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DAVID VANN ESCRITOR

"Renunciaría a todos mis libros para traer de vuelta a mi padre"

"La vida redime. Lo peor de mi vida (el suicidio de su padre) se ha convertido en lo mejor (el éxito de libro inspirado en esa tragedia)

  • JESÚS RUBIO . PAMPLONA .
Actualizado el 28/09/2011 a las 11:24
Cuando se oye por primera vez la historia de David Vann (Isla Adak, Alaska, 1966), uno no se espera encontrase con una persona especialmente simpática. Pero lo es. De ojos claros y sonrisa fácil, el escritor norteamericano es hombre de conversación afable, que ayer, en Pamplona, se esforzaba entre risas en repetir las palabras en euskera que iba oyendo, el "agur" que le decía uno o el "eskerrik asko" que le oía a otro. Hoy David Vann es profesor en la Universidad de San Francisco y, sobre todo, uno de los nombres emergentes de la literatura norteamericana. Le han llegado a comparar con Cormac McCarthy y hasta con el propio Hemingway. Su primera novela, Sukkwan Island,la que le hizo conocido, se inspira en un hecho dramático: el suicidio de su padre. Ocurrió cuando Vann tenía 13 años y poco después de que el entonces adolescente rechazara la oferta de su progenitor de retirarse con él a una isla de Alaska. Escribir esa novela le sirvió de redención, aunque antes de publicarse pasaron doce largos años en los que trabajó como capitán de barco. Ahora presenta su segunda novela, también con nombre de isla (Caribou Island).Ayer habló de ella en la apertura del Foro Auzolán.

¿No le dan miedo las expectativas que ha podido levantar su nuevo libro, dado el éxito de su primera novela?

Estoy muy contento con lo que ocurrió con mi primer libro, de haber ganado premios. Pero yo no esperaba nada de ese libro. Durante 12 años ningún agente le hizo caso. Se publicó cuando lo mandé un concurso, y sólo se hicieron 800 copias y tuvo tres críticas. Pero tuve la suerte de que una de ellas fuera la del New York Times. Gracias a eso hubo más críticas y el libro pudo salir al extranjero. Soy feliz sólo con haber podido publicar en otros países, en otros idiomas. El hecho de que el libro esté yendo muy bien y tenga buenas críticas de editores, lectores y medios de comunicación es mucho más de lo que había esperado.
Su vida ha cambiado mucho desde que trabajaba en un barco.

Cuando era capitán, me gustaba el mar y me gustaba el barco. Pero estaba resentido porque veía que el libro no iba a ser publicado y que no iba a ser profesor. Pensaba que mi vida no era mi vida real, como le ocurre en el libro a Gary (uno de los protagonistas de Caribou Island). Me siento muy afortunado, porque no habría tenido una segunda oportunidad.
En este nuevo libro, vuelve a situar a los personajes en una isla aislada. ¿Funciona el aislamiento como una salida?

La naturaleza salvaje funciona como una especie de escenario, que pone bajo mucha presión a los personajes, como si fuera un espejo en el que estuviesen siempre reflejados. Existe desolación y aislamiento en el paisaje y eso se refleja en los personajes. En los dos libros utilizo el mismo recurso. Pero cambia la relación: en uno es un padre y un hijo, en el otro un matrimonio. Por eso el nuevo libro tiene pensamientos, direcciones diferentes. Pero lo que hago es tratar de describir un lugar y de encontrar a los personajes a través del lugar, de examinar una relación que esté bajo tanta presión que haga que los personajes se rompan.
Garyes un personaje impaciente, lleno de remordimientos. ¿Es de alguna manera así el hombre de hoy en día?

Yo también soy así. Y lo he sido antes. Y los hombres de mi familia han sido así. Lo extraño es que pueda escribir como Irene (la esposa de Gary), a la que no le gustan esas cualidades , cuando yo también soy de alguna manera un Gary. En realidad, tengo un poco de todos los personajes, estoy a ambos lados de la lucha. Pero los hombres de mi familia han tenido sueños nada realistas, y han sido impacientes. De alguna manera, estaban vacíos. Pero yo crecí sobre todo con mujeres. Tras la muerte de mi padre, crecí con mi tío y once mujeres. Todas eran solteras y todas contaban sus experiencias con los hombres. Así que en realidad fue fácil escribir desde el punto de vista de Irene (ríe).
Crecer en Alaska, ¿hace a uno más solitario, más duro?

Yo desde luego no soy muy duro. Pero conozco a gente que sí los son. Los pescadores, por ejemplo, tienen un trabajo muy duro. Mi padre lo fue durante un tiempo y probablemente es en lo que habría convertido si hubiera seguido viviendo en Alaska. Entonces sí sería muy duro (ríe). Elegí la vida fácil (ríe de nuevo). Pero sí he vivido algunos momentos duros. Sobre todo en nuestra luna de miel, cuando el barco en donde viajábamos mi mujer y yo se hundió en una tormenta en el Caribe y perdimos todo.
El éxito le vino de una novela inspirada en una tragedia personal, el suicidio de su padre. ¿No es una extraña paradoja?

Renunciaría a todos los libros para traer de vuelta a mi padre. La vida me ha demostrado que redime. Lo que fue lo peor de mi vida se ha convertido en lo mejor. Pero si pudiera volver atrás y hacer que las cosas sucedieran de otra forma y tener de nuevo aquí a mi padre, lo haría. Al final te adaptas a lo que te toca. Y escribir tiene que estar conectado en lo emocional y lo psicológico con el pasado. Yo no puedo inventar de la nada. Aunque todo lo que ocurre en el libro es ficción, lo que hago de algún modo es mover historias de la vida real a diferentes lugares. El corazón psicológico y emocional viene de la vida real.
¿Escribir cura, redime?

Conmigo lo hizo. Pero la escritura es algo más que terapia. Tanto la escritura como la terapia están relacionados con la verdad, pero sólo la escritura tiene que ver con lo maravilloso, con objetivos estéticos. Eso es para mí lo más adictivo de escribir, su transformación en algo bello.
CLAVESTerapia literaria. En Shukkwan Island,su primera novela, Vann da la vuelta a su propia historia: al contrario que él, su protagonista acepta la oferta de irse con su padre a vivir a una remota isla de Alaska de atmósfera claustrofóbica.
Premios. La novela, que forma parte del conjunto de relatos Leyenda de un suicidio,obtuvo el premio Medicis en Francia y la revista New Yorker la seleccionó como libro del año.
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