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CINE

Konchalovsky presenta un "Cascanueces" en 3D

director de cine ruso Andrei Konchalovsky que estrena el próximo 23 de diciembre en España su último trabajo,
director de cine ruso Andrei Konchalovsky que estrena el próximo 23 de diciembre en España su último trabajo, "El cascanueces"
EFE
  • EFE. MADRID
Actualizada 18/12/2011 a las 14:02
Andrei Konchalovsky, un contestatario intelectual de 74 años que ha dedicado las últimas cuatro décadas de su vida al cine, estrena el próximo 23 de diciembre en España su último trabajo, "El cascanueces", una película en 3D de diseño piramidal con tantas capas de comprensión como espectadores tenga.

Al menos, explica el director, ésa era su idea: "Hay distintos modos de hacer cine y cada historia requiere su método, ya sea un cuento corto, una novela o una manera de decodificar secretos, como los cuadros de Leonardo Da Vinci o los relatos de Umberto Eco, donde muchas historias están una bajo otra".

"Esta película es un puzzle: en la superficie está dirigida a los niños, pero cuando los padres la ven tiene otra lectura, y si son los abuelos, se añade otra. Depende de las experiencias en la vida del espectador y de su cultura, quien más tenga más dimensiones verá, y al revés. Los niños verán sólo un cuento", anuncia.

Konchalovsky, nacido en Moscú en 1937, pertenece a una familia de artistas: es hermano del afamado realizador Nikita Mijalkov e hijo del poeta, dramaturgo y académico ruso Sergéi Mijalkov, autor del texto del himno de la Unión Soviética.

Padre de más de veinte largometrajes, comenzó a rodar en la Unión Soviética en 1961, aunque muchas de sus películas, cada vez más críticas con el régimen, terminaron censuradas.

Así llegó a Estados Unidos, donde firmó, con el sello de Hollywood, sus cintas más famosas: "Tango y Cash" (1989); "El tren del infierno" (1985) o "Homer y Eddie" (1989) con la que ganó la Concha de Oro de San Sebastián.

Es, además, pianista y músico de carrera, y como guionista ha firmado más de treinta títulos.

"El cascanueces" revive la fábula inventada en 1816 por A.T.E. Hoffmann (que Tchaikovski convirtió en ballet años más tarde en una versión que ha trascendido todas las épocas) en la que un muñeco de madera se convierte en niño gracias a la imaginación de Mary, una niña inquieta y sensible que sueña un mundo de fantasía. 

Interpretado en sus principales papeles por una deliciosa Elle Fanning ("Super 8"), que entonces tenía 10 años, como Mary; el actor, y también sorprendente bailarín, John Turturro, como el Rey Rata, y Nathan Lane ("Modern family"), en el rol de Tío Albert, "El cascanueces" mezcla personajes reales con dibujos digitales en 3D.

"Si la gente va al cine esperando un ballet, se va a quedar decepcionada", aclara el director, que estuvo esta semana unas horas en Madrid para presentar su obra.

"La mayoría del público conoce a Tchaikovsky, pero no a Hoffmann, y el ballet no cuenta su historia, que es mucho más oscura. Hoffmann -explica este artista- es como Goya, tiene fantasías raras. Quizá el público que espera las hadas, lo dulce, quede decepcionado".

Las que no decepcionan, desde luego, son las versiones con letra creadas por sir Tim Rice ("Jesucristo Superstar", "Evita", "El Rey León") de la música de Tchaikovsky.

En la cinta, el Cascanueces desvela a Mary que es un príncipe encantado a quien el Rey Rata, al que no le gusta la luz, ha robado el trono apoyado por un ejército de ratas, cuyos uniformes recuerdan a los militares de cualquier invasión, ya sean tropas nazis o soviéticas.

"No quiero contestar a eso", dice Konchalovsky.

"Las ratas son el símbolo de la 'ratificación' del mundo, y eso puede suceder ahora mismo, incluso bajo la idea de la democracia", asevera, vehemente, el director.

Sigue haciendo cine comprometido -"y qué puedo hacer si no", dice- y añade: "Cuando haces una película no piensas que vayas a hacer algo que acabe siendo para niños, o no. Lleva tu experiencia y tu bagaje. Ésta es como una pirámide invertida".

Y se explica: "La parte de arriba, más ancha, para los niños; el centro, para gente mayor, luego hay otro trozo para otros con más inteligencia y cultura, y el final, sólo para dos o tres", terminando entre risas.

"Pero ahora (después de terminar la película en Europa, gracias a una coproducción entre Hungría y Rusia) estoy feliz porque si la hubiera hecho para Disney me hubiera salido muy comercial y no hubiera sido la mía, ni duradera", concluye el director.


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