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PERIODISMO

García Abad "El periodista debe evitar dar lecciones a los políticos"

  • El director del semanario El Nuevo Lunes analiza la evolución del periodismo en los últimos 30 años

García Abad:

Medios gráficos durante una rueda de prensa de Soraya Sáenz de Santamaría.

EFE
29/02/2016 a las 06:00
  • EFE. MADRID
Una semana antes del 23F veía la luz el primer número del semanario El Nuevo Lunes, con información económica y social. Treinta y cinco años después, su director, José García Abad, aseguró que nunca dudó de la "larga vida" de este proyecto periodístico.

García Abad (Madrid, 1942) analiza cómo ha evolucionado el periodismo en estos años y, aunque reconoce el derecho de los periodistas a tener sus opiniones políticas, critica que caigan en la "tentación" de dar lecciones a los políticos.

Y lo más grave para este periodista es la "ligereza" con la que, a su juicio, muchos compañeros escriben sin contrastar debidamente su trabajo, ya que debería ser elemental en la tarea periodística y, sin embargo, parece que "la contrastación ha pasado a la historia como una antigualla".

El Nuevo Lunes nació el 16 de febrero de 1981. ¿Se imaginaba entonces que iban a permanecer 35 años después?

Estábamos muy preocupados. Un golpe de Estado no es el mejor marco para el nacimiento de un medio informativo. Incluso cuando el golpe fue abortado vivíamos un ambiente de fuerte inquietud ante la posibilidad de que se repitiera o a la resaca.

Nos preocupaba el riesgo de limitaciones a la libertad de expresión. Pero, por encima de nuestra preocupación, mandaba nuestro entusiasmo por lanzar un semanario que representaba una oferta útil, diferente a lo que había en el mercado. El Nuevo Lunes nacía independiente, crítico, se esforzaba en utilizar un lenguaje sencillo en los asuntos económicos. Nacimos con mucha moral. Nunca dudamos de que tendríamos larga vida.

El periódico fue enviado a los diputados de aquella época y casualmente fue la única lectura que tuvieron los parlamentarios retenidos por Tejero ¿Cree que hoy debe ser una lectura obligada para los diputados?

No tanto obligada pero si útil. La economía es siempre importante pero más en época de crisis y de grandes transformaciones. El Nuevo Lunes ofrece con rigor y lenguaje sencillo un material muy apreciable para el diputado que va más allá de la noticia. Me refiero a la contextualización y valoración del acontecer económico y algo de gran trascendencia parlamentaria: explicar a quién perjudica o puede perjudicar un proyecto de ley y a quien se beneficia de ella. Legitima o ilegítimamente.

¿Cómo ha evolucionado el periodismo en estos 35 años?

Ha tenido momentos de esplendor con el nacimiento de nuevos medios y grupos multimedia con recursos técnicos y humanos que permitieron mejoras en la calidad del producto. Fue muy importante el nacimiento de las televisiones privadas. Sin embargo, la crisis económica ha golpeado a la prensa más que a cualquier otro sector, con excepción del inmobiliario.

Los grandes medios escritos se han endeudado fuertemente lo que afecta seriamente a su independencia. Es una crisis que podemos considerar sistémica si tenemos en cuenta que la prensa no es un sector más sino una pieza clave para una democracia como Dios manda.

La crisis ha generado un deterioro de la condición del profesional. Las empresas han hecho una selección contraria a lo que recomiendan las escuelas de negocios. Han despedido a los mejores, los más caros, confiando tareas muy sensibles a los más 'baratos', becarios y recién contratados con bajos sueldos.

La prensa escrita se encuentra en una encrucijada tremenda entre lo vegetal (el papel) y lo digital.

Mi juicio sobre las televisiones es muy crítico. La basura ha alcanzado niveles tan altos que perjudica seriamente a la salud ciudadana. En cambio la radio, en general, me parece un buen ejemplo.

¿Qué hacemos mal los periodistas para que los ciudadanos tengan mala opinión de nosotros?

El periodista no es el mayor culpable del deterioro de la calidad periodística. Depende en parte de los problemas de sus empresas. Deberíamos huir de la tentación corporativista y reconocer nuestros errores. Lo más grave es la ligereza con que muchos compañeros escriben sin contrastar debidamente su trabajo. Parece que la contrastación, que debería ser elemental en la tarea periodística, ha pasado a la historia como una antigualla. Especialmente en los medios digitales.

¿Cómo se recupera la credibilidad perdida?

Recuperando los valores perdidos. Los prodigiosos medios de difusión que representa Internet son muy útiles como instrumentos pero no hay que olvidar que el buen periodismo sigue siendo esencialmente una labor artesanal: de investigación, seguimiento de los temas e, insisto, de contrastar la información que recibimos que puede estar envenenada, puede responder a intereses más o menos confesables.

Los periodistas debemos tener muy presente que somos servidores al público de algo tan sensible como la información.

¿Se ha instalado la autocensura y la comodidad en la profesión?

La autocensura es la forma actual de la censura. Es la censura más eficaz, más peligrosa como condicionante invisible. Y representa un ataque al autoaprecio profesional y moral del periodista que se ve obligado a practicarla. Lo cómodo es adaptarse a ella, a los códigos secretos de cada empresa. Todas ellas tienen sus materias reservadas, sus personajes protegidos y a veces entablan enconadas luchas de intereses en las que el periodista se ve obligado a participar. A coger el fusil. Resistirse a estos códigos puede representar el despido o dificultades para la promoción.

¿Comodidad? Es vedad que, con frecuencia, algunos compañeros prescinden de una investigación a fondo y tiran de Google.

¿Deben posicionarse políticamente los periodistas?

Obviamente el periodista tiene derecho, como todo el mundo, a sus opiniones políticas pero debe extremar las precauciones para no sesgar sus informaciones. Debe separar claramente la información y la opinión. Y, desde luego, debe evitar dar lecciones a los políticos que es una tentación en la que solemos caer.

El Nuevo Lunes nació para acercar la información económica y política. ¿Sigue teniendo la misma vocación?

Es fiel a sus principios y uno de ellos es nuestro esfuerzo para divulgar en términos sencillos algo tan complejo como a veces resulta la actividad económica. Ahora la gente tiene más y mejor cultura económica que entonces debido, entre otras razones, a la crisis y al escarmiento por numerosos casos de fraude masivo. Sigue siendo necesario extremar esfuerzos por explicarnos con claridad.

Entregan anualmente los Premios Transparencia Informativa. ¿Los políticos actúan con transparencia o podrían mejorar?

Estamos muy orgullosos de esta iniciativa que empezó cuando nadie hablaba de la necesidad social pero también económica de una transparencia efectiva. Hoy todo el mundo lo acepta y se ha convertido en un tópico, en retórica que no siempre se corresponde con la realidad. Los políticos, los de antes y los de ahora, en su mayoría, son un ejemplo de todo lo contrario. De ocultar por medio de la palabrería lo que verdaderamente piensan. Las posibilidades de mejora son inmensas.

En lo que a los diputados se refiere, lo facilitaría un cambio del sistema electoral que permitiera a los electores individualizar sus preferencias obligando a los candidatos a un esfuerzo por ganar el voto con su credibilidad.

Espero que en el futuro inmediato, con un parlamento más plural, le resulte más difícil al Gobierno que finalmente se forme ocultarse en la opacidad.

Ha estado muy vinculado a la información económica y política. ¿Le hubiera gustado hacer otras cosas?

Empecé en el periodismo económico. Eran los tiempos del franquismo y la información económica permitía mayor libertad expresiva que la política, aunque también muy limitada. La disciplina del periodismo económico, que exige precisión, rigor, te enseña a que no es igual ocho que ochenta, me ha sido muy útil cuando escribo de política.

Sigo escribiendo sobre asuntos económicos pero me apasiona más la política y fundé una revista muy política, "El Siglo", que ya ha cumplido 25 años. He hecho otras cosas, libros, políticos y de ficción.

En su día recibí ofertas para entrar en política que rechacé sin dudarlo un momento. Me considero un librepensador, una condición incompatible con el compromiso partidario.
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