos son toda una exposición de principios y que el heredero de la Corona podía haberse ahorrado si su intención hubiera sido colocarse de perfil.

Este respaldo explícito de un miembro destacado de la familia real a la justicia contrastaba con la primera reacción que tuvo la Zarzuela tras la imputación, ya que los portavoces de la Jefatura del Estado cuestionaron el miércoles la decisión judicial del magistrado José Castro al mostrar su sorpresa por el cambio de criterio del juez, que hace un año sostuvo que no había indicios para imputar a doña Cristina. Felipe de Borbón eludió, no obstante, cualquier declaración sobre el caso concreto de su hermana y ni a la entrada, cuando llegó, ante una nube de cámaras, ni a la salida, hizo comentario alguno.

Normalmente, es el Rey quien preside el acto de entrega de los despachos de la última promoción de magistrados, pero el Monarca, aún convaleciente de su última operación, causó baja para la cita de este año y fue sustituido por don Felipe, que en un principio se esperaba que acudiera con la princesa Letizia, pero al final asistió solo. Serio y muy sereno en todo momento, el Príncipe de Asturias estuvo acompañado, entre otros, por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y por la cúpula judicial española, desde el presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunla Supremo, Gonzalo Moliner, al presidente del Constitucional, Pascual Sala, o el fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce.

Don Felipe hizo un discurso muy medido de defensa de la justicia -"la función de los jueces cobra aún mayor trascendencia en momentos complejos como los actuales", dijo, pero se cuidó muy mucho de no hacer referencias que pudieran entenderse como directas. Y sobre todo, no fue tan lejos como el célebre mensaje de Navidad del Rey en 2011, en el que refiriéndose a su yerno afirmó que "la justicia es igual para todos". El heredero de la Corona se limitó a añadir que los tiempos actuales "precisan de una justicia accesible y eficiente, administrada por jueces conocedores de la ley y plenamente comprometidos con la esencial labor de protección de los derechos de los ciudadanos".

Las referencias a la equidad ante los juzgados quedó para el presidente del Supremo y del Poder Judicial, quien destacó "la independencia, la imparcialidad y la igualdad en la aplicación de la ley" como cualidades necesarias de un juez.

SIN CAMBIOS EN LA AGENDA

La imputación de la infanta Cristina no tuvo ningún efecto en la agenda de la Casa del Rey. La normalidad fue la imagen que se quiso transmitir. Después de asistir a la entrega de despachos, el Príncipe mantuvo sus planes y se desplazó a Madrid, donde se reunió con el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

La propia afectada, la duquesa de Palma, acudió a su trabajo en la sede de La Caixa como un día cualquiera. Salió temprano de su casa, el palacete de Pedralbes, y se desplazó en coche hasta las inmediaciones de la avenida Diagonal, desde donde se desplazó a pie a su lugar de trabajo en la fundación de la entidad financiera. Pudo evitarse el paseíllo de cruzar la calle rodeada de cámaras, ya que el automóvil podía haber entrado hasta el aparcamiento de la entidad financiera. Pero no quiso evitar los focos y trató de rebajar la trascendencia de su citación a declarar. Eso sí, no hizo declaraciones.

Su hermana Elena también respetó la agenda y como estaba programado se reunió en la Zarzuela con una representación de los organizadores y colaboradores de la XIII edición de la campaña solidaria 'Un juguete, una ilusión'. El Rey siguió con sus sesiones de fisioterapia para recuperarse de la operación de hernia discal. La Reina no tenía actividad oficial.


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