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Muñoz Molina coquetea con el género fantástico en "Nada del otro mundo"

  • Muñoz Molina asegura que ha exhibido su faceta "más gamberra" por el humor que destilan los relatos breves

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Antonio Muñoz Molina, en la presentación del libro. EFE
  • ANTONIO PANIAGUA . COLPISA. MADRID. .
Actualizada 29/10/2011 a las 00:04

Con los cuentos a Antonio Muñoz Molina le sale su vena más fantástica. Escritor de un acendrado realismo, el autor de Sefarad hace algunas incursiones en el género fantástico en Nada del otro mundo (Seix Barral), obra en que también exhibe su faceta "más gamberra", en referencia al humor que destilan los relatos de este volumen, en el que el académico reúne su narrativa breve: 13 cuentos y una "nouvelle". "Ni como lector ni como espectador me interesa lo fantástico, aunque sí me gusta en los relatos como atisbo o golpe. En un contexto naturalista, me complace introducir un quiebro de misterio", aduce Muñoz Molina, quien asegura que como prosista posee "una ambición narrativa limitada", lo que le obliga a escribir sobre los asuntos que no se retrotraigan más allá del siglo XX. "Siempre me apetece escribir sobre mi época. Tengo sed de contemporaneidad", arguye.

Escribir sobre ahora mismo

La brevedad le ayuda a Muñoz Molina a escribir sobre ahora mismo. Ahora tiente entre manos un cuento que estaba pensado que se integrara en la compilación de cuentos pero, a fuerza de crecer, se ha convertido en una promesa de novela corta. A juicio del autor de Beatus ille, la forma no depende de uno, sino que se revela como un poema. Para el creador de El jinete polaco el cuento tiene algo de artefacto, un engranaje que funciona con la "chispa de la revelación". "Es como la maqueta de un edificio racionalista. Se ve todo el proceso de la construcción narrativa, pero de una manera sintética".

Los cuentos de Nada del otro mundoabarcan de 1983 hasta una novela corta escrita este verano ex profeso para el libro. Por eso, en algunos de los relatos el escritor no se reconoce, pero salvo fallos evidentes, es partidario de no retocar demasiado los textos, consciente de que "no se puede corregir el pasado". El primer cuento del libro, El hombre sombra, lo escribió en Granada, cuando era funcionario municipal y se presentaba a toda clase de concursos literarios, si bien la fortuna no le fue propicia. En el último relato, El miedo de los niños, afloran recuerdos de la infancia y surgió en su mente casi como un sueño en un noche de insomnio.



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