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LIBROS

'Relatos tempranos' rescata 14 cuentos inéditos del autor de 'Desayuno en Tiffany's'

  • Escritos entre los 9 y los 19 años, anticipan su genio y su peculiar estilo

09/03/2016 a las 06:00
  • COLPISA. MADRID
De no haber sido el niño solitario y desamparado que fue, Truman Streckfus Persons no se hubiera convertido en el fabuloso narrador Truman Capote (Nueva Orleans, 1924-Los Angeles, 1984).

Su vocación literaria fue más que temprana. Se despertó antes de que adoptara el apellido cubano que hizo universal y nació de sus heridas emocionales y su desvalimiento. Hábil constructor de su propia leyenda, sostuvo que aprendió a leer y escribir por sí mismo. Y lo cierto es que escribía cuentos con ocho años y que antes de cumplir diez ya armaba unos relatos que han soportado con dignidad el paso del tiempo.

Son los cuentos de Capote antes de Capote, narraciones cortas e inéditas hasta ahora, escritas entre los 9 y los 19 años y que Anagrama rescata en 'Relatos tempranos'. Traslucen a un genio adolescente entregado con pasión a la escritura, lo más importante para el jovencísimo Capote que la describía ya como un "pequeño demonio". Se publicaron en Estados Unidos el otoño pasado y llegan a las librerías españolas este miércoles.

Cuando Lillie Mae Faulk se divorció, la alcohólica e inestable madre del futuro escritor envió a su único hijo a Alabama. Con cuatro años, el pequeño Truman quedó al cuidado de unas tías y anhelando el improbable regreso de su madre. Introvertido en extremo, superdotado e hipersensible, el crío se refugio en su contradictorio y complejo mundo interior. El Capote adolescente, qué tomó el apellido del segundo marido de su madre, el cubano Joe García Capote, blindaría ese universo como escudo de la hostilidad exterior.

Sería un chico amanerado y con voz picuda, plenamente consciente de la carga que suponía ser homosexual en el profundo sur -"marica" diría él- y en un entono de machismo salvaje. "Toda su obra se erige sobre las heridas de su infancia, sobre su vivencia como hijo indeseado (su madre quiso abortar) que nunca pudo experimentar el amor devoto e incondicional de unos padres siempre ausentes" escribe Anuschka Roshani, editora alemana de Kein & Aber y descubridora junto al director del sello, Peter Haag, de los 14 cuentos que permanecieron ocultos casi 80 años.

ARRUMBADOS

Hasta el verano de 2014 los cuentos estuvieron arrumbados junto a un puñado de poemas manuscritos en una de las casi 40 cajas de cartón que contenían el legado que el escritor donó a su muerte a la Biblioteca Pública de Nueva York. Roshani, que trabajaba con Haag sobre el legado, analiza en su epílogo la conexión entre vida y obra de Capote, mientras que Hilton Asl, crítico de The New Yorker, prologa la edición de Anagrama.

El propio Capote explicó como el trauma que le impulsó a escribir nace cuando, con solo dos años, su madre lo encerró en una habitación de hotel para irse de juerga. Se sentía profundamente desgraciado al cuidado de sus ancianas tías en Monroeville, y para demostrarlo llegó a beberse entero un frasco de perfume que olvidó su madre. Escritos entre 1935 y 1943, algunos de los relatos aparecieron en la revista del instituto y otros se ambientan en Nueva York, donde Capote se instaló determinado a triunfar como escritor.

Todos apuntan la rara genialidad y la voluntad de estilo que Capote desplegaría pronto en 'Otras voces, otros ámbitos', primera novela 'oficial' escrita con 23 años y aparecida en 1948, en 'Música para camaleones -magistral colección de relatos de madurez- y en 'Desayuno en Tiffany's' y 'A sangre fría' donde el gran Capote sabe ya que "el arte y la verdad no son necesariamente compatibles".

Con su desafiante precocidad, el joven Capote era ya un sarcástico observador del mundo. Da prueba de la mala baba que destilaría el áspero personaje que construiría en su vida adulta. Un ser mordaz, viperino, salaz en sus hirientes comentarios y ante quien no cabían las medias tintas: o se le admiraba o se le detestaba, según coinciden en destacar sus coetáneos.

Su ácido genio se anticipa en relatos en torno a los soledad y la imperiosa necesidad de ser querido que serán una constante en sus obras. Brilla en títulos como 'Los caminos se separan', 'La señorita Belle Rankin', 'Hilda', 'La polilla en la llama', 'Esto es para Jamie', o 'Tráfico Oeste'. Son todos textos anteriores a 'Miriam', el relato con el que se dio a conocer en 1945 en la revista Mademoiselle, y a 'Crucero de verano' la narración que Capote comenzó con 19 años, tenida hoy por su primera novela que él ocultó voluntariamente y que apareció en una subasta en 2004.

Plagados correcciones y tachaduras del autor -escritas "con su diminuta caligrafía, como excrementos de mosca"- los originales muestran ya su obsesión por depurar su estilo. "Esa melodía capotiana tan inconfundible" que según Roshani "rezuma por todo sus poros el aroma a tierra abrasada por los largos y tórrido veranos de los estados sureños: ese aroma un poco rancio y lleno de lúgubres presentimientos".

"No esperábamos que la mayor parte de su obras de juventud fueran tan maduras desde un punto de vista dramatúrgico, lingüístico y sentimenbal" apunta Roshani. Destaca su "gracia en el tono" y la "inteligencia emocional" de un Capote "capaz de escribir a los doce como otros a los cincuenta". "Estos relatos son precursores de 'Otras voces, otros ámbitos', cuya mejor lectura sería la de un reportaje sobre el terreno emocional y racial que contribuyó a formarle", asegura Hilton Asl.

Destaca el crítico que las historias "ocurren en mundos donde imperan el machismo y la pobreza, y la confusión y la vergüenza que tales lacras engendran". "La mejor narrativa de Capote -concluye Asl- es fiel a su homosexualidad, y decae cuando no logra zafarse de los modos del único modelo de varón gay que probablemente llegó a conocoer cuando crecía en Lusiasia y Alabama".

Advierte que a pesar del las limitaciones propias de un autor tan joven, lo que más le atrajo de los cuentos "fue que siempre brilló a pesar de su amaneramiento y que deseó expresar su forma de ser en una época que no era segura para los gays, porque eran arrestados en EE UU". "Capote -añade- concebía la verdad como una metáfora tras la que ocultarse, la mejor forma de mostrarse ante un mundo no precisamente cordial con un 'marica' nacido en el Sur y con una voz aflautada".
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