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ÁLVARO POMBO ESCRITOR Y ACADÉMICO, GANADOR DEL PREMIO NADAL

"La falta de empatía mata"

  • Álvaro Pombo dice que no escribe "ni una palabra" porque dicta sus libros. Con el último, El temblor del héroe, se alzó el viernes por la noche con el premio Nadal de literatura.

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Actualizada 08/01/2012 a las 01:03
  • MIGUEL LORENCI . COLPISA. BARCELONA .

Ganar el Nadal supone para Álvaro Pombo (1939) "la coronación" de su brillante carrera, aunque no desdeña premios mayores como el Cervantes. El escritor, académico y político santanderino se ufana de haber ganado el decano de los premios literarios con El temblor del héroe, novela sobre el engaño, la manipulación y la falta de sensibilidad ante el dolor ajeno. Una narración que conecta con Nada de su admirada Carmen Laforet, la primera ganadora del Nadal. Ambos hablan de una ausencia de empatía mas que peligrosa. Tanto, que en los tiempos sin sustancia en los que vivimos "la falta de empatía mata".

Falta de compromiso, cobardía, ausencia y de empatía ¿signos de los tiempos?

Sí. Iba a titular la novela El furor heroico, por un texto de Giordano Bruno sobre el furor, el entusiasmo y el delirio por alcanzar a Dios, la divinidad la belleza y el bien. Trata de la ética del cuidado, pero al revés. Describe personajes que descuidan a los demás, y como a consecuencia de ese descuido la gente muere. Somos la providencia para los otros. Si no cuidamos a los demás el mundo se desmorona. La falta de empatía mata. Su ausencia es evidente y la suplimos, por ejemplo, por antipatía hacia unos emigrantes que vemos como seres sucios y descuidados que manchan nuestras ciudades.

¿Quiénes son los héroes y antihéroes temblorosos de su novela?

Un catedrático de universidad jubilado, Román, un cobarde que fue un gran profesor de filosofía con mucho éxito entre sus alumnos. Sin escribir nada supo trasmitir a su audiencia estudiantil ese entusiasmo y ese delirio divino y platónico que revertía en él y le daba vida. El antihéroe, el valiente, es un periodista joven, Héctor, que entrevista a Román para las sección "inactuales" de un diario digital; algo humillante pare el profesor ya que da por hecho que es pasado. Román se aburre. Es un ser anodino que como le ocurrió a Hitler, y siento citarlo, perdió el lustre cuando la guerra le impidió dar discursos. No recibía el feedback de la gente y se le ocurrían espantos cada vez mayores: ¡Destruyamos todos los puentes¡ ¡Quemenos París! El personaje no es Hitler, pero añora el entusiasmo que fagocitaba de sus alumnos.

¿Algo que ver con Álvaro Pombo?

Algo. Es un jubilata con acedía, con desgana de obrar bien. Está en una edad difícil, con fuerza aún, pero desconsolado, un poco encabronado y abandonado. Podría ser yo, pero he superado esa desidia. Soy mejor persona con los años. Si hubiera seguido por el lado oscuro quizá fuera como Román: un hijo de puta y un cobarde. No hay nada tan terrible como la cobardía. Es quizá el mayor insulto. Aun sabiendo que la valentía puede ser terrible -hizo de los nazis asesinos- apuesto por la gallardía, por atreverse a equivocarte.

Hay un tercer personaje en discordia

Se llama Bernardo y tiene muy mala follá, como se dice en Granada, pero no lo parece. Esta en los sesenta y tantos y es un patinador de los que podemos ver en el Retiro. Representa el yo saturado, líquido, poroso y falto de sustancia que tanto me preocupa. Siento ser un vanidoso y un estúpido que se cita si mismo, pero fui pionero en hablar de esa falta de sustancia, en 1977, mucho antes que Milan Kundera y Zygmunt Bauman.

¿No es un mal específico de hoy?

No. Aristóteles ya lo describe. Pero cambia. Vivimos ahora la misma insustancialidad de la belle époque. La sociedad que se comporta como aquellos surrealistas que veían un acto poético y artístico en salir a la calle y pegar un tiro a alguien. Creemos que todo es sensación sin ningún compromiso. Eso es insustancialidad. Los artistas como Damien Hirst se burlan de nosotros con tiburones en formol, moscas encerradas o un cadáver cubierto de brillantes. La tradición no vale y se busca la emoción por la emoción.

¿Sus personajes también lo hacen?

Sí. Ninguno será responsable de nada, ni de la muerte que es crucial en la novela. Alguien que era y que deja de ser, es sólo un cadáver. No se dan ánimo, como Aquíloco de Paros pedía para los jóvenes. Hemos de animarnos unos a otros. Sin ese ánimo no se puede cubrir el camino de la vida.

Todos los premios

Con el Nadal se siente coronado, pero queda el Cervantes. ¿Le gustaría ganarlo?

¡Claro! Me gusta que me den cualquier premio. No desdeño ninguno, como Cela, que no paró hasta tener el Cervantes tras el Nobel. Me halaga ganar el Cervantes y la flor natural de Torreledones. Y el Nadal desde luego. Corona mi carrera. En 1945, cuando era un adolescente, leí "Nada" de Carmen Laforet y me pareció la mejor novela del mundo. Vine a Barcelona a recorrer sus escenarios. Sigue siendo un gran novela y yo quería estar, como Laforet, en la lista del Nadal. Me hacia mucha ilusión. Es un premio que ilustra. Soy muy de presentarme a cosas, por eso me presenté al Planeta y a senador. Obtuve mas de 307.247 votos, que no es moco de pavo.

¿Escribe de otro modo desde que se dedica a la política?.

Me dedico poco a la política, que es muy absorbente. Estoy un poco frescachonamente en la piel del político. Si me dedicara en serio, no publicaría ni una palabra. He abreviado mi forma de narrar y esta novela es deliberadamente abreviada. Además yo no escribo.

¿Cómo que no escribe?

Ni una palabra. Mi proceso de escritura no existe. No escribo nada. Dicto mis libros. Vivo en un mundo oral en el que cuento y recuento la historia Vivo en la oralidad plena. Solo cuento cosas. No uso ordenadores y cada día soy más torpe y más inútil. Mi manera de escribir es la viva voz, como el último y mejor Henry James. Luego escucho y corrijo. La oralidad le sienta de cine al relato. Tengo labia desde niño, cuando me mandaban a entretener a las vistas y la aplico las narraciones que son las que encierran la verdad de la vida y del mundo Gracias a la narración, la verdad resplandece.

¿La verdad está de veras en el cuento?

Sin duda. Vivimos en un mundo interpretado. Existir es interactuar con la realidad y es ahí donde la narración muestra su poder. La verdad de los periódicos y los medios o internet, no deja de ser narrativa, de contar historias.

¿Cuál es la patria de un escritor sin raíces?

El lenguaje, desde luego. Y los sabores, lo olores de la infancia, los guisos de tu casa. Ese bagaje es la patria de cada uno.

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