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MÚSICA FERNANDO PÉREZ OLLO

Cumbres clásicas

  • HML Admin
Publicado el 19/03/2011 a las 02:00
E L programa, simétrico, si no especular, era clásico en el sentido histórico rigoroso: Haydn y Mozart, dos cumbres indiscutidas del clasicismo vienés. En la tercera, Beethoven, soplan vientos inconfundiblemente románticos. Y ésta de Múnich es una estricta orquesta de cámara: de los veintisiete componentes veinte son instrumentistas de cuerda (6,5,4,4, 1). Pero por encima de todo es una orquesta alemana a la vieja usanza, compacta, ajustada de respiración, neta de líneas y equilibrada, ajena al color, articulación y dinámica de las versiones historicistas hoy en boga creciente, salvo en las dos trompas, naturales y, por tanto casi siempre sospechosas, como comprobamos en el minuetto de la sinfonía en sol menor y se encargó de ridiculizar el propio Mozart en una partitura leve, deliciosa broma musical (Ein musikalischer Spass), deliciosa, si no eres trompa y no te das por aludido .
Las piedras angulares de la velada eran las sinfonías. El concierto nº 12 de Mozart, obra de adolescencia, resulta, sin olvidar sus atisbos personales inconfundibles y la tensión del diálogo con la orquesta -sobre todo en el allegro inicial, antes de la cadenza-, un tanto convencional. El de Haydn, editado en 1784, pero conocido antes, elegante, atractivo y célebre, responde a la manera del Haydn enfrascado en la creación operística y en la vida de Esterhaza, evidente en el último movimiento, rondó all"Ungharese. Las dos sinfonías son obras de importancia. La de Haydn, la más interpretada de las "parisienses", es mucho más que un homenaje o retrato musical del Antiguo Régimen, aunque el marbete "La Reina de Francia" se deba, como dicen, al aprecio que le dispensó María Antonieta. De la penúltima de Mozart, tan divulgada como compleja de análisis, bastará escuchar con los oídos bien abiertos la recapitulación del allegro assai, magistral en el uso de los temas y la energía sorprendentede los trazos, pocas veces igualada. Esa complejidad y esa fuerza, como le oí a Bernaola -que, a diferencia de otros- no despreciaba a los genios, sólo están al alcance de maestros muy grandes, perennes en la esencia de sus obras, es decir clásicos, según explicaba Italo Calvino.
El pianista demostró una digitación clara y exacta en la velocidad, con un sonido impersonal, seco, incoloro, adusto, sin contraste ni gracia, carencia notable, por no decir determinante, en esas páginas. Si a Haydn le quitamos la gracia, queda una música admirable por su capacidad de sorpresa inventiva, pero sosa para el oyente. En el concierto de Haydn lo más entonado fue el rondó final, página que en la fecha sólo Haydn podía escribir. En el de Mozart, el solista alcanzó la mayor hondura en el bellísimo andante, homenaje implícito a J.C. Bach, el Bach londinense, amigable protector de Mozart, al que descubrió obras de Johann Sebastian que Wolfgang fue acaso el único de su generación en leer directamente en Leipzig.
De las sinfonías, la orquesta hizo versiones correctas, nada arrebatadas -en especial, Haydn, plano incluso en la romanza del segundo movimiento, variaciones sobre una canción francesa, "La gentille et jeune Lisette"- y un tanto grises en la cuerda, eso sí, afinada y exacta en ataques y planos. Las maderas, a dos -salvo la flauta- brillaron , especialmente el oboe, excelente en todo momento. La Cuarenta tuvo fuerza dinámica y tensión -Mozart sabe lograrlo de lleno sin trompetas ni timbales-, y las maderas salvaron el andante, cargado de evocaciones. El tercer movimiento, bien acentuada la energía del contrapunto, fue lo que debe ser, un minuetto que ha olvidado su raíz de galantería cortesana. En el cuarto, cabe destacar el potente fugato, en el que brillaron los instrumentos de viento.
Tarde agradable y, a la vez, densa en su variedad.
Una observación. Las toses son en este ciclo raras y discretas. O su público goza de salud envidiable o el Gayarre, pese a su largo uso, irrita menos las vías respiratorias, o los oyentes conocen y practican la urbanidad. Qué será. Intérpretes: Till Fellner, piano. Orquesta de Cámara de Munich (Münchener Kammerorchester).
Programa: Sinfonía 85, en si bemol mayor, "La Reina de Francia", Hob. I:85, de Haydn, y Concierto para piano nº 12, en la mayor, KV 414, de Mozart; Concierto para piano en re mayor, Hob. XVIII:11, de Haydn, y Sinfonía nº 40, en sol menor, KV 50, de Mozart.
Director Concertino: Daniel Giglberger.
Incidencias: Teatro Gayarre. Jueves. Ciclo Grandes Intérpretes del propio teatro. Lleno el patio de butacas y medio sobrepalco. Fuertes aplausos en todas las obras. Ovación final larga y calurosa, con repetidas salidas y saludos del director-concertino.
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