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“Nos pidieron que no saliéramos a la calle y que cerráramos puertas y contraventanas”

  • Los pamploneses Lola Ceres, Maite Chávarri y Eneko Peláez vivieron a escasos metros los ataques terroristas del viernes en París

“Nos pidieron que no saliéramos a la calle y que cerráramos puertas y contraventanas”
Maite Chávarri (izquierda) y Lola Ceres, en la manifestación en París tras el ataque a Charlie Hebdo.
CEDIDA
  • ELENA LECUMBERRI. PAMPLONA
Actualizada 15/11/2015 a las 08:19
Apenas una hora antes de que varios terroristas abrieran fuego contra varios clientes de la terraza del Café Bonne Bière, la pamplonesa Lola Ceres Borau pasó caminando delante de ella e, incluso, se detuvo y pensó: “Qué buen ambiente, tomando algo al aire libre en París en noviembre”. Regresaba a su domicilio, situado cerca de la plaza de la República, tras estar en casa de un amigo llevando algunas compras para celebrar, hoy, su cumpleaños.

Pocos minutos después, haciendo zapping en la televisión, vio un plano de su barrio y un rótulo impreso que decía ‘tiroteo en París’. “No paraban de oírse sirenas, helicópteros… Con lo que veía en la tele me fui haciendo a la idea de lo que estaba pasando”, relata esta profesora de español que lleva 17 años viviendo en la capital francesa.

“Las noticias explicaban que tres de los atentados habían ocurrido aquí al lado, en el distrito 10. La sala Bataclan está en el 11 pero todos hemos ido alguna vez a un concierto allí. Anunciaban el estado de alarma y aconsejaban quedarse en casa. El presidente Hollande hizo unas declaraciones en las que decía que esto era una guerra… Empezamos a sentir la psicosis del miedo. Creo que todo el mundo ha dormido mal en París esta noche. Nos fuimos a la cama sobrecogidos y nos hemos levantado de la misma manera”, reconoce.

Horas después y tras haber recorrido varias calles de la ciudad, describe un “ambiente de consternación, terrible, mucha emoción, caras serias, comercios, teatros y cines cerrados, menos tráfico, bocas de metro fuera de funcionamiento…”.

El cansancio acumulado de la semana y la distancia en metro desde su casa, en el lado opuesto de la ciudad, frenó a la pamplonesa Maite Chávarri Lázaro a quedar a tomar algo la noche del viernes con su amiga Lola Ceres. Ambas estudiaron en el colegio Ursulinas y se reencontraron hace varios años en París. Juntas acudieron a la manifestación tras el atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdo el pasado mes de enero. “Precisamente fue Lola quien me avisó el viernes. Puse la televisión, había mucha confusión. Vi que se había producido un tiroteo en el bar Le Carillon, en el que quedamos muchas veces. Fue muy duro empezar a oír que había 18 muertos, que luego pasaron a 40, 60, 100… El número no paraba de aumentar. Quizás estas cosas no te impactan tanto cuando ves que ocurren en países más problemáticos, pero pensar que estaba pasando en París…”, explica.

No es el primer episodio de terrorismo que le toca vivir a Chávarri, que trabaja en el ámbito de la logística internacional. “Asistí al atentado contra las Torres Gemelas cuando vivía en Nueva York, de hecho me iba a casar en ellas 10 días después”, recuerda. Ayer, esta pamplonesa decidió vencer el miedo y salir a la calle: “Estamos todo el día expuestos, pienso en el riesgo de coger el metro, en el que paso dos horas cada día… Hoy todos estamos en shock, ves todo cerrado y te planteas si quizá puede haber otro ataque. Pero hay que vivir, no nos podemos dejar atemorizar”, manifiesta.
 

Asustado y encerrado en casa por seguridad estuvo durante horas el pamplonés Eneko Peláez Larra. Este enfermero de 34 años que vive en París desde hace 13 había organizado una cena con varios amigos en su casa, situada en el distrito 11, en una calle perpendicular a la del bar La casa nostra, en donde se produjo otro de los tiroteos. “Pensábamos ir después a tomar una copa por esa zona, pero hacia las nueve y media de la noche me llegó una alerta al móvil informando de varios ataques en París. Pusimos un canal de noticias en la televisión y vimos lo que estaba ocurriendo. Mientras, no paraban de sonar las sirenas de las ambulancias y de los bomberos, que en Francia realizan los auxilios sanitarios. Nos avisaron de que no saliéramos a la calle y que cerráramos bien puertas y contraventanas”, detalla. Ayer por la tarde decidieron salir y recorrer varios lugares atacados. “Estamos como zombies hoy. Nos hemos despertado como si todo hubiera sido una pesadilla, pero no. Sobrecoge ver los impactos de bala, concentraciones espontáneas de gente que enseguida la policía dispersa…”, confiesa.


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