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Arte dramático

La pamplonesa Natalia Huarte, del teatro local a los grandes escenarios

  • La actriz ultima en Madrid los ensayos de una obra de Calderón de la Barca con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Natalia Huarte es la infanta María en el montaje de la CNTC 'Enrique VIII y la cisma de Inglaterra'

Natalia Huarte interpreta a la infanta María en la obra de la CNTC

Sergio Parra
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18/02/2015 a las 06:00
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  • Ana Martín Labairu. Pamplona
La primera vez que subió a un escenario y, por unas horas, dejó de ser la pamplonesa Natalia Huarte Sota para ser Mirandolina fue en segundo de Bachillerato, cuando protagonizó 'La Posadera', de Carlo Goldoni, en el taller de teatro del instituto Navarro Villoslada. Por esta obra recibió una mención especial a mejor actriz autonómica en los Premios Buero de Teatro Joven de Madrid.

Desde entonces, ha tenido numerosas ocasiones para superar el miedo escénico y ha llegado hasta la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), donde ha representado, dentro de la rama joven, 'La noche toledana' y 'La cortesía de España', ambas de Lope de Vega.

Lo hizo después de licenciarse en Interpretación en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y de completar su formación en The Michael Chekhov Acting Studio (Nueva York).

Estos días, ultima los ensayos de 'Enrique VIII y la cisma de Inglaterra', una versión de la obra de Calderón de la Barca que prepara la CNTC ya con actores adultos y que se representará, a partir del 27 de febrero, en el Teatro Pavón de Madrid.

¿Sobre qué trata 'Enrique VIII y la cisma de Inglaterra'?

La obra plasma la problemática de Enrique VIII, rey de Inglaterra. Todo empieza con un sueño extraño que tiene el monarca, en el que aparece una mujer, tras el que se despierta muy asustado. En ese momento, está empezando a cobrar fuerza la reforma luterana y él tiene mucho miedo de separarse de la Iglesía católica. Le cuenta a Pasquín, su bufón y también su confesor, que ha aparecido una mujer que no sabe quién es y que le ha trastornado mucho.

Justo ese mismo día llega a la corte Ana Bolena. Al verla, se queda asombradísimo porque es la mujer con la que ha soñado esa misma noche. A partir de ahí, se desencadena una serie de sucesos que hace que el rey termine pidiendo la descoronación de su esposa, Catalina de Aragón, y casándose con Ana Bolena.

Catalina es desterrada y el reino empieza a ir cada vez de mal en peor. El rey al final se entera de que Ana Bolena no le está siendo fiel y la manda decapitar. Así que la obra es un drama histórico que termina en tragedia. A la infanta María la acaban coronando reina.

¿A quién interpretas y cómo es tu personaje?

Soy la infanta María, la hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Mi personaje es muy curioso porque tiene un recorrido muy grande, aunque mi texto no es realmente mucho.

Empiezo como una niña que está admirada con su madre y con su padre, educada en la corte, con mucha frescura. La llegada de Ana Bolena le encanta. Es un aire novedoso, hasta que empieza a ser víctima de todos los sucesos que ocurren: sufre en el palacio muchísimo porque primero la separan de su madre durante un tiempo, luego la destierran junto a ella y, cuando Catalina finalmente muere, llega ella, ya casi madura -aunque sigue siendo muy joven-, a reclamar el trono y a pedirle justicia al rey.

Es un personaje muy interesante porque, en el poco tiempo que tiene para mostrarse, se ve cómo madura a lo largo de la obra.

Trabajas con un actor de la talla de Sergio Peris-Mencheta ('Al salir de clase', 'Isabel', 'Los Borgia', 'Residente Evil: Afterlife', etc.). ¿Qué estás aprendiendo de él?

Su forma de trabajar es hacer viva cada día la escena. Se preocupa de que el texto no suene a verso sino a algo vivo, y eso me está haciendo aprender mucho. Trabaja siempre las escenas desde la verdad y así el texto suena muy orgánico y muy sincero. Tengo mucho espacio para poder escucharle y para verle. Además, fuera de escena hay muy buen rollo con él. Estoy aprendiendo a trabajar siempre dándolo todo.

¿Desde hace cuánto tiempo trabajáis en la obra y cuántas horas al día dedicáis a los ensayos?

El 15 de diciembre empezamos con unas primeras lecturas. Paramos cinco días en Navidades y retomamos. Los horarios que tenemos son de 9.30 a 15.30 horas. Es una intensidad brutal. Desde el 15 de diciembre hasta el 27 de febrero que estrenamos, tenemos mucho tiempo para investigar la obra. Y encima se nos queda corto.

El texto pertenece al siglo XVII. ¿Sigue estando de actualidad?

Sí, totalmente. Y más ahora, con la cuestión de la política y esta situación tan inestable. Hay un verso que el director destaca, que es "Las pasiones del alma no las gobierna el poder". Lo dice Enrique VIII y define muy bien la obra.

Plantea que un gobernante tiene que tener clarísimo que debe controlar sus pasiones y sus apetencias individuales para poder estar a la altura de gobernar el país porque, si se deja llevar por esos impulsos, echa al garete el gobierno, como se ve perfectamente en 'La cisma de Inglaterra'. Enrique VIII se enamora de Ana Bolena y deja de hacer su trabajo como rey, lo que lleva al país a un gran declive.

Es un tema de actualidad presente en el enriquecimiento de los gobernantes, en los chanchullos que se ven entre los políticos...

Después de las representaciones en Madrid, trasladáis la obra, en julio, al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. ¿Cómo lleva una pamplonesa tener que trabajar en plenos Sanfermines fuera de su ciudad?

Bueno, ya me ha pasado: este es mi tercer año consecutivo en el que la primera quincena me pilla justo en Almagro.

Como no los ves, no los echas tanto de menos, pero el día 6 me pondré el pañuelo como todos los 6 de julio allá. Siempre hay gente de Navarra por ahí, así que al final hacemos un poco de piña y celebramos nuestro propio chupinazo.

Los echas un poco en falta, pero la verdad es que, entre poder trabajar en el festival de Almagro o Sanfermines, de momento, elijo Almagro.

¿Imaginas tu futuro siempre en Madrid?

Madrid es donde estoy trabajando y a la vez formándome como actriz y donde estoy teniendo mis primeras experiencias profesionales. Pero estoy muy abierta a cualquier sitio en el que vea que puedo encajar profesional o personalmente. No estoy cerrada ahora mismo a ninguna ciudad, ni a ningún país, ni a nada.

Tu primer contacto con los escenarios tuvo lugar cuando interpretaste 'La posadera'. ¿La pasión por este trabajo viene de antes?

Sinceramente, no. En realidad ni me lo planteaba. No era una de mis opciones, pensaba estudiar otra carrera: Traducción en Interpretación, Empresariales, Economía...

Pero, claro, subirte a un escenario con 'La Posadera' a los diecisiete años, que estás en ese momento de plena decisión sobre cómo encarrilar tu vida, y descubrir que eso es algo que te llena tanto... pues fue decisivo para mí.

Te adentraste en el mundo laboral en el momento en el que comenzaba la crisis económica. ¿Te ha afectado personalmente en tu profesión?

Sí, porque poco después de empezar hubo unas reformas importantes en el INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música) y ciertos aspectos afectaron a las giras, a los días que cobramos del mes, a reestructuraciones que ha habido...

Como he empezado en esa crisis, no puedo comparar, por eso no tengo una sensación de que he perdido. Pero conozco lo que había antes y lo que hay ahora y creo que estamos en un momento difícil para iniciar proyectos. Es una situación muy complicada que nos hace estar abiertos a vivir al día. Es lo que nos pasa ahora a los jóvenes, que tenemos que vivir al día, no hay manera de tener proyectos a la vista, no podemos.

¿La concentración a la hora de actuar permite percibir las reacciones del público?

Sí. Ahora me estoy dando cuenta de que es importantísimo encontrar un equilibrio entre cuando trabajamos con el compañero en la escena y cuando tenemos que tener en cuenta al público para formar este trío entre uno mismo, el otro actor y lo que pasa fuera, que es el espectador, casi un tercer personaje de la obra. A veces se nos olvida que están viéndonos y a veces nos olvidamos de que tenemos un compañero al lado.

Además de las tres obras realizadas en la Compañía Nacional, has interpretado papeles en textos más contemporáneos. ¿Qué registro prefieres?

Para mí es muy motivador cualquiera de los dos géneros. Los primeros años en la Compañía Joven me acostumbré a hacer verso.

Después, por ejemplo con 'Mejor historia que la nuestra' -que representamos en el Teatro Lara en noviembre-, tuve la oportunidad de hacer un texto contemporáneo. Eso te hace poder respirar de otra manera porque son palabras que entiendes como las de hoy en día y las incorporas y te suenan muy familiares.

En el verso no puedes tener esa relajación. Pero no tengo una predilección solo por uno, la verdad es que me gustan los dos tipos de géneros.

También has protagonizado dos cortos ('Te voy a tener que contar un cuento' -2014- y 'Escala en Madrid' -2015-). ¿A qué ámbito te gustaría dedicarte: teatro, cine o televisión?

El audiovisual ha sido una experiencia maravillosa esta última vez. El equipo ya había trabajado en cine y me enseñó mucho. Es otra historia, una aventura. Ojalá pudiera seguir rodando y trabajar en cine o en televisión más a menudo.

Pero el teatro tiene el directo y el contacto con el público. Los escenarios me siguen motivando muchísimo. El audiovisual es otro género pero, ahora que lo he descubierto un poco, es totalmente equiparable al teatro.

En estos momentos el trabajo te deja poco tiempo libre pero, cuando finalicen las representaciones, tendrás que buscar un nuevo proyecto. ¿Aporta estabilidad la profesión de actriz?

No, eso es algo que tienes que asumir desde el principio. Realmente no existe una estabilidad como pueden tener otras profesiones, pero supongo que el trabajo y seguir haciendo tu camino y tu línea hacen que al final vayas encontrando proyectos.

Cuando paras, también puedes dedicarte a hacer talleres, a seguir formándote... Eso hace que estés en continuo reciclaje. No hay que desanimarse ni cansarse porque esta profesión es parones, proyectos... De repente se juntan tres trabajos y de repente no tienes nada. Hay que tener los pies en la tierra y seguir apostando por lo que un día decidiste. Eso se hace a través del aprendizaje y de la creación de nuevos proyectos entre gente que conoces, con mucha paciencia y mucho trabajo.

¿Tienes ya nuevos proyectos en mente?

Ahora mismo no. Como he dicho, vivo al día. De momento, no tengo la suerte (buena o mala) de que se me acumulen trabajos, por lo que voy paso a paso haciendo mi camino. Estoy en la Compañía Nacional, salió por ejemplo el rodaje del corto y lo hice. Poco a poco, lo que vaya viniendo. Espero a que lleguen nuevas cosas, pero sin ninguna prisa.
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