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italia | resumen 2013

El año en que cayó Berlusconi y se transformó la política italiana

  • La condena de 4 años de prisión a 'Il Cavaliere' provocó su expulsión del Senado y la pérdida de su inmunidad

Imagen de archivo del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en el Parlamento.
Silvio Berlusconi, en el Parlamento
archivo/afp
  • efe. roma
Actualizada 22/12/2013 a las 06:01
El 2013 será recordado en Italia como el año en el que se escenificó la caída de Silvio Berlusconi, condenado, expulsado del Parlamento y privado del escudo de la inmunidad, pero también como el de la transformación de la política italiana.

Silvio Berlusconi ha vuelto a ser, como en los últimos 19 años, el protagonista sin discusión del panorama político italiano, aunque esta vez el 2013 ha sido testigo de un lento declive cuyo epitafio final se escribió el 27 de noviembre, cuando el Senado votó a favor de su expulsión tras sus condena a cuatro años de cárcel por fraude fiscal.

Una expulsión del Senado que, aunque hería gravemente el pundonor de "Il Cavaliere", suponía sobre todo que no podrá presentarse a elecciones en los próximos 6 años, al aplicarse la llamada ley Severino, que prohíbe sentarse en el Parlamento a quien tiene condenas en firme de más de dos años.

Hasta el 27 de noviembre, fecha que muchos analistas describen como la del final de toda una era, Berlusconi ha condicionado y tenido prisionera durante todo el año la vida política del país.

El resultado incierto de las elecciones generales del 24 y 25 de febrero fueron para Berlusconi la oportunidad de urdir otro de sus planes para garantizarse el poder.

Ante la debilidad de la centroizquierda consiguió convencer a todos para formar parte de una coalición gubernamental que el jefe de Estado, Giorgio Napolitano, encargó a Enrico Letta.

"Il Cavaliere", a pesar de no haber ganado las elecciones, volvía a hacerse con las riendas del país y bajo las continúas amenazas de abandonar la coalición consiguió dictar su guión al Ejecutivo de Enrico Letta.

Pero el final de Berlusconi se desencadenó el 1 de agosto cuando el Tribunal Supremo confirmaba la condena a cuatro años de reclusión por el delito de fraude fiscal en el caso Mediaset y a dos años de inhabilitación en cualquier cargo público.

En el intentó de evitar su expulsión, que le deja además sin la inmunidad parlamentaria para el resto de procesos que aún debe afrontar, Berlusconi intentó forzar en octubre una crisis de Gobierno con la amenaza de dimisión de los ministros de su formación.

Pero en este año "amargo" como el mismo Berlusconi definió, la iniciativa se volvió en su contra y terminó con la escisión de su partido, el Pueblo de la Libertad (PDL) y la traición del que era su delfín y heredero político, Angelino Alfano, que dejó la casa del padre para formar su propio grupo.

Un grupo, el Nuevo Centrodestra, que garantizaba la supervivencia del Ejecutivo de Enrico Letta, lo que suponía la estocada final al protagonista de la vida política italiana de los últimos 20 años.

Todo indica que así concluye la carrera política de Berlusconi tras la fundación de Forza Italia en 1994, pero el exmandatario y empresario ha acostumbrado al país a sorprendentes golpes de escena y muchos aseguran que aún se seguirá hablando de "el Caimán".

La salida de Berlusconi del Parlamento ha creado un situación anómala y novedosa en la política italiana: los tres líderes más carismáticos del país no tienen escaño.

Además de Berlusconi, el 2013 ha marcado la entrada en el Parlamento de la "antipolítica", el Movimiento 5 Estrellas, que consiguió colocar en las elecciones de febrero 109 diputados y 54 senadores y su líder, el excómico Beppe Grillo, mueve los hilos sin tener que someterse a las normas parlamentarias.

Por otra parte, también cambiará la geriátrica política italiana, pues todo indica que el centroizquierda pasará a manos de Matteo Renzi, el joven alcalde de Florencia de 38 años, abocado en este año a ser el secretario del Partido Demócrata (PD) y posible futuro presidente del Gobierno después de que el centroderecha se haya quedado sin líderes de envergadura.


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