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'COSTA CONCORDIA'

La búsqueda de supervivientes del naufragio en Italia continúa a contrarreloj

  • La embarcación, en la que viajaban 4.229 personas y que en la noche del pasado viernes encalló en un banco de arena a unos setenta metros de la costa de la isla, yace inclinada sobre su lado derecho, lo que dificulta los trabajos de rescate

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Actualizada 15/01/2012 a las 18:40
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  • EFE.ITALIA
Los buzos encargados de buscar a los desaparecidos que podrían permanecer aún atrapados en el crucero que naufragó el viernes frente a la isla italiana del Giglio, prosiguen sus tareas con creciente pesimismo tras el hallazgo de dos cadáveres en las últimas horas.

El descubrimiento de los dos cadáveres ha sido devastador después de que horas antes fueron halladas con vida tres personas que permanecían en el interior de la embarcación, lo que había aumentado las esperanzas de encontrar más supervivientes.

La embarcación, en la que viajaban 4.229 personas y que en la noche del pasado viernes encalló en un banco de arena a unos setenta metros de la costa de la isla, yace inclinada sobre su lado derecho, lo que dificulta los trabajos de rescate.

Al llegar a la isla en uno de los barcos que la conectan con la localidad de Puerto Santo Stefano, lo primero que llama la atención es ver cómo el flanco de babor es la única superficie de la nave que aflora por encima del agua, en horizontal, junto a la parte del casco, en el que se aprecia una enorme grieta y una inmensa roca que ha quedado incrustada en él.

Algunos de los botes salvavidas penden de la cubierta de babor, son los que no pudieron ser utilizados durante la caótica evacuación de los pasajeros en la madrugada del viernes al sábado.

Desde la isla se divisa perfectamente la cubierta en posición vertical y una pista de tenis, la terraza o un tobogán acuático del que fuera el Coloso del Mediterráneo, el buque más grande del mundo que hasta ahora haya naufragado.

Una imagen sobrecogedora que permite entender la magnitud de la tragedia que se vivió la noche del pasado viernes y que ha hecho evocar a algunos de los pasajeros el histórico hundimiento del Titanic, engullido por las aguas del Atlántico entre la noche del 14 y el 15 de abril de 1912.

Desde el muelle de la isla es posible ver el frontal de este buque y seguir los trabajos de rescate de los que se encargan varias naves que faenan entorno a la colosal embarcación, con 114.500 toneladas y casi 300 metros de eslora.

Hoy se pudo asistir al rescate en helicóptero de Marco Gianpietroni, comisario jefe del buque, que fue evacuado en camilla del interior del barco tras haber sido localizado en el puente tres de la nave, después de permanecer atrapado en las entrañas del buque alrededor de 36 horas.

Una hazaña que evidenció las dificultades a las que se enfrentan los equipos de salvamento, que además de tener que hacer frente al frío y a la falta de luz en el interior de la nave, necesitan alcanzar la cubierta de babor, desde la que se descuelgan al interior de la estructura.

Según explicaron a Efe fuentes de la dirección de la región de Toscana, en el interior del barco tan solo trabajan efectivos de los bomberos expertos en espeleología alpino-fluvial.

En el muelle es, además, donde en estos días se concentra la actividad de esta pequeña isla del Tirreno que, por su carácter eminentemente turístico, en esta época invernal del año cuenta tan solo con cerca de un millar de habitantes, quienes tras el naufragio abrieron las puertas de sus casas para acoger a los supervivientes.

La isla se ha visto de golpe desbordada por la instalación del centro de operaciones habilitado en el puerto para coordinar la actuación en los trabajos de rescate de Protección Civil, los Bomberos y la Guardia de Finanzas, así como por la multitud de periodistas que allí se concentran para seguir la evolución de la situación.

La iglesia de los Santos Lorenzo y Massimiliano, en la que en la noche del viernes al sábado se retiraron los bancos para dejar espacio a los varios cientos de personas y familias que allí pasaron la noche, ha recuperado la disposición original de su mobiliario.

Todavía quedaban algunos chalecos salvavidas en una de las esquinas de la iglesia, una imagen que se repite en otros de los lugares que sirvieron para acoger a todas las personas que lograron escapar del barco como la guardería Eugenio e Fratti o el modesto hotel Bahamas.
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