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Literatura

Joachim Meyerhoff o el arte de reinventar el pasado

  • Su novela 'Que todo sea como nunca fue' ​es parte de una trilogía autobiográfica iniciada por 'América'

Joachim Meyerhoff o el arte de reinventar el pasado

Protada del libro 'Que todo sea como nunca fue', de Joachim Meyerhoff.

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Actualizada 21/01/2015 a las 10:51
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  • Efe. Berlín
El escritor alemán Joachim Meyerhoff, cuya novela 'Que todo sea como nunca fue' acaba de ser publicada en español, llegó relativamente tarde a la escritura, tras trabajar treinta años como actor de teatro, y lo hizo con un ciclo en el que el recuerdo y la invención se mezclan permanentemente.

'Que todo sea como nunca fue' (Seix Barral), cuya edición alemana apareció en 2013 y fue finalista del Deutscher Buchpreis, forma parte de una trilogía autobiográfica iniciada por 'América' y que deberá cerrarse con un tercer tomo que Meyerhoff está escribiendo.

Cada uno los tres libros es un acto de duelo: el primero por uno de sus hermanos muerto en un accidente, el segundo por su padre y el tercero estará centrado en sus abuelos. Sin embargo, ese duelo se hace desde el humor y desde la recuperación de los momentos felices.

'Quería que fuera un libro divertido y mezclar la risa y el dolor', explica el escritor.

Meyerhoff, de 47 años, vio el proyecto desde el comienzo como una empresa novelística, en la medida en que en ningún momento quiso reconstruir documentalmente su autobiografía -'no leí una sola carta, ni anduve visitando los lugares de mi infancia', reconoce-, sino se dedicó a bucear en los recuerdos.

En la entrevista, Meyerhoff escucha la traducción alemana de un poema de Antonio Machado que él desconocía y que acaso tiene que ver con su novela: 'Se miente más de la cuenta/por falta de fantasía./La verdad también se inventa'.
'Siento ese poema muy cerca', dice Meyerhoff. 'En principio es una variación de la idea que anima mi libro, que inventar es recordar', explica.

'No quería ser un arqueólogo, quería reservarme el derecho a inventar el pasado', añade.

Lo curioso, según Meyerhoff, es que en el proceso de escritura se dio cuenta de que la invención era también una forma de descubrir cosas que él no recordaba.
'He inventado cosas que corresponden al recuerdo de los otros', agrega tras insistir en que el pasado es un territorio que está mucho más abierto de lo que creemos.

Meyerhoff empezó a escribir hace unos siete años, al cumplir los 40, tras una larga experiencia como actor que, de alguna manera, le sirvió para desarrollar una gran sensibilidad hacia el lenguaje.

'Cuando uno aprende de memoria durante años textos maravillosos desarrolla una gran sensibilidad hacia el lenguaje', explica.

'Además, llega un momento en que, después de encarnar permanentemente historias de otros, uno empieza a preguntarse quién es uno mismo', agrega.

Hasta que llegó ese momento, a Meyerhoff nunca le había parecido que su biografía fuese algo digno de ser escrito, aunque poco a poco empezó a darse cuenta de que no era así, empezando por el hecho de que creció en un hospital psiquiátrico, dirigido por su padre.

'Para mí era algo normal, pero era la locura y yo tenía una percepción especial de todo ello', explica.

La locura, y los pacientes del psiquiátrico cuyos gritos Meyerhoff oía en la noche, son clave de 'Que todo sea como nunca fue'.

La casa de su infancia, situada en el centro del recinto del hospital, era como un bastión de normalidad aunque, si se mira más de cerca, los dos mundos, el de la enfermedad y la normalidad, estaban más mezclados de lo que pudiese parecer a primera vista.

'Mis ataques de ira, que describo, me convertían un poco en un paciente más, lo mismo que las crisis nerviosas de mi madre. Y había pacientes que parecían muy tranquilos y muy normales. Una de las cosas que muestro es que nuestra idea de locura es algo muy vago y que está fijado socialmente', dice.

La historia de Meyerhoff, como escritor, es la de alguien que, tras encarnar durante tres décadas las voces de otros como actor, se lanzó a la búsqueda de su propia voz, lo que le exigió dejar de medirse con todo lo que había leído antes.
'Cuando uno ha leído mucho no es fácil encontrar su propia voz; si uno se compara permanentemente con alguien como Samuel Beckett, termina por no escribir nunca una sola línea', dice.

La casa en la que creció Meyerhoff es ahora una unidad más del hospital psiquiátrico juvenil y su habitación infantil la ocupan ahora niños de la edad que él tenía en aquellos tiempos.
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