Pensiones

Las últimas reformas se dejan sentir en la cuantía de las nuevas pensiones

  • Las prestaciones de jubilación que se empiezan a conceder ahora son solo un 1,7 por ciento más altas que las de un año antes

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20/10/2014 a las 06:00
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  • Colpisa. Bilbao
No se han cumplido aún dos años de la entrada en vigor de la gran reforma de las pensiones que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero hizo para salvar el sistema de los efectos demoledores de la crisis y ya puede observarse la tendencia a la moderación en el gasto. La cuantía de las nuevas prestaciones crece menos que en el pasado por la aplicación de nuevos factores, como la elevación del periodo de cómputo para su cálculo.
 
Sus efectos, no obstante, se notarán más a medio plazo. Antes se acusarán otras medidas más inmediatas incluidas en la última reforma de las pensiones, esta vez obra del Ejecutivo de Mariano Rajoy. Entre ellas, el abandono de la referencia de la inflación para la subida anual de las prestaciones, que se ha quedado así en el 0,25 por ciento frente al más del 2 por ciento habitual antes de la recesión. 
 
Lo que está ocurriendo con las nuevas prestaciones de jubilación -las más importantes y que marcan la tendencia del resto- es revelador. Por ejemplo, las abonadas por primera vez en julio en el conjunto del sistema eran solo un 1,7 por ciento más altas que las de un año antes (1.318 euros frente a 1.296), lo que supone el incremento más bajo en la serie histórica que facilita la Seguridad Social (antes era de un 4,6 por ciento en 2009). Ya en 2013 hubo tasas de crecimiento más bajas que en años anteriores. 
 
El crecimiento anual de la nómina de las pensiones -que no se ha quebrado desde que se creó el sistema- no solo tiene su origen en las subidas anuales que dicta el Gobierno, sino sobre todo en el incremento del número de beneficarios y en la evolución al alza de las nuevas prestaciones, que es justo uno de los factores que se está frenando.
 
EFECTO SUSTITUCIÓN
 
Las nuevas pensiones de jubilación son más altas porque están calculadas sobre la base de los últimos salarios percibidos por los trabajadores que, salvo excepciones, resultan más elevados que los de años precedentes. Esto genera un efecto sustitución, ya que su cuantía es mayor que las que desaparecen por fallecimiento de sus titulares. 
 
Los datos de la Seguridad Social reflejan, no obstante, que en ese efecto aún no se han acusado las reformas aplicadas en los últimos años, cosa que se producirá a largo plazo. De hecho, la diferencia entre una pensión de jubilación que desaparece y una que se crea es ahora más alta que nunca. El pasado julio fue de 358 euros en el conjunto de España, cuando seis años antes era de 303 euros. Dada la contención salarial de los últimos años y las reformas aplicadas, esta desigualdad deberá moderarse a corto plazo. 
 
Ahora mismo, una de las principales causas de la desaceleración de la cuantía de las pensiones nuevas es la ampliación del periodo de cálculo de la base reguladora, que sirve para calcular la prestación y que pasó en 2013 de 15 a 16 años, y ya en 2014 a 17 años. Pero también hay otro efecto más coyuntural. Al aumentar la edad de retiro, aunque solo sea en dos meses hasta ahora, los procesos de jubilación anticipada sufren las consecuencias si se ponen en marcha en la misma edad que antes de las reformas. Eso sí, siempre que no se hayan superado las exigencias de tiempo de cotización: 35 años y medio para 2014. 
 
REFORMA IMPUESTA
 
La viabilidad futura del sistema de pensiones pasaba, bien por la captación de fondos de fuentes distintas a las cotizaciones, bien por la contención del gasto, opción por la que han optado los últimos gobiernos bajo la presión de la Unión Europea y de otros organismos internacionales. Así se han elevado la edad de retiro, el tiempo de cotización y el periodo de cómputo; se han retrasado y endurecido los procesos de jubilación anticipada; se han regulado las subidas anuales al margen de la inflación -con la vista puesta en el crecimiento económico-; y se ha creado el factor de sostenibilidad, que será aplicado desde 2019 y que tendrá en cuenta factores nuevos que incidirán directamente en la cuantía de la primera prestación. 
 
Y es que el sistema, tal como concibe el pago de las prestaciones con la recaudación de las cuotas sociales, estaba encaminado a la quiebra en muy poco tiempo. De hecho, solo ha podido mantener los pagos recurriendo al Fondo de Reserva creado en tiempos de superávit para esas situaciones de crisis. Una ojeada a la evolución de los salarios y las pensiones en los años de recesión revela precisamente la insostenibilidad de la fórmula de la vieja regulación.
 
Lo cierto es que no hay Administración que aguante mucho tiempo una subida de la pensión media del 18,9 por ciento mientras los salarios -que marcan la cuantía de las cotizaciones- lo hacen un 4,7 por ciento. Así ha sucedido en el sistema entre 2008 y 2013. 
 
Para terminar de complicar la ecuación hay que considerar el aumento continuo del número de pensiones, que en los cinco años de referencia ha subido el 9,6 por ciento. A finales de julio, la Seguridad Social pagaba ya más de 9.200 millones por prestaciones contributivas. Y, previenen los expertos, está por empezar el efecto de la jubilación de la generación del 'baby boom'. 
 
Medidas como la subida en la edad de jubilación y la exigencia de más tiempo de cotización están ya contribuyendo a moderar el incremento del número de prestaciones. Estas crecen ya a un ritmo anual del 1,4 por ciento, dos o tres décimas por debajo de lo habitual en los últimos años. 
 
EL GASTO CRECE MÁS QUE LA RECAUDACIÓN
 
Las cuentas de la Seguridad Social viven una carrera contrarreloj en la confianza de que la creación de empleo permita elevar la recaudación lo suficiente para hacer frente al pago de las pensiones, un objetivo aún lejano. 
 
Los últimos datos indican que los ingresos por cotizaciones han invertido su tendencia a la baja de los últimos años. Hasta agosto, la recaudación mejoraba a un ritmo del 1,11 por ciento, con casi 65.000 millones de euros, cifra que es insuficiente para el abono de las pensiones. Por eso, ya en julio la Seguridad Social tuvo que recurrir al Fondo de Reserva para cubrir la diferencia entre ingresos y gastos.
 
Además, este 1,11 por ciento resulta también escaso para mitigar el déficit, que seguirá aumentando hasta que crezca por lo menos al mismo ritmo en que lo hace la nómina de las pensiones. El pasado septiembre, la partida destinada a prestaciones contributivas fue de 8,054 millones de euros, con un incremento del 3,1 por ciento. Un año antes, la subida de ese coste era del 5 por ciento, si bien a principios de año había moderado su ritmo de crecimiento al 3,5 por ciento.
 
En lo que va de 2014 solo hay una partida que ha reducido su aportación al sistema: la cotización de los desempleados. Esta categoría presupuestaria, que es costeada por los servicios públicos de empleo, ha caído un 14 por ciento hasta septiembre (casi 900 millones menos), por la reducción de la cobertura de paro. 
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