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ARTE

Louise Bourgeois regresa del infierno: "Y fue maravilloso"

  • El Museo Picasso Málaga acoge una exposición con 101 obras de la artista

Vista desde abajo de la escultura
Vista desde abajo de la escultura "Araña 1996" en el patio del Museo Piscasso de Málaga
EFE
  • AGENCIAS. MADRID.
Actualizada 11/06/2015 a las 06:00
"He estado en el infierno y he vuelto. Y permíteme decirte, fue maravilloso”. En esta frase que Louise Bourgeois (París, 1911 – Nueva York, 2010) bordó con 88 años en un pañuelo está la esencia de la gran exposición que el Museo Picasso Málaga dedica a una de las artistas más originales, relevantes e influyentes del siglo XX. Con 101 obras realizadas entre 1938 y 2009, es la retrospectiva más amplía realizada en España de esta poliédrica ‘mujer araña’, una escultora de emocionas que creó a partir de sus obsesiones, temores, inseguridades, complejos y culpas.

Más de un tercio de las de las piezas reunidas por el museo malagueño no se habían expuesto jamás. Hay casi cincuenta esculturas de bronce, tejido, látex y aluminio, una celda-célula y una pintura que se exhiben junto a otro medio centenar de obras en papel y textiles, muchas de ellas de gran formato o realizadas en series. La mitad son posteriores al año 2000, cuando la artista era ya octogenaria.

No falta ‘Araña’ (1996), una de las legendarias esculturas de bronce de Bourgeois, que gracias a estos inteligentes arácnidos que simbolizan la maternidad se ganó el sobrenombre de ‘mujer araña’. Con ocho metros de diámetro y tres de altura, instalada en el patio de la pinacoteca malagueña, es una de esas piezas que se disputan museos de todo el mudo y de las que atesoran ejemplares icónicos el Guggenheim de Bilbao o el Reina Sofía de Madrid, aunque Manuel Borja-Villel la oculte en sus depósitos.

La fugitiva, Soledad, Trauma, Fragilidad, Estudios naturales, Movimiento eterno, Relaciones, Dar y recibir y Equilibrio son las nueve series que ofrece la muestra malagueña. Su comisaria es Iris Müller-Westermann, conservadora de arte Internacional Moderna Museet de Estocolmo, que concibió este exhaustivo recorrido por la compleja y fascinante obra de Bourgeois a lo largo de siete décadas. "El arte es una huida, no un destino", aseguraba Bourgeois, orgullosa de "hacer, rehacer y destruir como me da la gana" y empeñada en "expresar los devastadores efectos de las emociones".

Nacida en el seno de una familia con recursos, el taller de restauración de tapices medievales y renacentistas que regentaba sus padres marcaría la trayectoria de Bourgeios, que tiene en los textiles uno de sus materiales fetiche y que simboliza en las protectoras arañas a su madre tejedora.

Reconocimiento tardío

Instalada en Nueva York desde 1938, vinculada al American Abstract Artists Group, expone por primera vez en 1945. Pero el reconocimiento crítico y comercial de una creadora tan rara como poderosa fue más que tardío. Había cumplido 71 años cuando el MoMA le dedicó una retrospectiva en 1982, la primera exposición individual de una mujer en el museo neoyorquino.

Original, diversa, lírica y siempre autobiográfica, la obra de Bourgeois se adentra en la memoria, la sexualidad, la maternidad, la soledad o la frustración. "Pero no toda su vida fue oscura", advierte la comisaria. Con piezas de todo los tamaños y materiales -bronce, madera, acero o mármol, o innovando con tela y caucho- Bourgeois recurre a formas orgánicas sexualmente explícitas, emocionalmente agresivas, que hablan de vulnerabilidad del ser humano y su necesidad de protección, en un entorno amenazante y turbador. "Se enfrentaba a lo sentimiento, no huía de ellos, les daba forma", resume la comisaria.

En sus esculturas, dibujos, instalaciones, grabados sobre tela, ensamblajes o figuras de trapo confeccionadas con remiendos, afloran todos los temores y obsesiones de Bourgeois, que se psicoanalizó durante cuarenta años y que dejó miles de páginas escritas sobre sus preocupaciones plásticas y vitales, como su temor al rechazo y al abandono, la ternura, la violencia y su búsqueda de autoafirmación. "He intentado toda mi vida convertir a la mujer de un objeto pasivo a un sujeto activo", aseguraba una creadora que no se tenía por feminista pero a quien tomaron por bandera feministas y homosexuales.

Creadora infatigable, no cesó de trabajar hasta su muerte. Muy activa hasta los 98 años, analizó a través de su obra la experiencia de ser mujer en el siglo XX. De su talante da prueba el retrato que la hizo Robert Mapplethorpe, que fotografió a la octogenaria y risueña Bourgeois sosteniendo una escultura con un enorme falo. No conoció a Picasso en persona pero lo admiró desde que en 1938 vio su gran exposición neoyorquina que incluía el Guernica. Fue un enorme impacto. La obra del malagueño le pareció "tan hermosa y de tal genialidad que estuve un mes sin pintar", según contó. La carrera de Bourgeois presenta coincidencias con la de Pablo Picasso. Nacidos ambos en familias de clase media, crearon lo mejor de su obra lejos de su país. La innovación y la experimentación marcaron sus largas trayectorias y la obra de ambos, que se puede contrastar ahora en Málaga, se reveló como una referencia crucial para los creadores que les sucedieron.

La muestra del museo malagueño duplica casi el número de piezas que reunió ‘MAL haya QUIEN mal piense’ en 2012 en La Casa Encendida de Madrid, que se limitaba a los últimos diez años de la creadora franco-estadounidense. El Reina Sofía organizó una década antes la pionera retrospectiva española de Bourgeois y el CAC de Málaga ofreció otra en 2004.


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