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Cómo cumplir propósitos de año nuevo

La neurociencia y la psicología saben por qué causan adicción y por qué abandonamos, En estas fechas nos planteamos objetivos llevados por la emoción y porque imaginar “es
terapéutico”

  • Solange Vázquez
Actualizada 06/01/2021 a las 06:00

Estamos en los primeros días de enero y nuestros propósitos de año nuevo quizá aún no han sido puestos en práctica (después de Reyes mejor, ¿no?, que todavía tenemos que comernos el roscón y vaguear un poco antes de ponernos las pilas en todo). O también puede ser que hayamos empezado ya con estos cambios vitales... y veamos con horror que ya empiezan a hacer agua. “Según la mayoría de las estadísticas, el 95% de las llamadas resoluciones de año nuevo no llegan a pasar del 15 de enero. Pero, según mi propia experiencia, esas estadísticas son muy optimistas. Ni siquiera el 5% de ellas llega a ponerse en marcha”, explica Emilio Calvo, conferenciante especializado en transformación personal y coach. ¡Pero qué desastre! ¿Cómo podemos ser tan poco constantes? Que no cunda el pánico. Todavía estamos a tiempo de salvar los trastos.

Antes, debemos hacer una reflexión sobre por qué el ser humano tiene esta adicción a plantearse, cada comienzo de año, una batería de medidas para mejorar su vida. Calvo, que también es formador y autor de Elige tu destino, cree que es porque en estas fechas, tras hacer balance y una especie de auditoría de nuestra propia vida, detectamos errores y aspectos mejorables y “el comienzo de un nuevo año nos hace sentir la emoción de que todo puede cambiar y de que tenemos una oportunidad para empezar de nuevo”. Emoción, sí. Y, a veces, poco más. He ahí el problema.

“Desde esa emoción, expresamos nuestros sueños, nuestras esperanzas. Pero un sueño o anhelo no es un objetivo. Si realmente quisiéramos conseguir algo (perder peso, ganar más dinero, hacer deporte), ¿por qué esperar al 1 de enero? ¿Por qué no empezar en cualquier momento?”, argumenta Calvo. ¡Ay, porque nos gusta tanto fantasear...! Es más, no es que nos guste, es que lo necesitamos. Así lo explica Francesc Núñez, sociólogo y profesor de los Estudios de Artes y Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya: “Tendemos a creernos nuestra propia propaganda sencillamente porque es una práctica terapéutica, porque imaginar produce placer, aunque luego no logremos cumplir nuestro propósito en su totalidad”. Vamos, que imaginar un futuro mejor nos hace sentir bien.

Así de simples -o de complejos- somos. Porque, a la hora de plantearnos los objetivos de año nuevo, se desencadena una tormenta en nuestro cerebro. El profesor de psicología y neurociencia Diego Redolar, compañero de universidad de Nuñez, explica que en la formulación de nuevos propósitos intervienen dos partes del cerebro: la primera es la parte frontal ventromedial, profundamente vinculada a las emociones, y la segunda, la parte dorsolateral, mucho más vinculada al razonamiento y la conciencia. Son partes diferenciadas, pero en la toma de decisiones y en la formulación de nuevos propósitos trabajan interconectadas. Eso sí, a veces hay una guerra entre ellas: “Cuando empieza un año o un curso escolar estamos muy motivados, más de la cuenta, y la parte emocional del cerebro prevalece sobre la parte racional a la hora de hacernos propósitos, lo que hace que, a la hora de la verdad, nos cueste mucho cumplir”, detalla Redolar. Así que, a su juicio, para lograr los objetivos planteados debemos ser un poco aguafiestas y frenar el entusiasmo de nuestro cerebro, reforzando la parte más lógica. “Hay que forzar nuestra mente para que valore de forma racional las especificidades del momento, los recursos reales y el tiempo que tenemos para cumplir lo que nos exigimos”, apunta Redolar.

Moderar la emoción y ser más realistas. Bajo estas premisas en las que coinciden los expertos, avaladas por la psicología y la neurociencia, vamos a intentar enderezar la situación para ayudar a cumplir nuestros propósitos para 2021. Atención a estas cinco claves.

Nada de mañana... Hazlo... ¡ya!

La procrastinación, es decir, la práctica de posponer el comienzo de algo, en este caso de un cambio de hábitos, es uno de los principales enemigos de los propósitos de Año Nuevo. Cuanto más pospongamos un propósito, más posibilidades hay de que no salga adelante.
Para Enrique Calvo, la clave es “no contarnos historias: diferenciar entre lo que nos gustaría (un deseo) y lo que realmente es un objetivo”. Y pasar a la acción de inmediato. Sin excusas.

Ajusta tus expectativas Sin exigencias exageradas

El cerebro, en nuestro camino por conseguir nuestros objetivos, va a intentar sabotearnos. Es así de majo. ¿Por qué? Si asocia dolor al esfuerzo que implica alcanzar un propósito, nos va a bombardear con pensamientos negativos para que abandonemos. “¡Nuestro cerebro está diseñado para la supervivencia! Todo lo que sienta como un esfuerzo y un gasto de energía le lleva a crear pensamientos negativos encaminados a que abandonemos”, alerta Calvo. ¿Cuál es la solución para que nuestra mente no nos sabotee? Ponernos metas lógicas, alcanzables. Todas ellas supondrán cierto grado de sacrificio al principio -cuando se conviertan en costumbre dejarán de serlo-, pero debe ser algo asumible.

Para establecer metas de forma inteligente podemos utilizar el llamado método Smart (specific, measurable, attainable, relevant, time bound). Esto significa: específico, medible, alcanzable, relevante, limitado en el tiempo; es decir, no propósitos abstractos sino concretos. “Este método te obligará a analizar cada uno de los objetivos y comprender si son o no viables”, aconseja Aída Rubio, psicóloga y coordinadora del equipo de psicólogos de TherapyChat.

Quien mucho abarca... Cuidado con la cantidad
Si tienes muchos propósitos para cumplir, tu día a día se volverá estresante y te generará un malestar que acabará con tus buenas intenciones... ¿Cómo luchamos contra ello? “Con un motivo importante que tire de ti”, desvela Calvo. Por eso, mejor concentrar la energía en unos pocos propósitos. Encontrar unos pocos 'motores', pero potentes.

Ojo con los plazos Paciencia... relativamente
Adelgazar, ponerse en forma, aprender algo nuevo, dejar alguna adicción, leer más, dormir más horas... Con las nuevas rutinas no debemos esperar resultados inmediatos. Porque, si no, viene la frustración, un sentimiento que nos inhibe a la hora de emprender cambios, sobre todo cuando es acumulativo. En lugar de abandonarnos a esta sensación, podemos aprender de ella: “Debes ver los motivos que te han hecho fracasar en tus propósitos de años anteriores”, propone la psicóloga Aida Rubio.

Haz seguimiento Mide tus éxitos

No vale de nada plantearse unos objetivos en enero y no ir comprobando si te estás acercando a ellos o no. Tu cerebro necesita saber exactamente qué medios vas a poner para conseguir el objetivo (una hoja de ruta) y, cuando llegues a una fecha concreta, evaluar qué tal te va. “Esta clave medible hace que tu cerebro no se cuente historias y se centre en lograr lo que te has propuesto”, indica Calvo, quien considera que mucha flexibilidad no es buena. Hay que saber darse tiempo, pero también comprometerse con esas resoluciones que hemos adoptado: “Resolución tiene que ver con 'resolver' y con estar 'resuelto', decidido a lograr algo. Y, en argot jurídico, que ya no hay lugar para recurrir”.

Escríbelos, cuéntalos... La hoja de ruta para cumplir objetivos

Si quieres cerrar 2021 con muchos de tus planes logrados, esta es una buena hoja de ruta.
-Preguntarnos qué queremos conseguir este año y confeccionar una lista con nuestras respuestas. Sí, sí, por escrito. El poder de la escritura es increíble: poner un plan negro sobre blanco manda un mensaje al cerebro de que ya ha empezado la acción. Ya hemos hecho algo.
-Apuntar por qué hemos escogido estos propósitos y responder qué nos aportan.
-Observarlos con ilusión y escoger tres que sean nuestra prioridad. Por si en algún momento se pone la cosa difícil y hay que centrarse en algunos. Mejor conseguir tres que fracasar en diez.
-Preguntarnos cómo conseguiremos hacerlos realidad. Concretar y organizarnos: qué, quién, cómo y cuándo. Si no, el cerebro lo interpretará como una fantasía, un anhelo, algo sin consistencia práctica, y va a poner impedimentos, porque no tiene ganas de perder el tiempo.
-Poner la lista en un lugar visible. Es una manera de no olvidar y de reforzar nuestras intenciones cuando flaqueen.
-Contar a nuestros allegados nuestros propósitos. Así sentiremos 'presión social'. De la buena.


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