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CRÍTICA DE CINE MIGUEL URABAYEN

Una vida compleja

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Meryl Streep encarna a Margaret Thatcher. WANDA

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Actualizada 11/01/2012 a las 00:03

T ERCERA película en lo que va de siglo sobre altas figuras de la política británica, recientes o todavía vivas. La reinarealizada en 2006 por Stephen Frears, se refería a un episodio en la vida de Isabel II, actual soberana inglesa. El discurso del Rey, dirigida por Tom Hooper en 2010, explicaba el drama de Jorge VI, padre de Isabel, por la tartamudez que le afectaba. Y ahora, La dama de hierro recorre la vida entera de Margaret Thatcher, primera ministra de la Gran Bretaña de 1979 a 1990 que el pasado 13 de octubre cumplió 86 años.

Hay otra coincidencia. Las dos películas anteriores tuvieron magníficas interpretaciones de sus respectivos protagonistas, Helen Mirren y Colin Firth, premiados con un Oscar cada uno. Aunque no podamos saber si Meryl Streep también lo conseguirá, es evidente que su trabajo está a la misma elevada altura artística que los de sus colegas británicos y, al menos, será seleccionada para obtener la codiciada estatuilla. Su representación de Margaret Thatcher es una de las mejores actuaciones del pasado año.

La diferencia entre las dos obras citadas y la actual está en que Phyllida Lloyd, directora de La dama de hierro, no tiene ni el talento ni la experiencia de Stephen Frears y Tom Hooper Antes de 2006, Frears ya había realizado más de 40 obras en cine y TV (entre ellas, en 1988, Las amistades peligrosas) y Hooper era un destacado realizador de series televisivas históricas, como John Adams y Elizabeth I.

En cambio, la realizadora de La dama de hierro conocida directora teatral, solo tiene tres obras cinematográficas en su carrera entre ellas Mamma Mia (2008) con, precisamente, Meryl Streep como protagonista. Dejando aparte filmografías personales, queda claro que Phyllida Lloyd y la guionista Abi Morgan tratan de abarcar demasiado para una sola película que además no es larga (hora y tres cuartos).

Desde el presente

La dama de hierro comienza en el tiempo actual, con una Margaret Thatcher anciana pero activa en su trajinar diario. Sin embargo, padece demencia senil que le hace confundir el pasado y el presente y dialogar con su difunto marido Dennis, fallecido hace 9 años. En este aspecto, la película sigue las revelaciones que hizo Carol Thatcher en un libro de memorias sobre su madre, publicado en 2008.

A partir de ese comienzo, La dama de hierro da saltos en el tiempo y va presentando diversos episodios como si nos metiéramos en la mente de la Sra. Thatcher y viéramos lo que ella ve. Los recuerdos se mezclan, se siguen y en una forma desordenada cuentan la vida de la joven Margaret Roberts (interpretada en esa época por Alexandra Roach). Escenas de su infancia, comienzos de su vida política, el empresario Dennis Thatcher con quien se casará, los triunfos electorales y la dura lucha al aplicar sus ideas políticas de desregulación y privatizaciones que le enfrentaron con los sindicatos obreros.

También, la guerra de las Malvinas y su churchiliana decisión de aceptar el desafío argentino, enviar una flota de navíos a 20.000 kilómetros de distancia y obtener la rendición de los invasores de aquellas lejanas islas. Todo eso a pesar del coste en vidas (255 británicas y muchas más argentinas) y en dinero. Ella aceptó una guerra no declarada y la ganó. En todos esos momentos, la fuerza de su carácter se impuso de forma tajante y continuó haciéndolo hasta el final de su gobierno, al establecer un impuesto aplicable a todos los ciudadanos británicos, sin tener en cuenta sus ingresos.

La caída

Recuerdo que durante una estancia en Inglaterra en el verano de 1989 yo pude escuchar fuertes críticas contra el impuesto y sobre la tiránica forma de gobernar (según decía un amigo británico) que ella tenía. En aquel año la popularidad alcanzada en 1983 al ser elegida por tercera vez como consecuencia del éxito de las Falklands -el nombre inglés de las Malvinas -era cosa del pasado. Y fue su propio partido quien acabó eliminándola de la escena política, consciente de que sería un riesgo excesivo ir con ella a las próximas elecciones.

Todo eso, ya conocido, se muestra aquí de forma necesariamente breve. Y esa brevedad constituye el principal defecto del guión y de la película. El comienzo y su descripción de la anciana Sra. Thatcher es original pero después los incidentes de su mandato como primera ministra son presentados con excesiva rapidez y cierta confusión -no siempre sabemos quien es quien en su gobierno- sin poder comparar sus decisiones con los argumentos de sus opositores.

En ese aspecto, la película habría mejorado si sus realizadores hubiesen limitado la obra y elegido uno o dos de los incidentes que marcaron su gobierno. Las decisiones de "la dama de hierro", como la llamó un ministro soviético, merecían una detallada serie televisiva sobre sus once años de mandato.

En cualquier caso, el gran atractivo de la película de Lloyd y Morgan está en el trabajo de Meryl Streep. Podíamos estar seguros de que haría una buena interpretación porque ella siempre las hace. Es su habitual forma de actuar, tanto que llegó a irritar a algunos críticos norteamericanos y uno de ellos dijo que su único defecto era su constante perfección. Más que un reproche excesivo, esa frase es un retorcido elogio.

Como decía al comienzo de esta crónica, la representación que la gran actriz hace de la Sra. Thatcher es extraordinaria y puede darle su tercer Oscar. Su forma de andar, los gestos y miradas, todo revela una cuidadosa preparación previa. Además, ha debido adaptar su forma de hablar (el doblaje nos impide apreciarlo) cambiando, primero, su acento americano en británico. Y en segundo lugar, adoptando el de la Sra Thatcher, muy recordado por el público inglés. Según dicen, Meryl Streep es capaz de imitar cualquier acento, como ha demostrado en numerosas películas, incluida la actual.

EN RESUMEN: La película tiene fallos pero ha servido para que Meryl Streep haya hecho una de las mejores actuaciones de su larga carrera.

LA DAMA DE HIERRO

Título original: The Iron Lady, Gran Bretaña, 2011. Duración: 1 hora y 45 minutos. Directora: Phyllida Lloyd. Guión: Abi Morgan. Fotografía: Elliot Davis. Vestuario: Consolata Boyle. Montaje: Justine Wright. Música: Thomas Newman. Intérpretes principales: Meryl Streep (Margaret Thatcher), Jim Broadbent (Dennis Thatcher, esposo de Margaret), Alexandra Roach (Margaret joven), Harry Lloyd (Dennis joven), Olivia Colman (Carol, hija del matrimonio Thatcher), Ian Glen (Alfred Roberts, padre de Margaret).

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