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El Reino Unido y Suecia se plantan frente a las reformas de los Tratados

  • Sobre la mesa están las propuestas de mayor disciplina fiscal consensuadas por Van Rompuy, Merkel y Sarkozy

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El primer ministro británico, David Cameron, a su llegada a la sede del Consejo Europeo para la cena informal de jefes de Estado y de Gobierno. REUTERS
  • IÑAKI CASTRO . COLPISA. BRUSELAS
Actualizada 09/12/2011 a las 01:02

La UE inició ayer una misión casi imposible. Los Veintisiete abrieron dos días de intensas reuniones en Bruselas con el objetivo de blindar el futuro del euro, pero sin llevarse por delante la estructura actual de la Unión. Espoleados por Francia y Alemania, los 17 miembros de la moneda única buscan profundizar en su integración fiscal, especialmente a través de una mayor disciplina acompañada de duras sanciones.

La tesis de fondo es que un acuerdo de este calado convencería a los mercados de que la divisa común jamás será desguazada. El resto de socios, con Reino Unido de paladín, temen que en este proceso pierdan más influencia y se produzca la mayor fractura en 60 años de proyecto europeo.

El ensanchamiento de la brecha entre el club del euro y los demás llegaría de la mano de la reforma del Tratado de Lisboa, la columna vertebral de la legislación europea que entró en vigor hace dos años. Francia y Alemania defienden que la revisión de la normativa es indispensable para que los mercados recuperen la confianza en la moneda única. Ambos preferirían que los Veintisiete acordaran juntos la nueva legislación, pero en Europa todos no tienen los mismos intereses.

Los euroescépticos británicos

Mientras en que el seno de la divisa común existe un consenso amplio, países como Reino Unido y Suecia desconfían. Celosos de su soberanía, rechazan que la Eurozona adquiera poderes que les afecten indirectamente.

El Reino Unido, históricamente el socio más incómodo para la Unión, lidera el frente opositor a una moneda única con su arquitectura política reforzada. Antes de la cumbre, el primer ministro británico, David Cameron, ya avisó de que no vacilaría al vetar una reforma del Tratado. "Voy a hacer lo mejor para Reino Unido", dijo.

Presionado por el ala euroescéptica de su partido, el líder tory pretende ante todo proteger a la City londinense, el mayor centro financiero europeo y motor de la economía británica. El escenario probable es que Cameron reclame control absoluto sobre la legislación de los mercados a cambio de su apoyo a la renovación de la moneda única. Merkel y Sarkozy, sin embargo, no parecen dispuestos a pagar el precio exigido por Londres.

En su propuesta conjunta elaborada para la cumbre, ambos remarcan que están decididos a avanzar en "la competitividad y la convergencia económica" sin que participen todos los miembros de la Unión.

La regla de oro

Incluso citan como marco para el entendimiento el Pacto por el Euro Plus forjado el pasado invierno para impulsar el crecimiento. Finalmente, 23 países se unieron al acuerdo que contenía medidas como ligar los salarios a la productividad o retrasar la edad de jubilación. Reino Unido, Suecia, República Checa y Hungría prefirieron quedarse fuera.

El planteamiento alemán, consensuado con Francia y respaldado en buena medida por Herman Van Rompuy, tiene como bandera la aplicación en toda la Eurozona de la regla de oro. Al igual que hizo España este verano, el eje-franco alemán quiere que todos los socios consagren en sus constituciones el objetivo de déficit cero. Esta exigencia se complementaría con sanciones más contundentes y automáticas a los países que no controlen los desfases en sus cuentas. Paralelamente, se pretende que Bruselas cuente con poderes para imponer cambios en el presupuesto si un país incumple el principio de austeridad.

Refuerzo del fondo de rescate

Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE ultimaban anoche un acuerdo para ampliar la dotación del fondo de rescate para países endeudados y completarlo con aportaciones al Fondo Monetario Internacional. El objetivo es garantizar que habrá recursos suficientes en caso de que Italia y España necesiten ayudas. El refuerzo de los cortafuegos contra la crisis se lograría con una aportación de 150.000 millones al FMI a través de préstamos bilaterales de los bancos centrales de los países de la eurozona.

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