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CURIOSIDADES

Spiderman no tiene límites

Algunas de sus escaladas son legales e incluso son actos publicitarios, pero en ocasiones ha sido detenido e incluso expulsado del país

La Torre Agbar de Barcelona.

La Torre Agbar de Barcelona.

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Actualizada 25/11/2016 a las 19:29
  • COLPISA. BARCELONA

Spiderman existe más allá de los tebeos de la Marvel y las películas de Hollywood. No se enfrenta a malvados villanos ni utiliza sus telas de araña para volar de edificio en edificio. Es francés, su alter ego (cuando no está en acción) es Alain Robert y este viernes en Barcelona completó una de las muchas proezas que atesora su currículum como superhéroe urbano: escaló los 144 metros de la torre Agbar sin cuerdas, redes de seguridad, ni nada que le garantizara un mínimo de estabilidad. Culminó la subida y el descenso en poco más de una hora.

El secreto de Robert es que no tiene miedo (ni vértigo). Lo lleva demostrando desde 1995, cuando saltó a la fama tras trepar hasta lo más alto de la torre Montparnasse, en París. Desde entonces, el Hombre araña francés, así se hace llamar, que se presenta como un superhéroe que no tiene poderes sobrenaturales, ha escalado hasta lo más alto de los rascacielos más impresionantes del mundo. El récord lo estableció en 2011, al conseguir el ascenso de los 828 metros de la torre Burj Khalifa de Dubai. Otras proezas de Spiderman son la torre Petronas (452 metros), en Kuala Lumpur, la Willis Tower (442) de Chicago o por supuesto la torre Eiffel (313), en París. Así que la torre Agbar, en la clasificación de rascacielos, no figura entre las cimas de ochomiles del Himalaya, pero motiva al galo, porque ya se ha enfrentado al rascacielos que se ilumina de noche en tres ocasiones. La primera en 2006, la segunda un años después, y la última, este viernes.

El edificio Agbar, que en el futuro se convertirá en un hotel de cinco estrellas, fue diseñado por el arquitecto Jean Nouvel y está cubierto por miles de pequeños paneles de cristal, como si fueran piezas de un gran mosaico, que permiten al edificio cambiar de color a su gusto. Estas placas de cristal sirvieron a Spiderman para poder trepar por el edificio. Su posición horizontal para que durante el día entre la luz natural hacía la función de escalón para Robert, que en algunos casos pide autorización para sus retos y en otras no. Esta vez no solicitó el visto bueno municipal y rechazó toda ayuda. Cuando iba por el sexto piso (la torre tiene 34), los bomberos, desde dentro del edificio, le quisieron echar un cable, pero Spiderman siempre se enfrenta al enemigo en solitario. "Cuando escalo rascacielos no hay efectos especiales ni redes de seguridad", suele afirmar con orgullo. No hay trampa ni cartón. Sube a pelo, sin arnés, solo con sus manos y sus pies. Al rato alcanzó la cima, superó en altura a la Sagrada Familia, que está muy cerca de allí, y por un momento tuvo Barcelona a sus pies.

Por poco tiempo, porque cuando descendió, los Mossos d'Esquadra, que habían acordonado la zona y habían montado un perímetro de seguridad en el entorno de la torre, por si se caía, le instaron a que se identificara y, sin poner ninguna resistencia, le trasladaron a una comisaría en una patrulla policial. Spiderman se expone a una sanción administrativa, que gustosamente pagará alguno de los muchos sponsors que le patrocinan las 'performances'. De hecho, está acostumbrado a ello. Algunas de sus escaladas son legales e incluso son actos publicitarios, pero en ocasiones ha sido detenido (en París, en 2010, tras subir la torre GDF Suez y también en Moscú o Lisboa) e incluso expulsado del país (2007, en China, después de subir la torre Jin Mao de Shangai). Alain Robert ya piensa en su próximo reto. Los superhéroes solo tienen un límite: su condición humana.

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