TOROS/CORRIDA DE LA BENEFICENCIA BARQUERITO

El Juli, de nuevo en el ojo del huracán

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El segundo toro del diestro Morante de la Puebla dio esta espectacular vuelta de campana. EFE

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Actualizada 09/06/2011 a las 01:01
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E L ambiente fue con El Juli de lacerante hostilidad. Nada nuevo. Pero esta vez fue de una agresividad desproporcionada. Tan fuera de razón como la ciega ira. Un coro de palmas de tango apenas aparecer el primero de los dos toros de lote: un tercero de casi seis años, hocico afilado, bien armado. De armónicas hechuras si no hubiera sido de cabos tan finos que lo dejaban sin aplomos. En las dos primeras carreras, que no galopes, dio el toro la impresión de descoordinado. Un solo lance de dibujo le pudo pegar El Juli. Tuvo que limitarse a tocar, tapar y soltar, y dejar ir al toro corrido al caballo para una rara vara de romanear y meter los riñones, y de salirse suelto también. Entre esa primera vara y la segunda, El Juli dejó fijado al toro. Resonó el coro de palmas de tango. Un segundo puyazo trasero acentuó en el toro su vicio de malos apoyos. No es que gateara, sino que se despendolaba, y empezó a pegar a la vez gaitazos y, al salir de suerte y engaño, coces.

El Juli metió en vereda al toro en dos tandas primeras de tanto encaje como autoridad. Tan cerca le pasaron del rostro a El Juli las coces como los pitones de las medias o los machos, porque las dos tandas fueron de ajustarse y someter. Y de toreo por abajo. Fue faena sin pausas y con Julián al ataque de partida y hasta bien metido en trasteo. Dos veces se le metió por debajo el toro: impertérrito Julián, que, después de asentar al toro -tarea muy difícil-, lo supo esperar, tocar, soltar y no abrir sino convencer. Una última tanda con la izquierda fue muy despaciosa. Brillante el broche de dos trincheras y el de pecho.

Cuando el toro estaba ya medio rajado, al perfilarse con la espada y justo antes de cruzar, El Juli tuvo que escuchar la penúltima infamia: "¡Viva Fandiño y sus toros!". Se torció el viaje, el toro, en la suerte natural, se le echó encima y la espada quedó caidísima. La huida del toro dolido enseñó la estocada a media plaza como un borrón imperdonable. El único patinazo de Julián.

Cuando se soltó el sexto, ya estaba sofocado en parte el fuego graneado de las iras, porque Morante se había llevado una buena ración de dicterios. Hubo una tregua relativa cuando El Juli salió para firmar, después de la primera vara, el único quite que tuvo ocasión de hacer en toda la corrida. En los medios, a la verónica clásica, dejando llegar de largo al toro, enroscándose con él en cuatro lances cosidos y rematados con media que dejó al toro parado y dormido. El quite de la tarde.

Cuando El Juli se puso a maniobrar después, sus reventadores -ahora ruidosa minoría- lo fustigaron con óles falsos. Pero volvió a volcarse el ambiente cuando El Juli, tal vez precipitado en el manejo del toro, ligó como si nada una tercera tanda con la diestra. El toro, codicioso en banderillas, se acostó bastante, se desinfló de repente, claudicó dos o tres veces reclinado y, cuando El Juli trató de romper la cosa con su gran mano izquierda, ya no quedaba toro. Ni tirando de él ni sin tirar. Un intento de toreo entre pitones. Se oyó alguna voz inoportuna. "¡Pico!", por ejemplo, para el único de la terna que no había metido el pico en toda la tarde. Media estocada lagartijera bastó para tumbar al toro. A su pesar fue protagonista El Juli. Pero había más gente: un ganadero que no dio con la tecla, aunque echara un cuarto de corrida de entrega, nobleza y potencia notables. Ambiente:Madrid. Corrida de la Beneficencia. Lleno. Nubes y claros, primaveral, algo de viento. El Príncipe de Asturias, en el Palco Real, recibió brindis de los tres espadas.
Toros: Seis toros de Victoriano del Río. El sexto, con el hierro de Toros de Cortés. De muy desiguales trapío, tipo, hechuras y juego. Corrida mal elegida. Fue bueno el cuarto, peor se rajó al final. Frágil un tercero pronto pero informal. Cabeceó el segundo, topó el quinto, se vino abajo el sexto.
Toreros: Juan Mora, de verde esmeralda y oro, ligera división y silencio.
Morante de la Puebla, de negro y oro, pitos y silencio. El Juli, de azul prusia y oro, división y silencio.

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