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EXPOSICIÓN

Menchu Gal respira en la Ciudadela

La paleta de colores de la pintura de la artista irunesa Menchu Val se despliega en todo su esplendor en la mayor retrospectiva hasta la fecha de su obra, que se muestra en la Ciudadela

  • MICHELLE UNZUÉ . PAMPLONA
Actualizado el 29/04/2011 a las 11:04
ELLA puso el color en la España del franquismo. Tonalidades y luz ya presentes en los garabatos que dibujaba en sus cuadernos del colegio, para desesperación de las monjas que preferían que prestase atención en clase. Su arte es el protagonista absoluto de la exposición Menchu Gal. La alegría del color, que desde ayer y hasta el 5 de junio puede contemplarse en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela. Una oportunidad única para apreciar, en primera línea, los trazos de Menchu Gal, una de las artistas de referencia en el siglo XX, una época ingrata para reconocer el talento de las mujeres.
Se trata de la mayor retrospectiva realizada hasta la fecha de esta pintora vasca (Irún, 1919-San Sebastián, 2008), organizada por la recientemente creada Fundación Menchu Gal y el Ayuntamiento de Pamplona con la colaboración de la Fundación Kutxa.
"En Menchu Gal destaca su amor por la pintura verdadera, y representa como nadie a la Escuela del Bidasoa", expuso Paz Prieto, concejal delegada de Cultura del Ayuntamiento de Pamplona, sobre una artista cuya producción artística duró siete décadas, en las que llegó a realizar 70 exposiciones individuales y 232 muestras colectivas.
Retratista del alma
Menchu Gal. La alegría del color distribuye 85 obras en las dos plantas del Pabellón de Mixtos que muestran la evolución cronológica y estilística de la autora, y cubren los tres grandes motores artísticos de la pintora irunesa: el paisaje, el bodegón y el retrato. La exposición toma como punto de partida Pamplona para comenzar una singladura de cinco años, en palabras de Juan José González de Chávarri, secretario general de la Fundación Menchu Gal. "El objetivo principal es poner en valor su obra, y ésta es la presentación en sociedad de la fundación. Después de Pamplona la muestra viajará a Tolosa y Málaga, y nos gustaría que llegara al Kursaal en 2013", explicó.
Menchu Gal fue la primera discípula del pintor Gaspar Montes Iturrioz, que tras constatar sus dotes innatas para la pintura le anima a que estudie en París: allí conoce de primera mano la labor pictórica de los sintetistas y fauvistas, y descubre a Henri Matisse.
Posteriormente se traslada a Madrid, donde se instala en la Residencia de Señoritas (el alter egofemeninode la Residencia de Estudiantes). Allí entra en contacto con otros pintores, todos ellos futuros miembros de la Joven Escuela Madrileña.
La Guerra Civil supuso su regreso a un Irún arrasado, y fue el punto de inflexión para adentrarse en el paisaje, género que le evitaría los problemas políticos. "Fue paisajista y retratista del alma de las tierras de España. Es una excelente paisajista con una pintura fuerte, fauvista en el color, con un cubismo sintético, atemperado, muy vital. Pinta como respira: era una mujer fuerte y temperamental, irónica y a veces también depresiva", recordó Edorta Kortari, secretario general de la Fundación Menchu Gal y uno de los comisarios de la muestra. Kortari entabló amistad con Menchu gracias a amigos comunes como Juan José Aquerreta o Jesús Montes, y de Menchu Gal destaca su buen humor, su socarronería y la inseguridad que mostraba en lo referente a su obra. "De camino a Tiebas, una vez nos preguntó a Juan José Aquerreta y a mí: "¿Creéis que he aportado algo a la pintura española? ¿Creéis que mi obra sirve para algo?", rememoró.
En los sesenta su arte se expande y despliega un "estilo colorista, alegre, luminoso y transparente (...).Tiene una mezcla de lo francés y español pasada por su temperamento vasco, tiene inclinación por la luz y el color por la influencia de El Greco y Velázquez. Siempre dirige toda su admiración a la naturaleza", señaló Francisco Javier Zubiaur, el otro comisario de la muestra.
El paisaje más turbador
Entre las obras que componen la exposición se pueden apreciar estampas de Elizondo, de Baztan, del puente de Curtidores de Pamplona... Precisamente, Menchu Gal obtuvo el Premio Nacional de Pintura en 1960 con un paisaje de la localidad navarra de Arraioz.
"Su relación con el Baztan nace de su parentesco con la pintora Ana Mari Marín. Menchu decía que es difícil encontrar un paisaje tan sugestivo y turbador como el de Baztan, y destacaba la luz que emitían los muros de las casas", comentó Zubiaur, que también destacó la fuerte atracción que sentía la artista por el Bidasoa.
Menchu Gal también fue reconocida en el ámbito internacional, donde rubricó 19 exposiciones. Además representó a España en las Bienales de Buenos Aires, Venecia, La Habana y Santiago de Chile, y logró el Gran Premio de Acuarela en la II Bienal de Arte del Caribe en 1954. Su obra pivotó, según Zubiaur, entre las escuelas de Madrid, donde su maestro fue Benjamín Palencia, y del Bidasoa, con el paisaje siempre como telón de fondo. "A Menchu Gal no le interesa una pintura excesivamente elaborada, intelectual, no es una vanguardista a ultranza", señalo Kortari. "Con su muerte su obra crece, emerge y se consolida junto a la de Benjamín Palencia-continuó-. Hay autores considerados como de segunda fila, pero la historia del arte no sólo se entreteje con los mimbres de los artistas de primera fila, los menos conocidos son esenciales", remarcó.
La muestra acercará al espectador a 85 modos de vivir de Menchu Gal, como apunta ella misma en un panel de la entrada. "La pintura le ha dado sentido a mi vida. No son todo satisfacciones, pero es una razón, no de vivir, ¡de vida!".
ANA MARI MARÍN ARTISTA Y AMIGA DE MENCHU GAL "Sólo quería pintar, lo demás no le importaba" Siempre que la artista Ana Mari Marín (Elizondo, 1933) habla de sus inicios como pintora salta el nombre de Menchu Gal, su amiga y la persona que le empujó cuando la joven Ana Mari recaló en Madrid. De aquella amistad quedan varios cuadros y muchos recuerdos de verano en Baztan.
La exposición se titula La alegría del color, ¿se ajusta bien a la pintura de Menchu Gal?

Definir la pintura de Menchu es difícil. ¿La alegría del color? Es la alegría de Menchu entera.
¿Ella también era así de vital?

Sí. Yo le tengo gran admiración. ¿Tú sabes que murió de mi mano?
No me diga.

Sí, sí. En el 2008. De la mano de Jesús y de Ana Mari. Jesús era uno de los chicos que la cuidaban al final de su vida.
Tuvieron vidas paralelas, casi.

Imagínate. Menchu era ahijada de mi abuela. Hemos tenido trato desde niñas. Tanto es así que Menchu tiene dos o tres retratos de mi abuela. Tiene retrato de mi madre, míos... hemos tenido una gran amistad y vivencia. Si yo fui a pintar a Madrid fue porque mi abuela me pagó los estudios. En el estudio de Menchu Gal estuve.
En el catálogo salen fotos de ella con usted, Oteiza, Chillida, Benjamín Palencia, Gaspar Montes... todo un territorio de hombres.

Por supuesto. Ella habla mucho de la escuela de Vallecas. Yo estaba con ella y con todos ellos. En el ámbito de pintores nunca ha habido diferencias, era todo muy igual.
Era guipuzcoana pero con gran vínculo con navarra, ¿no?

Menchu ha sido muy conocida en Pamplona. En Baztan todo el mundo la ha visto pintar y hemos tenido exposiciones suyas en Elizondo. En Pamplona tuvo varias exposiciones con Urmeneta. Es que en Baztan estaba todos los años aquí metida. Se pasaba uno o dos meses en nuestra casa.
¿Siempre fue tan fauvista?

Sí. Pero es que la vida de pintura de Menchu Gal es larga. Al principio sí tenía cuadros más oscuros. En mi casa hay varios. También tuvo otra época cubista. Era una gran persona, una gran mujer, era extraordinaria.
¿Esta exposición es un acto de justicia, entonces?

Estoy encantada. Es de superjusticia. Ella se lo merecía todo. Lo que pasa es que Menchu era una persona que sólo quería pintar. Lo demás no le importaba. Le dolía desahacerse de sus cuadros, por eso tenía tantos. Ella quería lo que pintaba para ella.
Paisaje, retrato y bodegón, las tres miradas de Menchu La alegría de vivir, la pasión de Menchu Gal, miró con especial intensidad tres campos, tres ópticas en las que dio lo mejor de sí: el paisaje, los retratos y los bodegones.
Sobre los primeros, Edorta Kortadi señala que "mira al paisaje como reivindicación de lo que Unamuno llamaba la intrahistoria, refleja la personalidad de la gente de un territorio. A ella le interesa el paisaje verde de Guipúzcoa y el transfronterizo, porque vive a caballo entre España y Francia. Le gusta el paisaje muy jugoso, destaca por la fibra, y también descubre el paisaje de Castilla de la Generación del 98, le atrae porque es más árido y seco".
En cuanto a su faceta como retratista, en Menchu Gal se nota el poso de Soutine, Matisse, Picasso... "Sus figuras no tienen una mirada excesivamente descarada hacia el exterior, no es moderna. Son personajes más introspectivos, miran más hacia adentro que al espectador. Es un cubismo y expresionismo atemperado, coge de las vanguardias lo que le interesa, hace una síntesis jugosa que conecta con el gran público", prosigue Kortadi. Por último están los bodegones de la artista, preciosos en su sencillez, "objetos de vida inanimada como frutas, verduras y flores, que a veces son más vivos que la propia realidad".
Para hablar de éstos y otros aspectos se ha organizado un ciclo de tres conferencias en el Condestable el 11 y 12 de mayo y el 1 de junio. Todas a las 19:30 horas y con entrada libre.
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