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Resumen 2014

Ucrania, en el ojo del huracán

Una revuelta popular, la pérdida de Crimea y la insurrección separatista convulsionaron el país

Ampliar Ucrania acusa a Putin de enquistar el conflicto para revivir la antigua URSS
Ucrania acusa a Putin de enquistar el conflicto para revivir la antigua URSS
  • EFE. KIEV (UCRANIA)
Publicado el 19/12/2014 a las 14:49
Ucrania ha vivido el año más convulso de su historia postsoviética, con una revuelta popular que derrocó a su presidente, la pérdida de la península de Crimea, anexionada por Rusia, y una insurrección armada separatista en el este del país que pone en peligro su existencia como Estado.

Desde su independencia de la Unión Soviética, Ucrania se debatía con la vista puesta alternativamente en Europa y en Rusia, sin tomar una decisión definitiva, en un largo coqueteo con Bruselas y Moscú, dependiendo de la conveniencia del momento.

Esta dualidad, dictada no sólo por la voluntad política de sus gobernantes, sino también por la fractura étnico-lingüística entre el este nacionalista ucraniano y el oeste rusohablante, fue el caldo de cultivo de la crisis ucraniana, que ha degenerado en una amenaza para la seguridad internacional.

La súbita decisión de Víktor Yanukóvich tomada en noviembre de 2013 de renunciar, en el último momento y bajo la presión de Rusia a la firma del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, desató en Kiev una ola de protestas que en febrero de este año concluyó con su derrocamiento y exilio en Rusia.

Más de un centenar de personas, entre manifestantes y policías, murieron en los enfrentamientos que precedieron a la huida de Yanukóvich y en los que los nacionalistas ucranianos fueron los grandes protagonistas.

El 27 de febrero, cinco días después de la caída de Yanukóvich, hombres armados toman las sedes del Gobierno y el Parlamento de la República Autónoma de Crimea, poblada mayoritariamente por rusos, e izan en ellos la bandera de Rusia.

Tres semanas después, Crimea, donde Rusia tenía desplegado un contingente militar de más de 25.000 hombres, celebra un referéndum de independencia y reunificación con Moscú, declarado ilegal por las nueva autoridades de Kiev, en el que el "Sí" obtiene el 96,7 %.

El 21 de marzo, el presidente ruso, Vladímir Putin, firmó el decreto de incorporación de Crimea y el puerto de Sebastopol a la Federación Rusa, mientras Kiev decide evacuar su tropas y entregar la estratégica península en el mar Negro sin oponer resistencia.

La reacción de Occidente no se hace esperar: el G-7 (Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Japón) decidió suspender las reuniones con Rusia, paso que marcó el comienzo de la imposición de sanciones contra Moscú, las que se han ido intensificando con el agravamiento de la crisis.

Alentados por el éxito en Crimea, los prorrusos de las regiones orientales de Donetsk y Lugansk, fronterizas con Rusia, se alzan en armas contra las nuevas autoridades de Kiev, que esta vez responden al desafío con el lanzamiento una "operación antiterrorista" con el empleo del Ejército y destacamentos de voluntarios.

Las nuevas autoridades ucranianas, respaldadas por Occidente, acusaron a Rusia, no sólo de respaldar a los separatistas, sino también de participar directamente, con efectivos, en el conflicto en las regiones orientales del país, que se ha cobrado más de 4.300 muertos y causado el éxodo de cientos de miles de refugiados.

En medio de las acciones militares en el este del país, Ucrania eligió a su nuevo presidente, Petró Poroshenko, y al nuevo Legislativo, de marcada vocación europeísta, y firmó un acuerdo de asociación con la Unión Europea, en mismo que en su momento Yanukóvich decidió aplazar.

El derribo, presuntamente por un misil tierra-aire, de un Boeing 777 Malaysia Airlines, con 298 personas a bordo, el 17 de julio sobre territorio controlado por los separatistas prorrusos desató la indignación de la comunidad internacional.

En un primer momento, cuando creían que el avión era un aparato de transporte de las Fuerzas Aéreas ucranianas, jefes militares de los prorrusos se atribuyeron la acción en las redes sociales, pero nada más aclararse que se trataba de una aeronave de pasajeros, se retractaron.

La tragedia, en la que murieron todo los ocupantes del avión, en su mayoría holandeses, y el recrudecimiento de las acciones militares en el mes de agosto, con un incremento considerable del número de muertos, tanto de combatientes como civiles, llevó a las partes enfrentadas a sentarse a la mesa de negociaciones.

El 5 de septiembre, con la mediación de la OSCE y Rusia, las autoridades ucranianas y los separatistas anuncian en Minsk un acuerdo de alto el fuego, y dos semanas más tarde firman un plan de arreglo al conflicto.

Sin embargo, las hostilidades continúan y cada día se cobran nuevas víctimas.

La situación en los frentes se ha estabilizado: las fuerzas ucranianas han recuperado más de la mitad del territorio de las regiones de Donetsk y Lugansk, cuya capitales homónimas siguen en poder de los prorrusos, que controlan, además, cientos de kilómetros de frontera con Rusia.

La caída del invierno, con temperaturas de varios grados bajo cero, llevará, en opinión de muchos expertos, a una disminución de la intensidad del conflicto, que, de no cumplirse los acuerdos para su arreglo, volverá a reactivarse con renovada fuerza la llegada de la primavera europea.
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