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MIGUEL ECHAURI PINTOR

"El pintar con luz artificial le ha dado una personalidad diferente a mi obra"

  • "Tengo muchas piedras en mi estudio. Cojo una y la puedo pintar de cuarenta formas diferente"

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El pintor Miguel Echauri (izquierda), sentado junto a su hermano Fermín, galerista, en una sala de la Fundación Miguel Echauri. Detrás, los paisajes pedregosos de sus cuadros. JAVIER SESMA

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Actualizada 10/01/2012 a las 00:03
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

Es un pintor hecho a sí mismo, que se forjó sin maestros y jamás buscó respaldo en ningún colectivo o movimiento artístico, ni siquiera en la época en que España acogía con entusiasmo a las vanguardias. A lo largo de sesenta años, la pintura de Miguel Echauri (Pamplona, 1927) siempre se ha mantenido fiel a sus orígenes, a esos paisajes rústicos y pedregosos que rezuman ese aire de abandono de la España rural. Echauri crea un paisaje universal, capaz de remover recuerdos que se asocian a diferentes partes del mundo, desde Los Monegros hasta el desierto de Texas, como ya le han comentado alguna vez. "Miguel retrata la sensación del paso del tiempo", dice su hermano Fermín, galerista, que es quien mejor conoce su obra.

¿Cómo recuerda sus comienzos con Javier Ciga?

Tenía 16 años. Él me ponía cuadritos suyos para que los copiase. Pero nunca hubo una relación de maestro y discípulo. Aquella fue la primera experiencia en que me miré a mí mismo para ver lo que era capaz de hacer en serio, y delante de otras personas. Ponía todo mi empeño en lo que estaba pintando. Ciga me decía: "Muy bien, Miguel". Y yo me quedaba satisfechísimo.

Luego hubo un paréntesis, cuando se marchó a Cuba y tuvo que aparcar la pintura para atender negocios familiares.

Sí, cumplí 18 años en el barco, porque entonces la travesía duraba casi un mes. Pero la vida que llevaba en Cuba no era para mí. Tenía que llevar cuatro fábricas con casi 600 obreros porque mi tío se venía a Pamplona a descansar después de haber trabajado tanto durante años. Yo me quedé solo con muchos problemas y sin poder hacer nada de lo que me gustaba. Me sentía mal y entonces decidí dejar aquello y cogerme un barco.

Su primer destino era Argentina. ¿Por qué era interesante para un pintor desconocido?

Sí, quería ir a Argentina porque me pareció que Buenos Aires tenía un buen ambiente cultural, el equivalente a París. Les gustaba mucho la pintura francesa. Pero en Buenos Aires sólo pasé una tarde porque sucedió algo desagradable y entonces decidí que no me quedaba allí. Se había muerto Eva Perón, pero salimos a Buenos Aires desconociendo totalmente ese problema. Me fui con unos amigos que había conocido en el barco a tomarnos nuestras copicas. Lo estábamos pasando bien, sin darnos cuenta de la situación, y uno empezó a cantar. Entonces vinieron unos señores vestidos de negro y nos inflaron a golpes. Yo me defendí como pude, cogí mi maleta y me volví al barco.

Cambió Buenos Aires por Montevideo. ¿Cómo empezó allí su vida artística?

Afortunadamente, Uruguay fue un país encantador, donde tuve la suerte de conocer a muchos amigos. Por primera vez pude dedicarme por entero a mis cosas artísticas. Tenía 21 años y era una felicidad total. En pocos días conseguí trabajo en una academia de dibujo por correspondencia. El dueño, que vino en avión desde Los Ángeles para conocerme, también me ofreció dar clases. Trabajaba todo el día, hasta las diez de la noche. Luego me iba a mi casa y me ponía a pintar de noche, con focos. Así surgió una forma diferente de pintar, sin luz natural. Eso le da una personalidad diferente a mi obra.

Se dice que su obra tiene ecos de Zurbarán, Zuloaga. O incluso de los bodegones holandeses del siglo XVII. ¿Es la pintura que usted admira?

Fermín. Aquello fue consecuencia del enorme ajetreo que nos dimos Miguel y yo nada más volver él de América. Estuvimos visitando todos los museos de Europa, nos pasábamos días enteros, agotadores, viendo cuadros sin parar. Esa es nuestra vida.

En esta exposición reúne obras con títulos muy sugerentes, como Soledad sonora.

Es una pintura imaginaria, de recuerdos pasados. Cuando empecé a pintar solito, lo primero que tenía en la cabeza eran los paisajes que habíamos recorrido con nuestro padre por toda Navarra, los montes, las piedras... Todo aquello me encantaba. La gente me pregunta de dónde copio los paisajes, y yo les contesto que de ningún sitio.

Pero sí que se dice que son paisajes "bardeneros".

Sinceramente, cuando yo pintaba esos cuadros no pensaba en las Bardenas porque no las conocía de nada, ni siquiera de haberlas visto en fotografías (se ríe). Son recuerdos estéticos.

¿Y las texturas de las piedras también se las imagina?

Miguel.Tengo muchas piedras en el estudio.

Fermín. Pero normalmente son piedras planas, sencillas, vulgares. En esta exposición también hemos colocado una pirita porque la ha pintado varias veces.

Miguel. Una misma piedra la puedes pintar de cuarenta formas diferentes. Todo cambia según la luz y cómo la coloques.

Cuando usted contempla sus cuadros, ¿qué sensaciones cree que transmiten?

Miguel. Creo que se traslada parte de la emoción con la que están hechos, digo yo.

Fermín. La sensación del paso del tiempo, la erosión, la oxidación. Eso es lo que marca el ritmo emocional del cuadro.

¿Por qué no se ha desmarcado nunca del estilo "austero" que le caracteriza?

Miguel. No sé en qué medida es una pintura austera. Sí que es una cosa seria, ligeramente trágica.

Cuando ya se asentó en España, ¿nunca más sintió la necesidad de cambiar de aires?

Después de pasar trece años en Uruguay, el volver a España supuso para mí el reencuentro con las cosas que a mí me gustan. Una vez intenté pintar el campo de Uruguay y fue imposible, lo veía totalmente plano (se ríe).

¿Qué siente ahora al verse rodeado de sus cuadros, es como estar sentado en su propio museo?

Miguel. Estoy contentísimo de poder haber hecho siempre lo que quería, y también con todas las ideas que queremos promover con la Fundación, como crear un Club de Arte.

Fermín. A finales de este mes empezaremos a organizar unas visitas guiadas y también queremos fomentar la presencia de artistas jóvenes. Estamos muy agradecidos a Pamplona y esta es nuestra manera de demostrarlo.

EN FRASES

Su obra, vista por su hermano Fermín

"En la obra de Miguel sí que hay un espíritu propio de la pintura española. Es una obra sugerente para el espíritu, pero no sugerente de placeres, como ocurría con aquellos opulentos bodegones tan solicitados por la burguesía holandesa del siglo XVII. Nació un comprador rico, que quería comerse una langosta grande, y el pintor se sometió a esa demanda. Miguel ha tenido la suerte de que nunca se ha visto obligado a plegarse a nada, ni siquiera a los movimientos de vanguardia que se encontró en España al volver de Uruguay. Sólo se ha plegado a vivir en Pamplona y a trabajar para Pamplona", señala Fermín Echauri.

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