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MUNDIAL DE RUGBY

Nueva Zelanda se mete en la final con todo merecimiento, pero entierra el mito 'All Black'

Brad Thorn.
Brad Thorn.
REUTERS.
  • JAVIER IBORRA. PAMPLONA.
Actualizada 16/10/2011 a las 17:08
La selección de Nueva Zelanda vuelve, 16 años después, a la final de un Mundial. Entre medio, tres sonados fracasos frente a Francia en 1999 y 2007 y contra Australia en 2003 habían socavado, más incluso que su prestigio internacional, la propia confianza de los oceánicos en su aclamado modelo de juego.

Éste, que les ha dado el sobrenombre de 'All Blacks' (en origen, la expresión era 'All Backs' y hacía referencia a que todos los jugadores del equipo eran capaces de atacar como zagueros), gozaba de una admiración casi unánime, pero se había visto superado en las grandes citas por otras propuestas más resultadistas, como la inglesa o la sudafricana.

El seleccionador neocelandés, Graham Henry, lo anunció en 2007, tras caer eliminado en cuartos de final del Mundial de Francia: "No seremos campeones del mundo hasta que tengamos un nuevo tipo de delantera, una delantera cerrada". Es decir, los 'kiwis' debían renunciar a su rugby abierto, en el que el manejo del oval lo es todo, para ganar su segunda Copa Weeb Ellis.

Este domingo, frente a Australia, Henry ha demostrado que el trabajo de los últimos cuatro años llevaba la dirección correcta. Su delantera ha superado con absoluta claridad y contundencia a la de Robbie Deans, imponiéndose en todas las fases de conquista de balón, asegurando la posesión y forzando ocho penaltis en campo rival. Sólo la mala noche de Weepu y Kruden en los lanzamientos a palos (4 logrados de 9 intentos) ha evitado que la victoria neocelandesa fuera más abultada de lo que refleja el 20-6 final.

La apuesta de Henry, no obstante, ha privado al público de las arrancadas de los centros y los alas locales; tan solo el zaguero Israel Dagg se ha salido algo del guión en los primeros compases del partido y ha roto la línea de la defensa rival con un par de 'sneakings'. Ni siquiera con melé a cinco metros de la línea de marca han dejado de jugar para la delantera y, en la acción que ha enterrado -de momento- el mito 'All Black', incluso han renunciado a atacar a la mano buscando un drop, la tradicional arma del archienemigo sudafricano, convertido por Kruden.

En la final les espera Francia, su bestia negra en los Mundiales, pero el último precedente es muy favorable para los de Henry (37-17 en la primera fase). Curiosamente, mientras los franceses anhelan recuperar su estilo perdido, el legendario 'rugby champagne', los neocelandeses celebran haber encontrado uno nuevo, uno que les puede dar el título, aunque quizá acabe para siempre con la leyenda de los 'All Blacks'.


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