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MIGUEL URABAYEN

La batalla de Kursk

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Un Panther, en camino hacia el frente de Kursk. Las cadenas del tanque brillan por el reflejo del sol.
Actualizada 03/10/2011 a las 01:02

P ARA comprender la batalla de Kurks basta mirar el mapa del frente tal como quedó después de que Erich von Manstein obtuviera una inesperada victoria en la primavera de 1943 al detener el avance soviético y recuperar la importante ciudad de Jarkov. Se observará (fig. 1) cómo alrededor de Kurks quedó un saliente casi cuadrado que penetraba más de 150 kilómetros en la zona ocupada por los alemanes.

Aunque muchos generales germanos hubieran preferido no lanzar ninguna nueva ofensiva en el frente ruso durante 1943, Adolf Hitler estaba impaciente por reanudar los avances de los veranos de 1941 y 1942. Los golpes a su prestigio personal y al del ejército alemán sufridos por la humillante derrota de Stalingrado reclamaban una victoria sobre los soviéticos en cualquier lugar del frente. Y el saliente de Kurks ofrecía esa posibilidad. Un ataque desde el norte y otro simultáneo desde el sur lo cortaría como una cuchilla de cirujano, embolsando a sus defensores.

Retrasos

La doble ofensiva estaría, en el lado norte, a cargo del Noveno ejército del general Walter Model. En la zona sur atacaría el Cuarto ejército blindado del general Hoth, con Von Manstein como jefe superior. Total de ambos empujes, 435.000 hombres, 3.150 tanques y 10.000 cañones. Reunir tal masa de tropas y material durante la primavera de 1943 costó más tiempo del previsto y la fecha del ataque fue retrasada en tres ocasiones hasta fijarla en el 5 de julio.

Como es natural, la Stavka -Alto Estado Mayor Soviético- aprovechó aquellos retrasos para convertir el saliente de Kurks en la zona más fortificada de todo el frente. Su eficaz servicio de espionaje les había mantenido informados del plan alemán hasta en sus menores detalles. Conocían incluso la fecha y hora definitivas del ataque y, por primera vez en su guerra con los alemanes, lanzaron un bombardeo de las posiciones y aeródromos enemigos 30 minutos antes del comienzo de la ofensiva.

Las fuerzas acumuladas por los soviéticos dentro del saliente ascendieron a 1.087.000 soldados, 3.275 tanques y 25.000 cañones. Estaban situadas en ocho perímetros defensivos escalonados, protegidos por miles y miles de minas enterradas. Además, crearon una reserva próxima al frente de batalla de medio millón de hombres, con sus tanques, dispuestos a intervenir si las divisiones germanas lograban cortar el saliente.

Así pues, el 5 de julio los Noveno y Cuarto ejércitos de la Wehrmacht iban a atacar, sin saberlo, a la zona mejor protegida de toda la Segunda Guerra Mundial. Era un suicidio militar. Von Manstein aconsejó a Hitler que desistiera de la operación Zitadel (ese era el nombre en clave de la ofensiva) porque consideraba que los aplazamientos habrían facilitado el fortalecimiento del saliente. En su opinión, debían haber atacado en abril y lo más tarde en mayo.

Los nuevos tanques

Pero Hitler, siempre receloso de los generales que se oponían a sus deseos, no hizo ningún caso del sensato consejo. Según lo veía él, los retrasos habían permitido la construcción de mayor número de los nuevos blindados que se iban a emplear en la ofensiva de Kurks. Los dos principales eran el Mark V Panther y el Mark VI Tiger. Este último ya había intervenido en el frente ruso, en la zona de Leningrado, y en el norte de Africa frente a los anglosajones. En ambos casos su aparición había sido impresionante, debido a su fuerte blindaje y al cañón de 88 mm, el famoso"8 con 8", instalado en su amplia torre giratoria. El inconveniente principal era su peso de 56 toneladas, que lo hacía lento y poco manejable.

El Panther iba a tener en Kursk su estreno como arma de combate. Estaba muy inspirado en el soviético T-34 (que en 1941 sorprendió por su eficacia a los alemanes) y, al contrario de su compañero, era muy rápido y maniobrable. Su blindaje inclinado podía desviar balas adversarias y su largo cañon de 75 mm le permitía disparos de gran alcance. Esa capacidad de batir al enemigo a distancia, compartida con el Tigre, lo convirtieron en el mejor tanque medio (44 toneladas) de toda la guerra, según comprobaron los aliados en las batallas de Normandia.

Pero en julio de 1943 no había sido probado en combate y sus tripulaciones sufrieron las consecuencias en forma de averías que de repente los inmovilizaban. Eran, en su mayor parte, problemas de motor y de transmisión que inutilizaron a buena parte de los Panthers. La batalla tuvo que ser librada por Tigers y los más numerosos pero no tan potentes modelos Mark III y Mark IV.

A pesar de todo, las divisiones de tanques alemanas, muy bien dirigidas, eran tan peligrosas como siempre y los soviéticos solo pudieron vencerlas por la enorme concentración de T-34, de cañones antitanques y del valor de sus artilleros que esperaban hasta el último minuto para disparar a bocajarro. A veces dejaban pasar el tanque enemigo para así alcanzar su parte trasera, de blindaje mas ligero. Todos los testimonios de supervivientes de la batalla de Kurks describen luchas caóticas en un ambiente infernal de humo, polvo y vehículos incendiados.

La batalla no se libró sólo en tierra. En Kurks perdió la Luftwaffe el dominio del aire que había sido suyo hasta entonces. El modernizado Stuka (Ju 87G-1) llevaba dos cañones de 37 mm. bajo las alas pero los Ilyushin II y Petlyakov Pe-2 soviéticos resultaron igualmente eficaces contra los tanques enemigos. Además, a partir de entonces los cazas con la estrella roja fueron más numerosos que los de la cruz negra.

Prokhorovka

El avance del Noveno ejército de Model fue detenido en seco desde los primeros días. En el sur, el Cuarto ejército de Hoth consiguió penetrar unos cuarenta kilómetros, hasta una pequeña población llamada Prokhorovka. En sus inmediaciones tuvo lugar, el 12 de julio, el hasta ahora considerado mayor combate de la batalla, al lanzarse 600 tanques del Quinto ejército blindado soviético contra las fuerzas alemanes, tratando por su velocidad de anular la ventaja de los disparos a distancia de los Tigers.

El resultado fue que el Quinto ejército perdió la mitad de sus efectivos en aquel encuentro mientras que las pérdidas alemanas fueron de 300 (según los norteamericanos Glantz y House en When Titans Clashed, pg. 167). Varios libros dan cifras similares pero en una de las más recientes descripciones de la batalla, la del británico Richard Evans (El Tercer Reich en guerra, pgs. 617 y 618) se reducen las pérdidas a, sorprendentemente, 235 tanques soviéticos y solo 3 alemanes (cita como fuente la investigación de Karl-Heinz Frieser)

Y explica cómo el general Rotmistrov al mando del Quinto blindado y su entonces comisario político Nikita Jruschov, asustados, dieron a Stalin información falsa de lo ocurrido, aumentando las perdidas germanas hasta más de 300 tanques. El dictador soviético les creyó y el combate de Prokhorovka ("uno de los mayores fiascos militares de la Historia" según Evans) fue convertido en leyenda y un monumento lo conmemora. Habrá que esperar a la respuesta de otros autores.

En lo que no existen dudas es sobre el resultado de la batalla de Kurks. La tenaz resistencia soviética que estaba derrotando a las divisiones acorazadas alemanas resultó evidente hasta para Adolf Hitler y el día 17 ordenó el fin de la ofensiva. La razón dada, a sus generales y a sí mismo, fue que el desembarco de los aliados en Sicilia (10 de julio) hacía necesario evitar allí la derrota de Italia y ordenó el traslado de varias divisiones al nuevo frente.

Pero la batalla de Kurks no había terminado. El mismo día 12, una vez detenida la ofensiva alemana y aprovechando el golpe moral que eso suponía, la Stavka puso en marcha su ambicioso plan de atacar al norte y sur del saliente. Durante el final de julio y el mes de agosto, las grandes reservas que los soviéticos habían acumulado en esas zonas entraron en combate. En septiembre, Orel y Jarkov habían sido reconquistados y la línea del frente era continua, sin ningún saliente.

Las consecuencias fueron claras. La iniciativa bélica pasó a los soviéticos y a partir de julio de 1943 la Wehrmacht lucharía a la defensiva. El ejército rojo avanzó con solo las pausas necesarias para preparar las nuevas ofensivas que terminarían, a fines de abril de 1945, en la conquista de Berlín. Kurks, más que Stalingrado, fue la batalla decisiva de la guerra en el frente del este.



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