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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Mahler, apabullante

  • HML Admin
Publicado el 16/03/2011 a las 01:03
C UANDO en 1914 la Cuarta de Mahler se estrenó en París, Vincent d"Indy juzgó que se trataba de "música para Alhambras y Moulins Rouges, no para las salas de conciertos sinfónicos". D"Indy, ya sesentón, no era ni mucho menos un torpe ignaro musical, pero el tiempo no le ha dado la razón sobre el director-compositor bohemio. (Y a él, a Monsieur D"Indy, le ha remitido al trastero). Mahler ha tardado en llegar a nuestras programaciones -recuérdese la gruesa fatuidad atribuida a A. Guerra hace un cuarto de siglo, pese a los trabajos de Sopeña, pioneros en castellano (1960, 1976) sobre el compositor- y no será excesivo sospechar que, fuera de Mitteleuropa, "Muerte en Venecia" hizo por Mahler más que miles de músicos, durante décadas ebrios de experimentalismos. Ha tardado en llegar, pero apenas hay curso sin Mahler y más ahora que se cumple el primer centenario de su muerte.
No es casual que la Cuarta sea una de sus sinfonías más interpretadas: relativamente breve, con menos efectivos instrumentales y vocales que las precedentes y liberada de las especulaciones filosóficas que Mahler gustaba de inyectar en pentagramas, parece fácil de seguir por la atractiva facilidad melódica y la simplicidad armónica. Parece imposible imaginar una sinfonía de Mahler en la primera parte de un programa, porque ensombrece a cualquier obra, a poco aceptable que sea la versión.
Anteayer, Orozco-Estrada hizo una Cuarta muy plausible. Fue una Cuarta ajustada y equilibrada en cada movimiento y éstos bien dispuestos para llegar al Lied final, ese canto a la cocina celestial en la que un niño maravillado ve a los santos, encabezados por Marta, entregados a la preparación de platos prodigiosos, que no le distraen del mensaje final: Kein musik ist ja nicht auf Erden,/ die unsrer verglichen kann werden (...) Cëcilie und ihren Verwandten/ sind treffliche Hofmusikanten!: no hay en la Tierra música que pueda compararse a la nuestra (...) Santa Cecilia y sus parientes son magníficos músicos cortesanos! La alegría de las siete estrofas y la serenidad final, diáfana y apacible -Sehr behaglich, indica la partitura- e incorpórea, bañada en una atmósfera misteriosa, sin hermetismo, mantenida por el director en el silencio tras la última nota, fueron muy apreciables.
Pero no fue sólo el último movimiento el que cuajó el director, seguro, eficaz en la quironomía y cuidado en el acompañamiento a la soprano bávara, de voz limpia y timbrada -nada favorecida por la acústica de la sala, que, entre otras maldades, apaga los armónicos-, no caudalosa, pero sí apropiada para el género. Expresó estupendamente la estrofa final. Sta. Cecilia le bendecirá.
Orozco-Estrada, sin filtrar los efectos vulgares que Mahler sabe encajar, los valoró bien. Una versión interior, que acertó a exponer el fondo complejamente infantil de una obra que responde, en muy buena parte, a las ideas judías que Mahler recibió en su niñez. Esa canción final, fascinante, nos desnuda al músico, complicadamente naïf.
Frente a esa sinfonía apabullante y catártica, la de Arriaga, restaurada, terminada y publicada en nuestros días, parece un juguete delicioso. La OSE -10, 8, 6, 4 y 3 en la cuerda, muy aligerada frente a la plantilla de Mahler- hizo un Arriaga gracioso, sin grumos, una obra muy en la estela del clasicismo vienés. Intérpretes: Christiane Karg, soprano. Orquesta Sinfónica de Euskadi.
Programa: "Symphonie à gran orchestre", de J.C.Arriaga, y "Sinfonía nº 4 para soprano y orquesta en sol mayor", de G.Mahler.
Director:Andrés Orozco-Estrada.
Incidencias: Auditorio de Navarra. Lunes, 14. Octavo concierto del ciclo OSE en Pamplona. Concertino, Waldemar Machmar. Lleno. Aplausos y saludos en la sinfonía de Arriaga. Ovación cálida, densa y sostenida tras la Cuarta de Mahler, con repetidas salidas de soprano y director y saludos de toda la orquesta de las familias instrumentales. Los oyentes pudieron seguir por la pantalla sobre la boca del escenario el texto alemán -incluida la ese doble sorda- y sus traducciones vasca y castellana. La sinfonía de Arriaga sustituía a las "Diez melodías vascas" de J. Guridi, anunciadas en la programación del ciclo.
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