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Las carrozas son para la vuelta

El príncipe Guillermo y su esposa Catalina disfrutaron en el día de su boda de un paseo en carroza y en un Aston Martin descapotable. Fue una jornada espléndida en la que fueron arropados por miles de británicos.

  • ROSA BELMONTE . COLPISA. MADRID
Publicado el 30/04/2011 a las 01:04
EN Estados Unidos, esta parafernalia entre grandeury alegría habría sido imposible; en Francia o Italia, histérica; en Alemania, demasiado severa, y en Rusia, inquietante. Pero en la querida Londres ha sido lozana, encantadora, romántica, espléndida y dirigida sin una mala nota. Estas palabras sirven para la boda de Guillermo y Catalina pero fueron pronunciadas por Noël Coward comentando el enlace de la princesa Margarita y Anthony Armstrong-Jones. Y no se puede decir que Coward no fuera un hombre de gusto. Pero tampoco es que hayamos perdido la cabeza. Martin Amis ya avisó de que la atmósfera que rodeaba a la boda era "irracional, muy británica". Vale. Y Tanya Gold sostiene que las bodas reales todavía tienen la capacidad de hacer a los británicos idiotas. En una ocasión así muchos somos británicos. E idiotas.
From lost to the river. To the Támesis, indeed. Porque un acontecimiento de este tipo es para degustadores de la cultura popular (de la Royal Pop Culture si no es un oxímoron) un jugoso bocado. Aunque las carrozas ya solo sean para la vuelta. -Claro, que el desfile de furgonetas de los secundarios de la familia real inglesa ha sido muy grande. Tanto como la pamela de la princesa Michael de Kent, que no habría cabido en otro sitio.
Porque Ascot tomó la Abadía de Westminster (y la Abadía era como el Rainforest Café con todos esos árboles). Lo de Ascot es por las mujeres que se pusieron una linterna de minero por sombrero. O un barco, como Tara Palmer-Tomkinson (sería para que no le miráramos la nariz recién restaurada). Mucho más atrevida, Miriam Clegg con su turbante más floripondio, tocado que llamaba más la atención porque la mujer de Cameron no llevaba ninguno. Chelsy Davy se plantó un panqueque en la cabeza. La novia del príncipe Harry iba tan despeinada como él, tanto que parecía la del Twist de Palito Ortega. Como si ambos se hubieran pasado antes de la boda por el pajar. El príncipe Harry, cuando entró al templo, se paró a hablar con el tito Charles, mientras William saludaba a las hermanas de su madre. El conde Spencer empieza a ser clavadito a su progenitor. La misma anchura. Todo el mundo recordando a Diana de Gales y resulta que quien ha revivido es su padre.
Si el noveno conde Spencer se parecía al octavo conde Spencer, el repeinado caballero David Beckham se parecía a Ricky Gervais. Y el rey de Tonga, toma ya, a Mohamed Al Fayed, según muchos comentaristas de las televisiones españolas, que dieron por normal la presencia del padre de Dodi Al Fayed en la ceremonia. Lo cual habría sido como si al malvado Zruspa lo invitan a la boda de Naranjito. La que no se parece a su madre es la princesa Eugenia, la hija menor del príncipe Andrés y Sarah Ferguson. Cielos, es un real calco de Monica Lewinski. Cuando la ya princesa Catalina dejó ver su vestido, la referencia más obvia fue Grace Kelly de novia (no, Belén Esteban, no) pero mezclada con Koo Stark también de novia (pero del príncipe Andrés).
Y entre los grandes momentos, el Good Save the Queen, entonado por todos menos por la reina. Esa magnífica reina de amarillo, como los trompeteros, como el deán de Westminster, como Bob Esponja. Con colores tan vivos, la Abadía era un escaparate de Zara. Otra imagen impactante fue la de las masas avanzando por el Mall hacia Buckingham. No iban a asaltar el palacio de invierno, ni el de primavera. Iban a disfrutar del "Kiss me Kate". Dos veces.
Un millón de personas, 43 detenidosAlrededor de un millón de personas festejaron la unión entre el príncipe Guillermo y la princesa Catalina en las calles de Londres, según informó ayer la policía, que además detuvo a 43 personas por perturbar el "orden público" o por estar ebrias. Las masas se concentraron sobre todo frente a la abadía de Westminster, donde se celebró la boda, el Palacio de Buckingham, donde se realiza la fiesta posterior al enlace, y sobre la avenida The Mall, donde 500.000 personas aplaudieron el paso de la pareja de novios en carroza. Los disturbios se produjeron entre las masas de gente frente a la abadía de Westminster, el palacio de Buckingham y en las plazas Hyde Park y Trafalgar Square, donde fueron colocadas pantallas gigantes. Entre los detenidos había también algunos antimonárquicos que se habían reunido para una celebración contraria a la boda.
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