Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

FINANZAS

El Gran Hermano era tu banco: sabe lo que ganas, lo que gastas y dónde

  • Con unos tipos de interés en mínimos históricos y el volumen de créditos a la baja, la banca está obligada a buscar negocio fuera de su hábitat natural

  • COLPISA. BILBAO
Actualizada 29/11/2015 a las 06:00
Asumámoslo: nadie en el mundo nos conoce tan bien como nuestro banco. Él, naturalmente, sabe cuánto ganamos, dónde vivimos, lo que pagamos de hipoteca o alquiler, de luz y de agua, y lo que nos queda a fin de mes. Pero eso es lo de menos. Porque el rastro que dejan nuestras tarjetas de crédito y las domiciliaciones bancarias es en realidad lo que nos define casi tan bien como nuestro ADN: revela cuándo cenamos fuera, si preferimos comida italiana o japonesa, si usamos transporte público o privado, si somos adictos a la tecnología o a los deportes. También deja constancia de si vamos más al cine o al teatro, de a dónde viajamos y cada cuánto, de si nos alojamos en albergues o en hoteles de lujo, de si compramos en el hipermercado una vez al mes o cada día en las tiendas del barrio. Cada vez que pagamos en una tienda estamos revelando si adquirimos la ropa en un 'outlet' o en un comercio de diseño. Las entidades financieras, en fin, saben lo que hacemos, cuándo lo hacemos y con que frecuencia. Incluso podrían anticiparse a nuestros movimientos.

Y en eso están. En este momento de la historia, en el que muchos definen la información como el petróleo del siglo XXI, el reto de los bancos es rentabilizar todos esos océanos de datos. Procesarlos, ordenarlos y usarlos para transformarlos en dinero. Es lo que hace el 'big data': diseñar 'batidoras' donde introducir la ingente cantidad de información que hoy en día se maneja para extraer conclusiones. Para llegar a ofrecernos, por ejemplo, un seguro de viaje personalizado antes incluso de que saquemos el billete de avión; o un teléfono móvil porque ya nos toca cambiar de terminal; o descuentos en nuestro restaurante favorito incluso antes de que sepamos que es nuestro restaurante favorito. Las aplicaciones son infinitas. "Todos estamos en esa carrera", admiten fuentes de diferentes entidades.

El proceso es lógico, tarde o temprano tenía que llegar, pero lo está acelerando la situación tan delicada que vive el sector financiero. Hay que recordar que los tipos de interés están bajo mínimos (el euríbor se sitúa por debajo del 0,1%, cuando en 2008 superaba el 5%) y eso reduce los márgenes de la banca, que en buena medida está logrando mantener beneficios a costa reducir provisiones. Además, no parece que esto vaya a ser compensado con un aumento en el volumen de créditos. Al contrario, el saldo vivo de las entidades sigue cayendo y aunque se estabilizase, nunca volverá a ser lo que era. Hace seis años el sistema financiero español manejaba un volumen de créditos a empresas y particulares de 1,8 billones de euros, que el pasado mes de agosto se había encogido hasta los 1,3, y sigue contrayéndose. A todo esto hay que añadir que el supervisor, el Banco Central Europeo (BCE), ata en corto a las entidades porque no quiere otra crisis financiera que haga temblar los cimientos del sistema. Así que exige solvencia, sí, pero también rentabilidad. Y en este apartado los ratios de los bancos españoles raramente se acercan al umbral deseado por la Autoridad Bancaria Europea (AEB), que está en el 10%.

MANIOBRAS DEFENSIVAS

En definitiva, que hay menos negocio y es necesario buscar alternativas. Las entidades financieras están trabajando en dos frentes. De un lado, tratan de proteger su negocio tradicional frente a la irrupción de otros agentes (gigantes tecnológicos como Google, PayPal o Amazon que se internan en el mundo financiero), y para ello necesitan potenciar el mundo digital; tomar medidas para no quedarse como meros receptores de unas operaciones que escapan de su control. De otro lado, y esta es la batalla que ahora nos interesa, buscan nuevas vías de ingresos más allá de su actividad histórica, esto es, la de tomar dinero con una mano y prestarlo con la otra. Aquí es donde entra en juego esa riqueza en bruto, la información que tienen las entidades sobre millones de personas. Todo ese magma, procesado y explotado adecuadamente, tiene un valor incalculable.

"La banca es un gran generador de datos debido a su red de cajeros, oficinas, banca online, tarjetas, domiciliaciones...", constata Antonio Torrado, responsable para España y Portugal de los servicios de Analytics y Data Management de la multinacional Hewlett Packard Enterprise. Así que no es extraño que el sector financiero "esté liderando las iniciativas en lo relativo a 'big data' en los países de Occidente". En España es Francisco González, presidente de BBVA, quien de manera más abierta e insistente ha puesto este asunto sobre la mesa. Hace unos días proclamaba que "los bancos del futuro serán compañías de software orientadas a convertir datos en conocimiento útil para ofrecer a cada cliente las mejores soluciones". ¿Soluciones a qué? A todo. Porque todas las puertas están abiertas. Si la banca tradicional se limitaba a ofrecernos una hipoteca cuando comprábamos piso, "la del futuro te dirá: 'Ahora que te has comprado casa, ¿en qué te puedo ayudar?'", ilustra Marcelo Soria-Rodríguez, de BBVA Data&Analytics.

Se trata de ofrecer todo tipo de productos. Lógicamente, la información que tiene el banco sobre todos nosotros no puede ser compartida con terceros, eso sería ilegal. Pero la entidad sí puede operar como canal de comunicación, como intermediario. "Tenemos un proyecto piloto que explota esta posibilidad: ofrecer a algunos 'partners' crear ofertas personalizadas", explica Soria-Rodríguez. No estamos hablando de las tiendas online que tienen casi todos los bancos y que se limitan a vender una serie de productos a sus clientes. De lo que estamos hablando es de identificar necesidades o deseos y poner en contacto esa demanda concreta con una oferta particularizada. ¿De qué? De lo que sea. Es más, conociendo perfiles al detalle sería posible incluso anticiparse a la demanda. Al fin y al cabo, ya lo decía Steve Jobs: la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas. "Se trata de entender bien los ritmos de vida de los clientes y construir servicios en torno a sus necesidades", razona el experto de BBVA.

PUERTAS ABIERTAS

El sector financiero sabe que ese es el punto de llegada, pero el camino aún no está claro. La inversión en tecnología es ingente no sólo para manejar esos océanos de datos, sino, y sobre todo, para que una máquina procese los resultados y, de manera automatizada, dé soluciones. Como referencia a nivel planetario podría mencionarse Capital One, banco norteamericano que ha lanzado una aplicación en la que comercios preparan ofertas personalizadas para sus clientes según perfiles realizados a partir de la información que tiene sobre ellos. Así que nos encontramos en un momento crucial porque estamos abriendo una puerta con infinitas posibilidades. La siguiente derivada -en la que algunos ya están trabajando- será combinar la información que manejan los bancos con la que se encuentra en Facebook, Twitter, las búsquedas en Google, los sistemas de localización de los móviles... "La banca está muy pendiente para incorporar información pública que está en redes sociales de manera extensiva", avanza Antonio Torrado, de HPE. El problema es que aquí "hay una zona gris de legalidad". Que una información esté abierta en la red no significa que pueda ser utilizada para cualquier propósito. "La cuestión legal es compleja, así que las cosas que se están haciendo son iniciáticas. Los bancos están muy interesados, pero esta información aún no forma parte del ciclo de decisión". Sí ha habido experiencias fuera de España en las que se ha trabajado en base a los datos de clientes que cedían su identidad social a la entidad a cambio de algún regalo. Todo esto recuerda mucho al Gran Hermano, que antes de ser un programa de la tele era el poder que todo lo veía en la novela '1984', de George Orwell. Pero los expertos llaman a la calma. "En los bancos existe mucha concienciación en el uso de los datos para que todo sea muy pulcro", asegura Torrado. De hecho, no sólo buscan una cobertura legal, sino también "una cobertura ética, porque sus clientes los están mirando". Y la reputación, la imagen, es un activo fundamental para la banca. Incluso más que la información. Fuentes de varias entidades admiten que gestionar el asunto "va a tener su arte" porque deberán ser muy respetuosos con la clientela para que no se sienta acosada o violentada, para "no saturarles con mensajes comerciales ni propios ni de terceros".

Lo que está claro es que siempre habrá un componente subjetivo. Habrá quienes saluden satisfechos los nuevos tiempos en la medida que alguien se adelanta a sus deseos y les da soluciones incluso antes de pedirlas. Y, del otro lado, estarán quienes recelen, quienes vean cómo se difumina una parcela de su privacidad y, por extensión, de su libertad. Por ejemplo, ese amigo al que, cuando se le plantea todo este asunto, medio en broma medio en serio, reflexiona: "Vaya, al final el Gran Hermano era tu banco...". Un buen titular.


volver arriba
Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE