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Gana el Nobel por el hallazgo que casi le vale el despido

  • La comunidad científica rechazó durante años el trabajo del científico israelí galardonado con el Nobel de Química

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Daniel Shechtman, en su laboratorio del centro Haifa Technion, en Haifa (Israel). EFE
  • COLPISA. ESTOCOLMO
Actualizada 06/10/2011 a las 01:00

El investigador israelí Daniel Shechtman fue galardonado ayer con el Premio Nobel de Química por haber descubierto en 1982 la existencia de los cuasicristales, un nuevo tipo de material que desafiaba los conocimientos científicos de esa época. "¡Algo así no puede existir!", exclamó este químico, que actualmente tiene 70 años, la mañana del 8 de abril de 1982 cuando examinaba en el microscopio electrónico una extraña aleación de aluminio y de manganeso. La estructura de los átomos que tenía delante de sus ojos iba en contra de toda lógica: círculos concéntricos compuestos cada uno por diez puntos brillantes separados exactamente por la misma distancia.

Una "simetría de orden 10" completamente incompatible con los conocimientos científicos de entonces, según los cuales los cristales sólo podían tener simetrías de orden 2, 3, 4 o 6, porque en caso contrario se formaría un imposible caos con átomos que chocarían los unos contra los otros,. Lo más asombroso todavía fue que el material observado por Shechtman estaba constituido por un orden regular, siguiendo las reglas matemáticas como las de los cristales clásicos, y su estructura no se repetía nunca, como tampoco ocurría en estos últimos. Eran como "los mosaicos del mundo árabe reproducidos al nivel de los átomos: una forma regular que no se repite nunca", resumió el Comité Nobel. El hallazgo del investigador israelí, entonces integrante de una comisión de servicio de un laboratorio estadounidense, suscitó la incomprensión y la reprobación de sus colegas a tal punto que le pidieron que abandonase su unidad de investigación.

El director del laboratorio llegó incluso a darle un manual de cristalografía sugiriéndole que lo estudiara, recuerda en una entrevista con su universidad de Israel, el Instituto de Tecnología de Haifa. "Le contesté: "no necesito leerlo, sé que es imposible, pero ahí está, delante de mí"", explicaba el investigador.

Diez años más tarde, y después de muchas confirmaciones experimentales, la comunidad científica avaló su descubrimiento.



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