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SEMANA DE LA ARTESANÍA EN MARRUECOS

Artesanos en tiempos modernos

  • El esfuerzo de modernización del sector es notorio: ahora es posible encontrar fundas para móviles en cuero personalizado; bolígrafos con fundas de plata repujada y hasta caftanes con escote o con la espalda descubierta
  • Sin embargo, los viejos oficios, transmitidos durante generaciones, ya no encuentran un natural relevo dentro de la familia y si perviven es gracias a las escuelas de formación profesional

Artesanos del cuerpo conversan sobre la labor en uno de los puestos de la Semana de la Artesanía en Marruecos
Artesanos del cuerpo conversan sobre la labor en uno de los puestos de la Semana de la Artesanía en Marruecos
EFE
  • EFE.RABAT
Actualizada 17/09/2011 a las 18:21
La artesanía, que emplea a casi 400.000 personas en Marruecos, goza de buena vitalidad, pero ya no se transmite de padres a hijos como antaño, porque las nuevas generaciones están perdiendo uno de sus ingredientes fundamentales: la paciencia.

La artesanía es una de las señas de identidad de un país que en 2010 atrajo a más de nueve millones de turistas, responsables en gran medida de que el sector tenga al año unas cifras de negocios de 16.000 millones de dirhams (1.400 millones de euros o 1.900 millones de dólares), con progresiones anuales cercanas al 15 por ciento en los últimos tres años.

Fabricantes de babuchas, alfareros tradicionales, hilanderas de chilabas y caftanes, tejedoras de alfombras, orfebres, todos esos oficios son todavía parte del paisaje de las medinas y zocos marroquíes y se han convertido, con la gastronomía, en uno de los atractivos turísticos más apreciados.

El ministerio de Artesanía celebra la Semana Nacional de la Artesanía, y una de sus manifestaciones centrales es la exposición de los "Grandes Maestros", reputados artesanos de varias ciudades invitados a exponer sus obras en un palacio neomorisco situado en pleno centro de la capital.

Allí se han reunido los grandes artesanos distribuidos según sus habilidades: están las artes de la tierra (cerámica y alfarería),del metal (oro, plata y cobre), de la madera y de los textiles (ropa y alfombras).

"La artesanía en Marruecos goza de buena salud en la mayoría de sectores; tenemos 25 ferias regionales organizadas por los propios artesanos, escuelas donde se transmiten los oficios, marcas de certificación de calidad, y grandes grupos bancarios se han sumado al esfuerzo financiando" todas esta iniciativas, señala Mohamed Messalek, director de Estrategia y Promoción del ministerio.

El esfuerzo de modernización del sector es notorio: ahora es posible encontrar fundas para móviles en cuero personalizado; bolígrafos con fundas de plata repujada y hasta caftanes con escote o con la espalda descubierta.

Sin embargo, los viejos oficios, transmitidos durante generaciones, ya no encuentran un natural relevo dentro de la familia y si perviven es gracias a las escuelas de formación profesional.

"Esto ya no es como antes, es cada vez más raro encontrar a artesanos que han heredado el saber paterno; muchos de los que se dedican a esto son jóvenes que han fracasado en los estudios", se lamenta El Fadel Yai, maestro de Marraquech en las artes del cuero.

"Los jóvenes ya no tienen paciencia, y sin paciencia no se avanza en este oficio: quieren subir la escalera de un salto, y no peldaño a peldaño", apunta Yai, en una idea que encuentra eco en casi todos los casos.

"Mira este caftán, me costó hacerlo dos meses de trabajo, todo cosido a mano, ¿tú crees que hay jóvenes capaces de sostener este esfuerzo? Ya no tienen la paciencia, ahora quieren resultados inmediatos y cada vez se ven más caftanes que están mal acabados", comenta por su parte Fatima Hachame, tejedora de Fez.

El saharaui Mohamed Abderrahman Esnaibe se ha dedicado toda su vida a la plata y los metales; es capaz de crear un anillo con una moneda de medio euro, o de fabricar dos pulseras de oro macizo que le llevan sesenta días de trabajo.

Su hijo, de 18 años, no tiene intención de seguir sus pasos, pero no por ello va a morir su negocio, pues Esnaibe se ha convertido en maestro para nuevas generaciones de entre 15 y 30 años, "los que -dice- no quieren ir a la universidad", en un proyecto de formación profesional auspiciado por el ministerio.

En las callejuelas de Marraquech, Tánger o Fez es palpable la evolución del sector en estos últimos años, con diseños más modernos que toman distancias con la tradición sin romper con ella, y con colores y formas más audaces.

Sin embargo, no hay mucho sitio para los nuevos diseños en la Semana Nacional de la Artesanía, síntoma de que las autoridades del sector prefieren mantenerse fieles a modelos que han pervivido durante siglos y que todavía hoy resisten a la invasión de copias made in China.


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