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Isabel Coixet, la primera española en inaugurar la Berlinale

  • El festival arrancará con su filme 'Nadie quiere la noche', rodada en el círculo polar ártico

Fotograma de 'Nadie quiere la noche'

Fotograma de 'Nadie quiere la noche'

EFE
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10/01/2015 a las 06:00
  • EFE. Nueva York
Isabel Coixet es, desde este viernes, la primera cineasta española en inaugurar uno de los grandes festivales del mundo, la Berlinale, el mismo que la descubrió con su obra de debut y que arrancará con 'Nadie quiere la noche', rodada en el círculo polar ártico y que define como la película "más difícil" de su vida.

"Es un festival que me lo ha dado todo, que de alguna manera me ha legitimado como directora. Cuando yo había hecho 'Cosas que nunca te dije' no es que a nadie le gustara, es que nadie la quería ver y todo el mundo me decía que estaba loca. El hecho de estar allí significó 'bueno, existo'", explicó la directora en Nueva York, donde recibió la buena noticia.

'Cosas que nunca te dije' se estrenó en 1996 en la sección Panorama, pero pronto Coixet dio el salto a la competición con 'Mi vida sin mí' (2003) y 'Elegy' (2008), si bien nunca se ha llevado uno de los cotizados Osos de Berlín.

"Con un oso de peluche o un Paddington me conformo. Soy de muy buen conformar", bromeó, aunque con Darren Aronofsky como presidente del jurado oficial no acaba de ver la conexión. "Si lo decimos por 'Réquiem por un sueño' a lo mejor. Si lo decimos por 'Noah' no sé...", añadió.

Aun así, Coixet irá el 5 de febrero a Berlín dispuesta a medirse a nombres como Terrence Malick en la pugna por el palmarés con una película que, protagonizada por Juliette Binoche, Rinko Kikuchi y Gabriel Byrne, cuenta la historia de Josephine Peiry, la mujer del explorador ártico Robert Peiry.

Peiry es "una mujer valiente, temeraria, muy estricta y cabezota" que en 1908 decidió ir a buscar a su marido a Ellesmere, en Canadá, justo para celebrar que él había descubierto el Polo Norte, pero en el accidentado trayecto vive una aventura épica en la que establecerá una peculiar relación con Allaka, una inuit.

Igual de épico y de peculiar ha sido el rodaje, cuyos exteriores se tomaron en el círculo polar ártico de Noruega a temperaturas bajo cero, recordó la directora.

"Llegar al rodaje era una aventura. Ya llegabas helado. A partir de ahí, conseguir pensar y hacer la lista de planos del día... cada cosa era un esfuerzo. Mover a los ochenta perros, a los trineos, la comida era espantosa...", rememoró.

La idea original, no obstante, no era suya, sino del guionista Miguel Barros, experto en ambientes naturales extremos desde 'Blacktorn', de Mateo Gil, ambientada en el salar de Uyuni (Bolivia).

"Escribió un guión impecable, extraño, impredecible. Lo primero que pensé al leerlo es que era maravilloso; lo segundo, cómo se podía hacer. Todavía hoy pienso: ¿cómo lo pudimos hacer?", aseguró Coixet, que dijo, entre bromas: "Si ahora me ofrecen hacer 'Interstellar 2', la hago".

Pero 'Nadie quiere la noche', aunque arranque "con hielo, perros, avalanchas, gente que se cae el hielo e inuit", acaba siendo "otra cosa", dijo la realizadora catalana.

Esa "otra cosa" es un territorio bien conocido para la ganadora del Goya por 'La vida secreta de las palabras', lo que llama "la extraña intimidad que se crea entre dos mujeres que son tan diferentes".

"Si que hay algo que está en todas mis películas es el culto a la intimidad, retratar esa intimidad, hacer que el espectador se sienta testigo de una intimidad que le está vedada", describió.

Y en ese "universo femenino enclaustrado en un mundo profundamente masculino, como era el de los exploradores del ártico", Coixet reconoció que acaba conectando más con el supuesto primitivismo de Allanka que con el carácter occidental de Peary.

"Me identifico más con la esquimal que con Josephine Peary. Estoy en un momento, como dicen en Nueva York, de 'no bullshit', de ser absolutamente políticamente incorrecto y decir lo que pienso y me parecen las cosas. De intentar ser fiel a lo que realmente siento", aseguró.

Por eso dice que no le gustaría, en principio, volver a Cannes tras los abucheos recibidos por 'Mapa de los sonidos de Tokio' por la siguiente razón: "Cuando en un restaurante he discutido con alguien o he tenido un desengaño amoroso, yo no puedo volver a ese restaurante".

En Berlín, en cambio, aunque sabe que la primera película "es la que se expone a que te den todos los palos del mundo", también entiende que "abrir la Berlinale significa que los del festival nos van a hacer una fiesta increíble y que la película tendrá más posibilidades de verse en todo el mundo".

Y, de paso, Coixet aportará un poco de exotismo a la alfombra roja, no solo por ser la primera española en inaugurar la Berlinale, sino por probablemente ser también la primera en llenarla de esquimales para que acompañen a Binoche, Byrne y Kikuchi.

"Quiero que venga el equipo inuit. Han hecho un trabajo enorme en la película", concluyó.
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