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Siria apuesta por la represión

A través de su agencia Sana, Siria transmite imágenes de marchas de apoyo al presidente

  • LAURA L. CARO . COLPISA. DAMASCO
Publicado el 27/03/2011 a las 03:00
UN verdadero pulso al régimen de Bashar al Asad tenía que pasar por la expansión de las protestas del epicentro de Deraa a todo el país, y la manifestación multitudinaria del Viernes de la Dignidad encontró réplicas en Damasco y Hama, donde salieron a las calles centenares de personas, y miles en otras ciudades, como la costera Baniyas, Latakia, Daael, Chaikh Maaskine o At-Tall, en el sur del país.
Ni las promesas de aperturismo del día anterior -pocas y tardías, como ocurrió en otras revueltas árabes- sedujeron a la población, ni amedrentó el temor a las balas de la policía, que un día más reprimió las marchas a tiros. La cadena catarí Al Yazira citó un testigo anónimo que aseguró que en Deraa -el nido rebelde de Siria- había "más de 20 mártires. Ellos (las fuerzas de seguridad) han abierto fuego indiscriminadamente", relató el testigo.
Cuarenta kilómetros al sur, en Sanamein, la carga se habría cobrado hasta 17 vidas, esta vez según un activista citado por France Press. En la capital se hablaba de docenas de detenidos, mientras que otras cuatro personas murieron ayer en Latakia, cuando grupos de desconocidos y fuerzas policiales dispararon contra una manifestación pacífica de la oposición, según Al Yazira.
Pero sigue sin poder confirmarse de manera independiente las bajas: la masacre se perpetra en Siria a puerta cerrada, y solo contadas imágenes tomadas con teléfonos móviles logran eludir los apagones tecnológicos para mostrar al mundo cadáveres que se desangran en el suelo.
No obstante, si se atiende a la historia oficial, el país era el viernes un estallido de "satisfacción y alegría" en honor "a su excelencia (el presidente) y a su liderazgo frente a cualquier conspiración contra Siria".
Gratitud
La agencia de noticias Sana -espejo de la política informativa del Gobierno- publicó sin ningún rubor que "cientos de miles de sirios insomnes anegaron las calles" junto a "procesiones de coches con la bandera y carteles de Bashar al Asad" para expresar gratitud por las "decisiones y decretos" horas antes anunciados.
Van a cambiarse las leyes de Partidos y de Prensa, se estudiará si hacerlo con la de Emergencia, vigente desde 1963, y se subió el sueldo un 30% a los funcionarios. La web propagandística del régimen mencionó, además, las palabras de un abogado de Deraa, Fahd al Adwai, asegurando que semejantes concesiones habían "restablecido la vida normal, por no mencionar la irresistible felicidad que siente cada sirio".
Las ocultaciones evocan sin remedio los precedentes de Hosni Mubarak en Egipto o de Muamar el Gadafi en Libia. Lo mismo ocurre con el uso de hordas de secuaces que, antes o después, los líderes árabes fueron promoviendo para tratar de reventar las protestas prodemocráticas que les amenazan. Porque el viernes, efectivamente, un millar de partidarios del régimen magnificados por la agencia Sana irrumpieron en las calles de Damasco clamando "¡Esta es la Siria de Asad!".
La primera "república hereditaria" del mundoBashar al Asad llegó al poder de rebote, cuando su padre le sacó de la escuela londinense en la que estudiaba Oftalmología y le reclamó en Damasco el mismo día en que su hermano mayor Basel -el delfín llamado a la sucesión- moría en un accidente de tráfico.
Era el 21 de enero de 1994. En 2000, a la muerte de su progenitor y presidente de Siria durante 30 años, tomó el relevo con una pantomima de elecciones, en las que consiguió el 97,2% de los votos.
También se pondría al frente del omnipotente partido único Baaz. Se consumaba así la primera república hereditaria del mundo árabe, que luego deseó haber imitado Hosni Mubarak en Egipto y que Gadafi querría copiar en Libia.
La entronización de Bashar, con su perfil de yuppie aplicado y un punto cosmopolita, estuvo rodeada de esperanza. En los primeros años respondió a ella cerrando la temible cárcel militar de Mezzah, liberando a presos de opinión y permitiendo limitados debates políticos.
Pero al término de su primera década de mandato, un informe de Human Rights Watch enumeraba casos de represión, tortura, desapariciones, restricciones a la libertad de expresión y la extrema discriminación de los kurdos. "Porque no le dejaron o porque no quiso, el resultado es el mismo: ni libertad, ni derechos".
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