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CONCEPCIÓN GARCÍA GAÍNZA

Patrimonio recuperado. La casa del Almirante

Espléndido ejemplar de la arquitectura doméstica del XVI, luce la mejor fachada de la ciudad

  • CONCEPCIÓN GARCÍA GAÍNZA ES LA PRESIDENTA DE LA CÁTEDRA DE PATRIMONIO Y ARTE NAVARRO
Publicado el 25/04/2011 a las 00:05
E L casco histórico de Tudela encierra muchas sorpresas al viajero que lo visita en su urbanismo medieval. Formado por calles estrechas, quebradas o sinuosas, adarves y pequeñas plazas, debe su carácter laberíntico a su origen islámico, a pesar de algunas regularizaciones y ampliaciones modernas. El transcurrir de los siglos ha hecho mella en el viejo caserío cuyas construcciones y materiales, ladrillo y carpintería, se inscriben dentro de los usos del valle del Ebro. Centrado el entramado urbano por el gran conjunto medieval de la catedral y su claustro, verdadero hito monumental de la ciudad, conserva Tudela un ingente patrimonio arquitectónico, a pesar de las ruinas y abandonos antiguos y recientes, rico en iglesias, hospitales y conventos, pero también con ejemplos muy significativos de arquitectura doméstica y palacial, correspondientes a distintas épocas y bajo modas artísticas diversas. Todo este patrimonio tiene su razón de ser en el brillante pasado histórico de Tudela, ciudad-puente y mercado, su situación estratégica y su apertura a relaciones de todo tipo, tanto comerciales como culturales y artísticas con Zaragoza y Tarazona. En este último punto cabe señalar el importante papel desempeñado por la Catedral, antigua Colegiata, perteneciente a la mitra de Tarazona hasta 1955 y sus ilustres eruditos eclesiásticos que promovieron obras e indagaron en la historia de la ciudad.
Patrimonio Monumental
Son tres los momentos históricos en los que el patrimonio de Tudela se ha configurado y nos ilustran de los mecenas que promovieron las obras y del pensamiento y gusto imperante. Sería el primero el período medieval en el que se construyeron varias iglesias, la mayoría desaparecidas a excepción de la Magdalena y la extraordinaria Catedral que luce ya restaurada a falta del claustro. Es el Renacimiento, el siglo XVI, segundo momento de esplendor, en el que llega tempranamente -antes que a Pamplona- el Humanismo del Renacimiento procedente de Aragón. La Colegiata lleva la iniciativa en esta innovación cultural y artística con la personalidad del deán Pedro de Villalón, pero pronto las grandes familias construirían sus Palacios y Casas con patios y escaleras, y sus programas decorativos nos hablan de la presencia de un pequeño círculo de Humanismo en la ciudad, con personalidades bien conocidas que fueron ya estudiadas por José Ramón Castro en Un siglo fecundo en la historia de Tudela publicado en Miscelánea de Tudela. Finalmente, será el Barroco el período que deje una importante huella en el patrimonio en construcciones, retablos y pinturas, como puede comprobarse en lo mucho conservado dentro de la ciudad sin olvidar el poder de irradiación del foco artístico tudelano en este momento. La llegada de la Ilustración a Tudela con las tertulias o Conversación de un pequeño grupo de ilustrados, entre los que se encontraban el Marqués de San Adrián y Juan Antonio Fernández, fueron el precedente de la Real Sociedad Tudelana de los Deseosos del Bien Público, fundada en 1778, que fue la única en Navarra de las de su clase. Sus proyectos y actividades marcan un momento cumbre de la cultura en la Tudela de los ilustrados, como lo fue en el siglo XVI la de los humanistas.
Todo este patrimonio fruto del pasado histórico de la ciudad del Ebro exige un fuerte y sostenido esfuerzo para su mantenimiento. En esta línea debe valorarse la labor de recuperación llevada a cabo en estas tres últimas décadas en las Casas y Palacios de Tudela, entre los que hay ejemplos magníficos, con el apoyo de las distintas administraciones y patrocinios. Su estado era ruinoso en 1980 cuando catalogamos, como puede comprobarse en textos y fotografías, la arquitectura doméstica de Tudela, y en la actualidad lucen restaurados y desempeñan diversos usos y funciones, única manera de propiciar su mantenimiento. Sin ánimo de agotar la relación puede citarse el Palacio del Marqués de Huarte del siglo XVIII con doble escalera imperial convertida ahora en Museo y Archivo, la Casa de los Beráiz que alberga el Museo Muñoz Sola y la Casa de la Misericordia, que fue el gran proyecto de la Ilustración tudelana, transformada ahora en hotel. Espléndido es el conjunto de Palacios y Casas renacentistas pertenecientes al siglo XVI como el Palacio Decanal en cuya ventana se inicia el Renacimiento, ahora convertido en Museo, y el del Marqués de San Adrián o de los Magallón con clásica fachada, patio italiano y excepcionales pinturas murales en la escalera, con doce Mujeres Ilustres de la Antigüedad grecolatina que constituyen un ejemplo único en Europa. Restaurado el conjunto convenientemente hoy funciona como sede universitaria de la UNED.
La Casa del Almirante
Una última casa renacentista, la conocida como Casa del Almirante, acaba de ser felizmente recuperada. Espléndido ejemplar de la arquitectura doméstica del siglo XVI, luce la mejor fachada de la ciudad, con un alto paramento de ladrillo y rico alero de madera tallada y en su centro dos balcones enmarcados por estípites antropomorfos, masculino el central y femeninos los laterales, que encierran un contenido humanístico, quizá Hércules entre la Virtud y el Vicio. Culminan los balcones sendos retratos, probablemente los dueños de la casa que fueron los Cabanillas-Berrozpe. La propiedad pasó después sucesivamente a los Castillo Cabanillas y Gómez de Peralta, Ximenez de Cascante y Ximenez de Antillón pero la historia de esta casa y sus poseedores está todavía por hacer. Parece que el sobrenombre del Almirante con el que se le denomina se debe a que en 1859 falleció en ella don Joaquín María de Ezquerra y Bayo, hijo del Almirante don José Javier Ezquerra. La recuperación se ha debido en este caso a la voluntad de María Forcada, una mecenas que adquirió esta casa que estaba abandonada hace más de treinta años y ha querido donarla a la ciudad en 2007. El alto coste de su rehabilitación produjo dudas y retrasos en la aceptación del legado y en cuanto a su funcionalidad futura, felizmente superados. El edificio totalmente remodelado en su interior por la arquitecta Belén Esparza organiza una serie de salas en torno a un patio cuadrado de cinco pisos que respeta la forma de sus primitivos pilares. Al cuidado de los materiales empleados se une la conservación de la viguería de madera y el espacio del salón principal que se abre a los balcones de la fachada manteniendo vigas y friso de madera de la cubierta. La conservación de las antiguas puertas de madera, herencia de los alarifes tudelanos, ha sido también un acierto. La casa tras su remodelación tiene como función desarrollar actividades culturales y educativas, y exposiciones de arte contemporáneo impulsadas por la Fundación María Forcada. A la recuperación de las Casas y Palacios de Tudela emprendida ya hace años se une ahora por un loable gesto de mecenazgo privado la de la Casa del Almirante, un edificio emblemático enclavado en pleno corazón urbano de Tudela.
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