Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Cine

La película 'La historia interminable' cumple treinta años

  • Colin Arthur, especialista en maquillaje y efectos especiales, participó en la adaptación

En primer plano, Colin Arthur, especialista en efectos especiales

En primer plano, Colin Arthur, especialista en efectos especiales

EFE
0
Actualizada 06/12/2014 a las 12:34
Etiquetas
  • EFE. Madrid
El dragón blanco Fujur, la tortuga Morla y todo el universo fantástico ideado por Michael Ende en 'La historia interminable' aterrizaron hace hoy treinta años en las pantallas de cine españolas en un filme que, con un presupuesto de más de cuarenta millones de dólares, fue en su día la mayor superproducción del cine alemán.

Rodada en su mayor parte en los Estudios Bavaria de Múnich -y algún exterior en Almería-, la cinta se convirtió en un éxito mundial y marcó la imaginación de una generación, gracias a una novela que fue un 'best seller', traducido a 27 idiomas, y a una fauna que, en buena parte, salió de la cabeza y las manos de Colin Arthur.

El artista inglés, que había empezado su carrera en el cine haciendo las caras de los simios de '2001, Odisea en el Espacio', fue contratado por el entonces joven productor Bernd Eichinger, que había comprado los derechos de la novela, antes incluso de que se uniera al proyecto el director definitivo, Wolfgang Petersen.

"Llegué a Múnich con un equipo de cuatro españoles. Aún no había un guión completo, ni dibujos, y empecé a trabajar sobre la novela", relató el especialista en maquillaje y efectos especiales, durante una visita al estudio que abrió en Madrid a mediados de los ochenta.

A él se unieron otros dos expertos de diseño, Brian Johnson y Ul de Rico, y se encerraron durante siete meses para dar forma al universo fantástico de la novela de Ende, antes de empezar a rodar.

Así se hizo visible la famosa historia de Bastian, un niño que se refugia de sus problemas en la lectura de un misterioso libro que le introduce en el Reino de Fantasía, en el que habitan seres como ese dragón con cara de perro sobre el que volaba el guerrero Atreyu, el monstruo Comepiedras o la vieja y sabia tortuga Morla.

"El primer personaje que creamos fue el Caracol Veloz. Salió de mi imaginación. Una vez que se acepta ese diseño, los demás tienen que adaptarse y seguir esa línea", explicó Arthur, que a sus ochenta años permanece en activo y aplicando técnicas artesanales casi extinguidas por la avalancha digital.

"Ahora se está volviendo a ellas, por ejemplo en la nueva 'Star Wars'", apuntó Víctor Matellano, cineasta y autor de la biografía de Colin Arthur, que ha rodado varios títulos con él. El último, el cortometraje 'La cañada de los ingleses'.

Discípulo de Stuart Freeborn (el creador de Yoda) y ganador de un Goya por 'La Grieta' (1990), Arthur transforma las caras de los actores con maquillaje y prótesis y crea 'animatronics', muñecos y marionetas manipulados mecánicamente, a partir de moldes de barro y relleno de látex.

Después del Caracol llegó el dragón Fujur, una aparatosa estructura de catorce metros de largo, fabricado con látex, escamas, plumas y lana de angora, y relleno de un montón de cables con tensores que movían veinte marionetistas coordinados por un director de orquesta.

De Rico le pasaba los dibujos, él los retocaba y les daba forma.

Si toda esa fauna -Gmork el hombre lobo, los gnomos Engywuck y Urgl- fue decisiva en el éxito de la película, no menos impacto tuvo la canción compuesta por Giorgio Moroder y cantada por Limahl, un artista de peinado inolvidable, pero del que no volvió a escucharse nada después de aquello.

Tampoco los niños actores llegaron muy lejos. Ni Tami Stronach -la Emperatriz Infantil, que no volvió a hacer cine hasta este mismo 2014, en el que ha reaparecido en una cinta polaca- ni Barrett Oliver -el niño protagonista, que sí rodó algún título más en los ochenta-.

Mucho se ha hablado también del enfado de Michael Ende con los responsables de la adaptación de su novela . "Les deseo que les agarre la peste. Si estuviera en mis manos, hundiría esa película en el Vesubio", llegó a decir, según cuenta Matellano en su libro.

Para Ende, que se embolsó 300.000 marcos por los derechos (unos 150.000 euros al cambio de hoy), aquella cinta no era más que "un gigantesco melodrama comercial a base de cursilería, peluche y plástico". El escritor se negó a aparecer en los créditos, aunque curiosamente sí lo hizo en la segunda parte que se estrenó en 1990.

En cualquier caso, está claro que no pensaron lo mismo que el escritor ni los millones de espectadores que llenaron las salas de cine, ni el mismísimo Steven Spielberg, fan de la película, que se hizo con el Auryn original, el medallón con dos serpientes que llevaba Atreyu (Noah Hathaway) en el filme.

Se dice que lo conserva en un tarro de cristal en su oficina.
Etiquetas
Selección DN+



Comenta el contenido
Tu opinión nos interesa Tu opinión nos interesa

Rellena el siguiente formulario para comentar este contenido.






(*) Campo obligatorio

Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Solo 0,27€ al día (Suscripción Anual)
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra