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LITERATURA

Julio Llamazares: "Ser apátrida te da mayor libertad"

Llamazares, durante la entrevista.

Llamazares, durante la entrevista.

EFE
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13/02/2015 a las 06:00
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  • EFE. MADRID
Al escritor Julio Llamazares le han preguntado muchas veces en su vida qué supuso para él haber nacido en un pueblo que quedó sumergido bajo un pantano. La respuesta es Distintas formar de mirar el agua, una novela coral sobre el destierro forzoso, "la ruina de la patria", la memoria y el dolor.

"El ser apátrida tiene algo de bueno porque te da mayor libertad", afirma en una entrevista Llamazares, cuya nueva novela, publicada por Alfaguara, refleja el dolor y el desarraigo de cuantos se vieron obligados a abandonar sus pueblos por la construcción de una presa, tanto en la España franquista como en plena democracia.

"Yo siempre he dicho que los damnificados por los pantanos son los judíos españoles del siglo XX, y, de hecho, muchos de los habitantes de esos pueblos guardaron las llaves de sus casas aunque sabían que las iban a destruir, como hicieron los judíos cuando fueron expulsados de España", comenta el escritor.

"Eran las llaves de su memoria, de su corazón, de su pasado, no las de las casas", añade Llamazares, que nació en 1955 en Vegamián, un pueblo leonés que quedó anegado, junto con otras cinco localidades, por el pantano del Porma en 1968, construido por Juan Benet, gran escritor e ingeniero de caminos.

Llamazares salió de Vegamián con dos años, antes por tanto de que su pueblo desapareciera, pero ha conocido muy de cerca esa experiencia a través de amigos de sus padres y de familiares. También siguió la polémica que suscitó el pantano de Riaño, en la provincia de León, que se construyó bajo el mandato de Felipe González.

"La gente no sabe lo que cuesta el agua, no sólo económicamente, sino el sacrificio moral, sentimental, la fractura social que produce", comenta Llamazares antes de asegurar que, "tarde o temprano", él estaba "condenado a escribir esta novela", a la que ha dedicado solo un año de trabajo, cuando "lo normal" en su caso son "tres o cuatro años".

"Tengo la impresión de que ha sido una novela escrita como al dictado, porque es algo que se ha ido madurando como cuando tienes un tumor dentro de ti y llega un momento que estalla", señala este poeta, narrador y articulista que siempre parte, al escribir, "de sentimientos, de recuerdos y de pensamientos".

Esa es "la sustancia de la escritura. El objetivo del escritor es producir electricidad poética, que el lector tenga la sensación de meter los dedos en un enchufe. La literatura tiene que dar calambre", subraya el autor de obras como Luna de lobos, La lluvia amarilla o Las lágrimas de san Lorenzo.

Y calambre produce "la fractura emocional" que refleja Llamazares en Distintas formas de mirar el agua.

En la novela, la muerte del abuelo reúne a todos los miembros de una familia en torno al pantano en el cual van a arrojar sus cenizas.

Ese campesino recio que se vio obligado a abandonar su pueblo cuando se construyó el pantano del Porma será el único que no hable en el libro. Lo hacen por él todos los demás personajes, incluido Juan Benet, con una cita que cierra el libro.

Y es que "ese mismo territorio es el que Benet transformó en su región literaria", comenta Llamazares, que tuvo una relación "peculiar" con el autor de Volverás a Región.

Cuando Llamazares conoció a Benet, el autor madrileño lo miró de arriba abajo y le dijo: "O sea, que tú te hiciste escritor gracias a mí". Y al joven poeta que por entonces era el escritor leonés aquello le sonó a insulto, a provocación, y le respondió: "Y tú eres un gilipollas".

"Luego, he llegado a pensar que no le faltaba parte de razón, y es que Benet era consciente de que el trauma que causa la construcción de un pantano no puede pasar en vano para nadie", añade el novelista leonés, que luego normalizó su relación con el autor madrileño.

La arquitectura de Distintas formas de mirar el agua recuerda a las tragedias griegas, en las que "cada personaje cuenta la misma historia desde su perspectiva". Cada uno llevaba una máscara "y la suma de todas esas máscaras sería la del autor".

"Al final, mi libro es una pequeña 'Odisea', la gran novela que representa la vida de todos los hombres. El personaje principal es un Ulises que no puede volver porque Ítaca ha dejado de existir, y solo regresa al pantano después de muerto y en forma de cenizas", comenta.

Lo bello y lo siniestro impregnan esta novela y tienen mucho que ver con esa otra imagen que Llamazares guarda para siempre en su retina: la de Vegamián, cuando vaciaron el pantano en 1983, y el escritor vio las ruinas que quedaban del pueblo, entre ellas su casa y la escuela donde su padre daba clases.

"Había una trucha muerta entre el lodo. Era el paisaje del día después del fin del mundo", concluye.
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