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POR EL CANJE DE SHALIT

En Gaza se celebra la Fiesta del Sacrificio con sabor agridulce

  • El "Aid Al Adha" es una de las principales fechas del calendario islámico y en la que se conmemora el episodio del sacrificio por parte del profeta Abraham, como le pedía Dios para demostrar su fe en Él
  • Como manda la tradición islámica, la familia Abu Zeid divide la carne en tres partes iguales: una para el comprador, otra para repartir entre los familiares y una tercera para los pobres

Un carnicero palestino deguella un toro en Khn Younis, al sur de Gaza, en el pirmer día del Eid-al-Adah
Un carnicero palestino deguella un toro en Khn Younis, al sur de Gaza, en el pirmer día del Eid-al-Adah
REUTERS
  • EFE.GAZA
Actualizada 06/11/2011 a las 19:06
Gaza celebra este domingo la Fiesta del Sacrificio con sabor agridulce por las incumplidas esperanzas de que la liberación del soldado israelí Guilad Shalit no supusiera sólo la excarcelación de presos palestinos, sino también el fin del bloqueo y un porvenir con menos nubarrones.

"El futuro aquí en la franja de Gaza es realmente incierto, no es sólo una cuestión de pobreza o desempleo. Esperábamos que cuando Shalit fuera liberado la situación y la economía mejorarían, pero ha pasado lo contrario: más violencia, más bombardeos aéreos israelíes y más cohetes", lamenta Hatem Abu Zeid, dueño de una pequeña tienda de ropa infantil y cosméticos en el centro de Gaza capital.

Hatem ha sido relativamente afortunado este "Aid Al Adha", una de las principales fechas del calendario islámico y en la que se conmemora el episodio del sacrificio por parte del profeta Abraham, como le pedía Dios para demostrar su fe en Él.

A diferencia de las tradiciones cristiana y judía, en la islámica el hijo que iba a ser sacrificado es Ismael, no Isaac, aunque las tres concuerdan en el desenlace del cordero que fue sacrificado finalmente.

En recuerdo de ese episodio, este comerciante de Gaza ha comprado un carnero de 55 kilos, que normalmente da unos 30 kilos de carne y por el que pagó 1.200 shekels (238 euros, 330 dólares).

"De veras, no quería sacrificar este año un carnero por respeto a los sentimientos de mis vecinos que no han podido hacerlo porque están pasando por una situación económica complicada", cuenta Hatem mientras el carnicero acerca el cuchillo al cuello del animal.

Asisten al degüello su mujer, Yamila, su pequeña Salma y sus hijos de diez y doce años Abdala y Mohamed, con quienes madrugó para rezar en la mezquita con motivo de la festividad, que se celebra el décimo día del último mes del calendario islámico.

Con ropa nueva y juguetes en las manos, los niños del barrio de Remal se agrupan para presenciar el sacrificio, un ritual muy extendido, pero no obligatorio.

Como manda la tradición islámica, la familia Abu Zeid divide la carne en tres partes iguales: una para el comprador, otra para repartir entre los familiares y una tercera para los pobres.

Otros hogares tienen que conformarse con compartir un búfalo con conocidos del vecindario.

Es todo lo que permite la situación en Gaza, con 1,6 millones de personas bajo bloqueo israelí desde la captura de Shalit en 2006.

Israel apretó las clavijas del cerco un año después, cuando el movimiento islamista Hamás se hizo con el control de Gaza, y las aflojó en verano de 2010, por presiones internacionales tras su asalto militar a la Flotilla de la Libertad, que acabó con nueve activistas turcos muertos y sacó de nuevo a la luz la difícil situación de la franja.

El bloqueo pesa menos desde entonces. La cantidad y variedad de bienes de consumo que entra en la franja es notablemente superior, pero, con la capacidad de exportar y resucitar la moribunda industria coartada, la economía de Gaza sólo puede seguir renqueante.

La población confiaba en que el intercambio de Shalit por más de mil presos palestinos el mes pasado conllevara el levantamiento total de un bloqueo que Israel justifica con el contrabando de cohetes y otras armas hacia las milicias en la franja.

Pero no hay signos de ello ni -al menos públicamente- forma parte de los términos del canje.

"Este año mucha menos gente ha podido comprar un carnero o compartir un búfalo que los anteriores. No tengo cifras exactas, pero es algo que todo el mundo puede percibir", afirma Kayed al-Shawa, carnicero y vendedor de ganado.

Ibrahim Atiya, por ejemplo, sólo pudo regalar pantalones a sus seis hijos porque "era demasiado caro comprar también calzado y camisas nuevas".

"Mis hijos llevan los pantalones nuevos, pero las camisas antiguas. Los zapatos nos los donó la UNRWA (la agencia de la ONU para los refugiados palestinos) el año pasado", agrega este empleado del Ministerio de Agricultura del Gobierno de Hamás y residente en el barrio de Sheij Radwan, en el norte de la capital.

La calle tampoco parece sentir los efectos de los positivos datos que arrojaba un estudio preparado hace dos meses por el secretario general de la Cámara de Comercio de Gaza, el economista Maher Al Taba, según el cual el desempleo ha caído de su máximo de casi el 40 por ciento, en junio de 2007, al 25,6 por ciento.

"Si el bloqueo israelí continúa hasta final del año, la pérdida económica entre 2007 y 2011 alcanzará los 2.600 millones de dólares (1.872 millones de euros)", matizó Taba.

Todo parece indicar que así será y que, mientras tanto, Gaza seguirá rezando por que la próxima Fiesta del Sacrificio sea la primera sin bloqueo en ya unos cuantos años.


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