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RH POSITIVO - ORGANIZACIONES OPTIMISTAS

"Si quieres empleados productivos, necesitas líderes optimistas que contagien confianza"

La directora de RH Positivo, Belén Varela, participó en la jornada "Del absentismo a la gestión de la presencia" y habló sobre cómo usar el optimismo para lograr el compromiso y la productividad de los empleados

Belén Varela, directora de RH Positivo-Organizaciones Optimistas

Belén Varela, directora de RH Positivo-Organizaciones Optimistas.

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Actualizada 16/03/2016 a las 00:44
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  • Edurne Suberviola. Pamplona
Dos de cada tres personas desconocen cuáles son sus fortalezas y no saben qué es lo mejor que pueden aportar en su trabajo diario. Un abrumador y sorprendente dato que, en opinión de Belén Varela, abogada especializada en psicología positiva y directora de RH Positivo-Organizaciones Optimistas, debe llevar a las empresas a descubrir y desarrollar las capacidades singulares de sus empleados, porque es la forma de que produzcan mucho más con menor esfuerzo y la empresa crezca y mejore sus resultados económicos. 

Además, aboga por implantar el optimismo en las empresas y lo define como el "alimento de la creatividad, de la perseverancia, de la superación y del cambio". Incluso afirma que las personas optimistas son menos absentistas y más productivas.

Miembro de la International Positive Psychology Association y presidenta de Aedipe Galicia, Varela colabora como profesora en escuelas de negocios e imparte cursos y conferencias sobre gestión del optimismo, liderazgo y fortalezas humanas. Es autora del libro "La rebelión de las moscas" y de un conocido blog, y fue la ponente principal de la jornada "Cambio de enfoque: del absentismo a la gestión de la presencia", que organiza Mutua Navarra y que se celebró el lunes 16 de noviembre en la sede de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN). En su intervención se centró en cómo utilizar el optimismo para lograr el compromiso y productividad de los empleados, a través de experiencias prácticas que han logrado un descenso del absentismo.

Ahora que parece que vamos saliendo de la crisis, las empresarios tienen que afrontar nuevos retos con unas plantillas que han pasado por dificultades económicas como EREs, reducciones de sueldos, despidos… en las que reina la desmotivación y el pesimismo. ¿Qué medidas se pueden tomar para implantar el optimismo en los trabajadores?
Estamos en un momento en el que debe aflorar la resiliencia organizativa, la capacidad de reponernos y superarnos. El optimismo no consiste en creer que las circunstancias serán buenas, sino en confiar en los propios recursos para hacer frente a nuestros desafío. Desde mi experiencia, lo más importante no es poner el foco en un futuro positivo, sino en nuestros recursos para hacer frente a cualquier realidad futura. Sin embargo, las capacidades son el gran desconocido de las empresas. Hemos construido departamentos, funciones y tareas y hemos definido espacios de trabajo para que las personas se adapten. ¿Qué sucede cuando lo hacemos al revés? ¿Podemos construir la organización desde el talento de los empleados? Este es un momento para esta nueva perspectiva.

Cada persona tiene capacidades singulares y de la suma de esas singularidades emerge el carácter extraordinario de cada empresa. Lo que sucede es que muchas personas ni siquiera saben en qué son buenas; dos de cada tres personas desconocen sus fortalezas y, por tanto, no saben qué es lo que pueden aportar en su trabajo diario. Cada vez estoy más convencida de que el talento es líquido, no se puede envasar en competencias o funciones predefinidas porque se adapta a ese molde y todo lo que no quepa ahí se derrocha. Cuando una empresa descubre y desarrolla las capacidades singulares de sus empleados, las personas producen mucho más con el mismo o con menor esfuerzo y la empresa crece en potencial y en resultados.

¿Qué beneficios conlleva ser una empresa optimista?
El optimismo es el alimento de la creatividad, de la perseverancia, de la superación y del cambio. A partir de esta base se construyen todos los demás beneficios, ambiente de trabajo, innovación, o solución constructiva de problemas. Las personas optimistas son menos absentistas y más productivas. Los equipos que se sienten eficaces rinden más y se establecen metas autodesafiantes.

Es posible que el optimismo no sea la única característica necesaria para el funcionamiento óptimo de una organización pero es, sin duda, el inductor de todas las demás.

¿Qué aspectos o departamentos son fundamentales para conseguir ese objetivo?
Es fundamental que los directivos, los responsables de equipos y todos aquellos que tienen personas a su cargo, se esfuercen en conocer y fomentar el talento de cada persona. Aunque algunos estudios afirman que solo uno de cada diez líderes está capacitado para dirigir equipos, la experiencia me ha demostrado que cuando les damos herramientas de comunicación -principalmente de escucha-, el liderazgo aumenta exponencialmente. Lo que sucede es que casi todos hemos aprendido a descubrir debilidades y corregirlas, no a descubrir fortalezas y ponerlas en valor.

¿Qué acciones pueden llevar a cabo las pymes para avanzar en esta dirección?
La formación en la capacidad de liderazgo positivo es una inversión de bajo coste y alta rentabilidad. Otra acción fácil de implantar es el análisis de la desviación positiva. Al igual que utilizamos metodologías de solución de problemas, podemos estudiar los logros y desarrollarlos con herramientas como el AMFE, 5 porqué, Ishikawa o aquella con la que estemos familiarizados. De este modo, al explorar cómo se ha alcanzado un resultado, qué circunstancias y comportamientos han contribuido a éste, los éxitos pueden repetirse. Es cierto que de los errores se aprende, pero cuando realmente crecemos es cuando desarrollamos nuestros éxitos.

¿Qué empresas conocidas se pueden definir como optimistas?
Creo que todas las empresas nacen optimistas, o al menos confían en sus recursos para alcanzar unos resultados determinados. Lo que sucede es que el el optimismo no tiene buen predicamento y en este sentido me gusta poner como ejemplo a Inditex; Amancio Ortega en su momento decía que el optimismo no es bueno, pero en plena crisis siguió abriendo una tienda al día y algunas con más de 3.000 m2, como la de Nueva York en la 5ªAvenida. A Ortega no le gusta la autocomplacencia, pero desde su primera gran visión de democratizar la moda, siempre se ha esforzado por asumir metas nuevas y arriesgadas con las que ilusiona a sus equipos; una filosofía que hoy mantiene Pablo Isla. Si seguimos con los grandes, Ingvar Kamprad apuesta por el optimismo como filosofía de IKEA. Pero también tenemos muchas pequeñas y medianas empresas jóvenes como Ciberclick (numerical marketing), y veteranas como Vygon (tecnología médica) o URO (automoción).

Hay personas optimistas por naturaleza y al contrario. ¿Qué se puede hacer ante un trabajador pesimista para intentar que no se convierta en una persona tóxica?
La mayor parte de las investigaciones atribuye a la genética una buena parte de nuestra actitud optimista o pesimista, pero en todas ellas se refleja una clara influencia de cuestiones sobre las que tenemos margen de acción. Por ejemplo, sabemos que el pesimismo es una forma de analizar las circunstancias que nos hace sentirnos impotentes. El pesimista considera que los acontecimientos negativos están fuera de su control, son universales y permanentes. Pero cuando utilizamos un método de análisis de problemas positivo, estos mismos acontecimientos pasan a ser resolubles y el pesimismo se disuelve. Del mismo modo, cuando valoramos de una forma consciente las fortalezas de la persona, se siente más segura y más capaz de hacer frente a los diferentes avatares de su trabajo.

¿Existe el riesgo de pasarnos de optimistas y no ver la cruda realidad?
Es cierto que se confunde a menudo a las personas optimistas con las ilusas, es decir, con aquellas que se forjan ilusiones sin tener en cuenta la realidad. Cuando hablamos de optimismo no nos referimos a la representación mental de un futuro deseable, sino a la actitud ante una realidad que es única y que, a veces, es muy áspera. Es nuestra actitud ante esa realidad, buena o mala, la que nos convierte en optimistas o en pesimistas, en luchadores o en víctimas.

Hay personas y organizaciones que con una realidad difícil salen adelante con verdadera fuerza y, viceversa, las hay que ante circunstancias favorables son derrotistas y ponen su foco de atención permanentemente en lo que no funciona.

¿Cómo se puede utilizar el optimismo en la empresa para que los empleados sean más productivos/creativos y para generar un clima saludable? 
El optimismo es tan contagioso como el pesimismo y ambos se alimentan de los resultados. Si pienso que algo va a salir mal, posiblemente me sentiré mal, actuaré mal, no obtendré resultados y podré demostrar que tenía razón siendo pesimista. Del mismo modo, si la organización es optimista, la percepción de autoeficacia le hará encontrar los recursos con los que obtendrá los resultados esperados y podrá demostrar que tenía razón siendo positiva. Creo que si queremos empleados productivos, necesitamos líderes optimistas que contagien confianza.

¿Influye el optimismo de alguna forma en el absentismo de la plantilla?
En mis primeros estudios del optimismo como actitud colectiva, utilizamos, precisamente, el absentismo como uno de los indicadores clave para medir resultados. El impacto fue tan directo que valió la pena tenerlo en cuenta. No solo el absentismo, también la siniestralidad, la calidad, la productividad y la participación de los empleados mejoraron significativamente. Cuando cambiamos el signo de la organización, esta se vuelve autotélica, establece nuevos fines por sí misma y entra en una tendencia positiva natural que afecta a todos sus resultados.

Si la empresa no hace nada por potenciar el optimismo de los trabajadores, ¿qué puede hacer el propio empleado para mejorar su día a día laboral?
No siempre tenemos el trabajo que más nos gusta, pero podemos buscar tareas que se alineen con nuestras fortalezas, compañeros o clientes con los que mantener relaciones positivas y, sobre todo, buscar nuestra contribución personal. Recientemente trabajé con grupos de policía local y comprobé que, como en tantos otros empleos, las personas que son más felices con su trabajo son aquellas que hacen siempre algo más de lo su puesto describe, aquellas que encuentran que su función es significativa. El significado no es algo intrínseco ni exclusivo de unas funciones concretas, sino algo muy personal que no tiene que ver con lo que hacemos, sino en lo que nosotros pensamos acerca de lo que hacemos.
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