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ANÁLISIS | ENRIQUE VÁZQUEZ

La mano del amigo chino

  • El Tesoro chino es ya propietario del 4% de la deuda soberana italiana. Pekín abre los brazos a la compra de deuda pública de los países europeos

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El primer ministro chino, Wen Jiabao. REUTERS
Actualizada 18/09/2011 a las 02:05

C UANDO el Gobierno chino se dice dispuesto a comprar deuda pública de países europeos, en apuros y a salvo, ¿qué compra en realidad? El ejemplo italiano, actualizado por la revelación del periódico Financial Times del pasado lunes, de que una misión china de alto nivel estaba en Roma al efecto, es idóneo para contestar a la citada pregunta.

Muy sencillo. El Tesoro chino es ya propietario del 4% de la deuda soberana italiana, y Pekín considera de cerca la posibilidad de seguir comprando, si hay una clara voluntad de arreglar las cosas y tal vez si se le permite, de paso, adquiriendo un buen paquete de los gigantes de la industria italiana, como son las firmas ENEL y ENI.

Las posibilidades chinas al efecto son inmensas y conocidas: la módica suma de tres billones doscientos mil millones de dólares (sí, ha leído usted bien) en reservas de divisas, de las que una cuarta parte están ya titulizadas en euros, una decisión estratégica que tomó el Gobierno chino en su día y que ha aplicado con su proverbial disciplina durante bastantes años en lo que, en su momento, fue universalmente interpretado como un mensaje al mundo de que concluía la hegemonía intocable del dólar como moneda de referencia y herramienta comercial universalmente aceptada. ¿Cuándo lo será el yuan chino, que va camino de una cierta normalización de su valor real para moderar las ventajas comerciales que, legítimamente, critican los norteamericanos?

El primer ministro chino, Wen Jiabao, dio una pista el pasado miércoles en la sesión veraniega del Foro de Davos celebrada en la ciudad de Dalián. Wen Jiabao manifestó entonces, en tan prestigiosa mesa de reflexión económica, que "la segunda economía del mundo no puede operar aisladamente, y que trabajará para mantener el crecimiento global y el doméstico".

Para ello, el primer ministro recordó la previsión de la Organización Mundial de Comercio de tener a China por una genuina economía de mercado en 2016, cuando el yuan debería ser, por fin, una moneda convertible en el comercio internacional.

Eso, ciertamente, cambiará muchos hábitos y será como la expresión plástica de un mundo nuevo: dólar, euro, yuan; y, para ahorradores perezosos y tímidos, franco suizo. El fin de toda restricción administrativa al respecto en China se acerca poco a poco. Y con él, desde luego, llegará el fin de una época: la edad dólar.

Veinte años más

El entierro, sin embargo, no tendrá lugar; y no sólo porque los Estados Unidos aún serán la primera economía del mundo unos 20 años más (hay cálculos para todos los gustos, y ninguno exacto, porque es imposible prever la tasa de crecimiento de cada parte), sino porque no conviene a nadie.

El fin de la edad oro fue bien digerido y, si los chinos compraron grandes cantidades del metal en su día, fue para debilitar al dólar como moneda de referencia.

Ahora prefieren permiso de los Gobiernos para hacerse con grandes trozos de emblemáticas compañías nacionales, que son la historia de sus países. Si Enrico Mattei, el padre del milagro industrial del Estado italiano de la posguerra, levantara la cabeza, se moriría de nuevo en el acto: el Ente Nazionale Idrocarburi, ¡chino!



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