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PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS

El Príncipe apuesta por una España con un "proyecto de convivencia"

El Príncipe Felipe y la Princesa Letizia a su llegada a la ceremonia de entrega de los Premios Príncipes de Asturias 2012 celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo.
El Príncipe Felipe y la Princesa Letizia a su llegada a la ceremonia de entrega de los Premios Príncipes de Asturias 2012 celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo.
EFE
  • EFE. OVIEDO
Actualizada 27/10/2012 a las 09:49
El Príncipe de Asturias afirmó que el futuro de España debe construirse "con un pie firme en el presente y con una decidida voluntad de superar los desencuentros", preservando emociones y sentimientos compartidos para trabajar con "respeto" y confianza mutua "en un mismo proyecto de convivencia". 

Don Felipe ha hecho esta reflexión en el discurso que pronunció en la solemne entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2012, ante la princesa Letizia, la reina Sofía, los galardonados y los 1.600 invitados a la ceremonia, en el Teatro Campoamor de Oviedo.

Su alocución estuvo salpicada de referencias a las dificultades que acarrea la crisis he hizo hincapié en "los sacrificios que están haciendo tantos españoles" y en la exigencia que ello supone para que los políticos aborden "la gran tarea de encauzar y dar respuesta a los graves problemas que vivimos".

Así, llegó a decir que los españoles viven "momentos decisivos" de su historia, lo que obliga a todos a dar "lo mejor de nosotros mismos" e hizo hincapié en que sus diferencias deben respetarse siempre dentro del Estado de Derecho.

"Son tiempos extraordinariamente complejos y difíciles", apuntó el heredero de la Corona, que insistió en que "también son tiempos de mirar hacia el futuro con esperanza y responsabilidad, tiempos para la convivencia".

Ese valor de la convivencia fue otro de los argumentos más reiterados en su exposición porque, al reflexionar sobre "la España que queremos en este siglo XXI", los "cambios muy profundos" que está experimentando la sociedad, la economía y la política, remarcó que exigen "nuevas mentalidades y nuevas actitudes".

Se trata, prosiguió, de "elevar la mirada y ampliar nuestro horizonte hacia el futuro, con una mente abierta, con valentía y con ambición de avanzar y de estar en vanguardia".

"Los españoles tenemos ante nosotros nuevos objetivos comunes en los que trabajar unidos, concentrando toda nuestra energía para llevar a España por el camino del siglo XXI", añadió.

En un mundo, recordó, que "avanzará cada vez más hacia una integración política y económica", las respuestas a los "enormes desafíos" que se avecinan deben ser "globales", y sólo serán superados, dijo el príncipe, "si todos los españoles colaboramos y caminamos en la misma dirección".

Evocó en este sentido la importancia que la convivencia tiene en la historia reciente de España porque los españoles han aprendido a expresarse y "a escuchar y valorar ideas distintas" así como a "resolver nuestras diferencias" respetando las leyes "en el marco de nuestro Estado de Derecho" que, enfatizó, "tantos sacrificios nos ha costado alcanzar".

Es en este punto de su discurso cuando el Príncipe de Asturias aludió al "patrimonio extraordinario de libertad, respeto y civismo" acumulado que los españoles "debemos cuidar, proteger, acrecentar y perfeccionar".

Porque el futuro por el que apuesta don Felipe debe construirse "con un pie firme en el presente y una decidida voluntad de superar los desencuentros, preservando los afectos y manteniendo vivas las emociones y los sentimientos que compartimos, forjados a través de nuestra historia común".

"Un futuro basado en el respeto y la confianza mutua entre todos los españoles y en el que podamos trabajar cada uno con su propia personalidad y con espíritu constructivo en una empresa común, en un mismo proyecto de convivencia", manifestó en la misma línea.

Pero también dedicó parte de su discurso al papel que políticos e instituciones deben desempeñar ante la crisis, porque los "sacrificios" que asumen los ciudadanos "acentúan más ese deber de todas las instituciones del Estado de servir a los ciudadanos" y ello "atendiendo en todo momento a los intereses generales".

El compromiso, explicó don Felipe, debe ser "de todos", con un espíritu de colaboración "compartido"; "sé que no es nada fácil para muchos ciudadanos mantener alto el ánimo", admitió, si bien hizo hincapié en que es necesario alentar "lo mucho que tenemos de positivo", ayudando a "proyectar una buena imagen de nuestro país que aliente la esperanza del conjunto de los ciudadanos".

Como receta para recuperar ese "espíritu colectivo" invocó "valores extraviados en los últimos tiempos, aunque nunca definitivamente perdidos", de los que los galardonados son buen ejemplo porque "dignifican a las personas y a sus obras".

"Nuestros premiados nos ayudan a mantener viva la esperanza", prosiguió antes de ensalzar a quienes "anteponen la ética y el compromiso a cualquier deseo banal y el bienestar común al propio" porque "nos impulsan hacia esa vida más completa, más digna y mejor que anhelamos para todos".

Así, de los galardonados Iker Casillas y Xavi Hernández, subrayo que la "ejemplaridad" brilla en ambos futbolistas, que "son un modelo para los jóvenes por su deportividad y buen juego, pero también por su actitud conciliadora y por esa amistad de años", de manera que con ellos también se premia "la grandeza de espíritu".

Igualmente hizo semblanza del arquitecto navarro Rafael Moneo, que trabaja "con la lucidez e inteligencia de quien es plenamente consciente de que su labor puede y debe mejorar la vida de sus semejantes" y de la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, cuya "grandeza y solidez de pensamiento" se reconocen hoy.

Sobre Shigeru Miyamoto, creador de "Super Mario", manifestó que es digna de elogio la capacidad de sus videojuegos para provocar "emociones y sentimientos positivos" en los jugadores, con creaciones que "huyen siempre de la violencia".

Al escritor Philip Roth, el único premiado ausente en la ceremonia, le agradeció la "experiencia única e irrepetible" que proporcionan sus novelas, en tanto que al biólogo Gegory Winter y al patólogo Richard Alan Lerner les agradeció su "inteligencia, vocación y compromiso".

La "labor gigantesca" de la Cruz Roja y la Media Luna Roja hizo a estas organizaciones merecedoras de reconocimiento por "prevenir y aliviar el sentimiento humano" mientras que del Banco de Alimentos ha valorado su "extraordinario ejemplo de qué es civilización, un permanente ejemplo de justicia".


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