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LITERATURA

El thriller como clave de aprendizaje

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Actualizada 24/06/2013 a las 10:42
  • EFE. MADRID
Una novela de aprendizaje trenzada con los mimbres de un "thriller". Es la definición que de "La verdad sobre el caso Harry Quebert" hace su autor, el suizo Joël Dicker, quien a sus 28 años recién cumplidos es ya un fenómeno planetario con esta obra ambientada en Estados Unidos y traducida a 33 lenguas.

Protagonizado por Marcus Goldman, un joven escritor que se enfrenta al síndrome de la hoja en blanco tras un primer y arrollador éxito editorial, este monumental y crítico retrato de la sociedad estadounidense "no es en absoluto autobiográfico", aclara Dicker, que está en Madrid para promocionar su novela.

La edad y la "determinación" son los dos únicos puntos en común entre el protagonista y su autor, concede en una entrevista este licenciado en Derecho de origen francés y ruso, quien ganó el Premio Goncourt de los Estudiantes y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa 2012 con esta obra de más de 600 páginas.

Una obra que Dicker empezó con la idea de que fuese una novela de suspense y fue evolucionado hasta convertirse en lo que es: "una mezcla de géneros, pero que es un libro de aprendizaje en el fondo".

Editada por Alfaguara, que se hizo con los derechos para la publicación en español en España, América Latina y Estados Unidos en una reñida puja, "La verdad sobre el caso Harry Quebert" parte, como cualquier buena novela policiaca que se precie, de un crimen.

Y tres décadas después, coincidiendo con los meses previos a la elección presidencial que llevaría a Barack Obama a la Casa Blanca, aparece el cadáver de Nola Kellergan, una compleja Lolita, en el jardín de Harry Quebert, exprofesor y único amigo de Marcus Goldman, quien dedicará todas sus energías a tratar de exculpar a su mentor.

Para Dicker, un libro "debe conseguir transportar" al lector, arrancarle de la realidad y "más ahora que con crisis la moral está baja", por eso su único objetivo es "dar placer" con su escritura, que para él es, dice, "una forma de libertad".

Adictiva, la novela de Dicker alterna las épocas (desde los años 50 del siglo XX hasta 2009); los tipos de escritura (informe policial, transcripción de una entrevista, articulo de prensa, extracto de una novela...), y los puntos de vista de los personajes, con múltiples ángulos y continuos giros inesperados.

Explora, además, la América de los excesos, desde los mediáticos, judiciales, religiosos o puramente empresariales, y reflexiona sobre la búsqueda del amor -"la más importante en la vida", considera-.

Con "Portrait of Orleans", de Edward Hopper, en la portada, la novela tiene una estructura de precisión de relojería suiza, el engranaje de la novela atrapa al lector desde el prólogo y lo zarandea por sus 31 capítulos, encabezados como pequeñas píldoras con consejos que Harry Quebert da a su expupilo Marcus Goldman sobre cómo escribir un buen libro o cómo enfrentarse a la vida.

"Dos cosas dan sentido a la vida: los libros y el amor", concluye Dicker en el epílogo de su exitosa novela, la segunda que publica tras "Los últimos días de nuestros padres", ambientada en la Segunda Guerra Mundial y que Alfaguara tiene previsto editar en 2014.

Fue esa obra la que le permitió entrar en el mundo editorial al ganar el Premio de los Editores Ginebrinos 2010 al mejor manuscrito.

Con un padre profesor y una madre librera, a quienes dedica "La verdad sobre el caso Harry Quebert", Dicker devoró todo tipo de libros desde su infancia y empezó a escribir relatos muy pronto. Tiene sus cuatro primeras novelas guardadas en un cajón.

Con más de 750.000 ejemplares vendidos en Francia, Suiza y Bélgica de su exitoso "thriller", que en España se sitúa ya entre los primeros en las listas de ventas cinco días después de ser publicado, Dicker disfruta de un momento "muy impresionante" y sufre el "vértigo" que le produce un cierto sentimiento de irrealidad: "Ni en mis sueños más locos me habría imaginado algo así", dice.

Ese "algo así" son los premios cosechados, las excelentes críticas recibidas, la formidable respuesta del público y las 33 lenguas a las que va a ser traducida su novela, descrita como un cruce entre Stieg Larsson, por su hábil uso de los resortes del "thriller"; Nabokov, por la creación de una nueva Lolita; y Philip Roth, a quien Dicker admira tanto como a Roman Gary, Paul Auster, Jonathan Frazen o Gabriel García Márquez.

Dicker, que está en conversaciones para llevar su novela a la gran pantalla, siente que esta notoriedad le sitúa el "listón muy alto", pero tiene claro dos cosas: que en el oficio de escritor lo importante es "perdurar" y que un buen libro es aquel que "lamentamos haber terminado".
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