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Literatura

Sánchez Ferlosio, el 'plumífero anfetamínico'

  • La ingente obra ensayística y los artículos de gran escritor y premio Cervantes se reúnen en cuatro volúmenes

El escritor Rafael Sánchez Ferlosio.
El escritor Rafael Sánchez Ferlosio.
EFE
  • COLPISA. MADRID
Actualizada 11/12/2015 a las 06:00
Cuando un clérigo da lugar a un escándalo se aparta del mundo discretamente y se dice que lo hace para dedicarse a "altos estudios eclesiásticos". Este fue el eufemismo vaticano para proteger, por ejemplo, a sacerdotes acusados de pederastia. Y a él recurrió Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927) cuando en 1955 se apartó del mundo literario y renegó de su éxito. Abominaba de ‘Alfanhuí’, del ‘bombazo’ de ‘El Jarama’, y pretendía apartarse de los focos. "Durante 15 años me sumergí en la gramática y la anfetamina", explica el gran narrador y ensayista que huyó, sí, del "grotesco papelón del éxito" literario sin dejar de escribir como un poseso atiborrado de anfetaminas.

"A mí no me hizo falta ningún obispo que me retirase, sino que me bastó con el inmenso genio de Karl Bühler -autor de ‘Teoría del lenguaje’- y la irresistible sugestión teórica y expositiva de su obra para retirarme de la circulación y dedicarme a los ‘altos (o bajos) estudios gramaticales’ durante quince años. Nunca me lo he pasado mejor" explicó el propio Ferlosio en ‘La forja de un plumífero’, su único texto netamente autobiográfico.

Y a este relato se remitió, más de medio siglo después, para presentar en conversación con el filósofo y antropólogo y "cómplice intelectual" Tomás Pollán (León, 1948) ‘Ensayos I. Altos Estudios Eclesiásticos’ (Debate). Es el primero de los cuatro volúmenes que en el próximo año y medio recogerán todos sus ensayos y artículos. Son la punta del iceberg de las decenas de miles de páginas que a caballo ente la gramática, la filosofía y la política escribió Ferlosio, premio Cervantes 2004 y tenido hoy por el prosista y ensayista más capaz y brillante de las letras españolas.

Son los escritos de su "época gloriosa" y "no deberían asustar" advierte Ignacio Echevarría, crítico y editor de las cuatro entregas del gran desafío que son estos ‘Ensayos reunidos’. "Sánchez Ferlosio es un excelente gramático que nunca actúa exclusivamente como tal, sino la que gramática le sirve como marco para otros temas", apunta Echevarría, que completará la ambiciosa recuperación editorial con ‘Gastos, disgustos y tiempo perdido’, ‘Entre Escila y Caribdis’ y ‘Babel contra Babel’.

Se pone así orden en un magma de escritos muy diversos, algunos inencontrables, surgidos de la torrencial escritura de Ferlosio que fueron viendo la luz de manera intermitente a lo largo de muchos años. "Aquí está la prehistoria del genio de un gran ensayista y el semillero de sus preocupaciones en los 40 años siguientes" dijo Echevarría de unos textos "que resumen mejor que ninguna otra las preocupaciones cruciales de la reflexión ferlosiana". No en vano, Pollán compara la vasta obra de Ferlosio con "la cuenca fluvial del Amazonas o el Orinoco, un gran río con muchos brazos".

DISCURSO CAUDALOSO

El casi nonagenario escritor mantiene un discurso tan caudaloso y con tantos meandros como sus textos y su pensamiento. Dio prueba de su portentosa memoria en una conversación con Pollán solo apta para filósofos avezados. A velocidad de vértigo, atropellándose a sí mismo, pasó Ferlosio de Saladino y los martirios de San Vicente y San Esteban a Calvino y Max Webern, de Turgéniev a los primitivos poetas arábigos, de Deleuze a Newton o Leibniz, de Hegel a Anaxágoras. De categorizar ángeles y espíritus, a hablar de predestinación, ‘otreridad’ y apocatástasis, o a recordar como los jesuitas les instaban en el colegio "a no tocaranos la pilila para no condenarnos".

Ilustró ademas sus argumentos con citas en latín y griego y poemas cuyos versos buscó y halló con esfuerzo en lo más hondo de su portentoso cerebro. "El triunfo final del bien sobre el mal es un tópico de muchas religiones" dijo al abordar el concepto de ‘victoria final’ que aborda en ensayos. "Que Dios nos proteja si los malos son más que los buenos", ironizó, afirmando que a veces "se quiere que sea la cualidad de la bondad la que gane por su propia esencia".

"Primero incurrí en ‘la prosa’, o sea ‘la bella página’ (Alfanhuí); después quise divertirme con el habla (El Jarama), y finalmente, tras muchos años de gramática, encontré la lengua (representada no tanto en la última novela, sino particularmente en los escritos no literarios)" explica Sánchez Ferlosio en ‘La forja de un plumífero’.

El primer volumen recoge los escritos más ligados a aquellos años de dedicación a la gramática: ‘Las semanas del jardín’, ‘Guapo y sus isótopos’, las ‘Glosas castellanas’ y la traducción y notas del ‘Victor de l’Aveyron’ de Jean Itard, que se recupera tras más de veinte años. Random House publicó este mismo todos los ‘pecios’ y recuperó la obra de ficción en el sello Debolsillo.

Acaso el miembro más relevante de la generación del cincuenta, Sánchez Ferlosio fue un revulsivo de la literatura española de posguerra, y hoy es su patriarca. ‘Industrias y andanzas de Alfanhuí’ (1951) fue su primer libro, pero se consagraría en 1955 con la publicación de ‘El Jarama’, ganador del premio Nadal ese mismo año y premio de la Crítica 1956. Influenciado por el neorrealismo italiano y su tono crítico, pesimista y grave, jalonó su trayectoria con títulos híbridos como ‘Y el corazón caliente’ (1961), ‘Dientes, pólvora, febrero’ (1961) o ‘Las semanas del jardín’ (1974), además de la novela ‘El testimonio de Yarfoz’ (1986) y el volumen de cuentos ‘El Geco’ (2009).

Ferlosio ha despuntado en las últimas décadas por agudos ensayos como ‘Mientras no cambien los dioses nada ha cambiado’ (1986), ‘La homilía del ratón’ (1986) o los aforismos reunido en ‘Vendrán más años y nos harán más ciegos’ (1993), con el que ganó el Nacional de Ensayo y el premio Ciudad de Barcelona en 1994. Por toda su trayectoria se le otorgó el Premio Cervantes en 2004 y el Nacional de las Letras Españolas en 2009.
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