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Primarias republicanas en familia

  • Ann Romney: "Mitt siempre me recuerda que mi trabajo es más importante que el suyo"

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El aspirante a candidato republicano Mitt Romney y su esposa Ann. REUTERS

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Actualizada 09/01/2012 a las 01:04
  • MERCEDES GALLEGO . COLPISA. NUEVA YORK

LA joven Chelsea Clinton lo hizo por su madre. Alexandra y Vanessa, por su progenitor, John Kerry. Y ahora es el turno de los chicos de Mitt Romney: Tagg, Matt, Josh, Ben y Craig.

Hacer campaña electoral en EE UU siempre fue cosa de familia, pero, junto a la tradición de la mujer florero y la foto modélica, surgió el recurso de echar mano de los hijos para transmitir el mensaje a la gente joven.

Como buenos mormones, los Romney llevan a gala su papel de familia unida con el que enarbolan los valores conservadores. El exgobernador de Massachusetts presume de ser padre de cinco hijos y abuelo de 16 nietos. "Mitt siempre me recuerda que mi trabajo es más importante que el suyo", cuenta su esposa.

La presencia de Ann Romney en la campaña permite al candidato contar que lleva 42 años de matrimonio, en contraste con los escándalos sexuales de sus rivales. En los últimos días de Iowa, cuando Ron Paul y su ejército de jóvenes votantes le empezó a pisar los talones, Romney despachó a sus hijos al frente electoral. Todos excepto Ben, que está haciendo las prácticas de médico radiólogo.

El patriarca los presentó al amanecer en un mitin de Des Moines y, dos horas después, entraban sonrientes en el gimnasio del Instituto del Valle del Oeste como los cuatro magníficos, con las manos en los bolsillos del vaquero, botas de puntera y una hilera de periodistas detrás.

"¿Cómo vais a celebrarlo esta noche si gana vuestro padre?", les preguntó una presentadora de la CNN. "¡Vamos a emborracharnos!", bromeó Josh, de 36 años, provocando una sonora carcajada. Los mormones no beben alcohol, pero se trataba de conectar con los miles de jóvenes que aplaudían en las gradas la llegada de Ron Paul.

El libertario de ultraderecha habla su idioma cuando les recuerda que el Gobierno del tío Sam espía sus conexiones por internet. "Y creedme, si os quitan vuestra privacidad en internet, os están quitando una gran parte de vuestra libertad", defendió el candidato antisistema.

El voto joven

Tagg Romney lo escuchaba desde una esquina con el cuello del jersey subido y sin pestañear. Cuando cogió el micrófono flanqueado por sus hermanos, abrió fuego sin preámbulos con dos preguntas para la reflexión: "¿Qué trabajos creéis que vais a encontrar ahí afuera cuando acabéis los estudios y cuánta deuda tendréis sobre vuestros hombros?".

Miró hacia las gradas de estudiantes congregados por Rock the Vote para movilizar el voto joven y debió de intuir que muchos de ellos habían hecho campaña en 2008 por Obama, porque, en lugar del crispado mensaje que repite su padre, tuvo palabras conciliadoras sobre el presidente. "Creo que es una persona honesta. Ama a su familia. Pero este trabajo simplemente le queda muy grande, está desbordado. Es cierto que heredó una economía en crisis, pero él la ha empeorado. Ya sé que no soy imparcial, pero necesitamos a alguien como mi padre para salvar la economía".

El primogénito contó que, hace 26 años, Romney les puso a construir un muro alrededor de la casa para enseñarles el valor del trabajo. Todos con las manos en la masa, incluida la madre, a la que le tocó preparar el cemento.

La experiencia los unió como familia, y Tagg aseguró que aprendió más de su padre en seis sábados que en todos los años anteriores, aunque, a raíz de lo que luego contó Craig, cabe pensar que el aspirante a la presidencia pretendía ahorrarse algún dinero con el trabajo casero -hoy en día se está gastando 12 millones de dólares en renovar su casa de La Jolla, en California-.

"A mi padre no le gusta gastar", confió Craig en perfecto español. "Si me veía pensando con la puerta del frigorífico abierta, me reñía por gastar luz", dijo.

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