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MAÑANA, LA FINAL MANOMANISTA

Olaizola "cazador"

  • Aimar Olaizola caza, también pesca, pero lo suyo es la becada y la paloma. Por su parte, Yves Xalaberry pesca. También caza, pero donde disfruta de veras es en el río, esperando la presa

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Aimar Olaizola sobre el río Urumea a su paso por Goizueta. DIARIO VASCO

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Xala, sobre el río Joyeuse (Felicidad), que atraviesa Lekuine. NAVI

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Actualizada 02/07/2011 a las 12:11
  • J.M. ESPARZA . PAMPLONA .

Buscando becadas por el bosque o esperando la presa en las palomeras burgalesas, Aimar Olaizola Apezetxea, Olaizola II (Goizueta, 1979), es un cazador nato, y empedernido. Así ha forjado también su personalidad en el frontón, combinando la busca y captura con la espera paciente, que en ocasiones también ejercita con el jabalí. Puro método de un cazador implacable, técnico y cerebral. Juega como caza y caza como juega. Junto a su hermano Asier ha llegado a cazar más de cien becadas en un año, y así ha coleccionado sus ocho txapelas grandes. Mañana busca la novena.

Hecho en el frontón. Aimar, el tercero de tres hermanos, se aficionó a jugar en el frontón de su pueblo. Cuando niño, en Goizueta había tres frontones y ahora dos para unos mil vecinos. En ellos hizo su habitat natural. Allí pasaba las horas con su cuadrilla. Tenía unas condiciones innatas, le gustaba, y disfrutaba más que nadie, porque ganaba siempre.

Con nueve años ya jugaba campeonatos. Su hermano Asier le marcaba el camino. "En el recreo del colegio jugaba a pelota, después de comer jugaba a pelota, y al salir de clase por la tarde seguía jugando", recuerda. Le quedó entonces claro que, cuantas más horas en la cancha, mejor. Es donde se aprende o mejora. El pelotari se hace en el frontón.

A los 15 años sorprendió con su juego al ganar la txapela cadete en el Cuatro y Medio de Elgeta, mientras Asier conquistaba la de mayores. Su hermano y hombre de confianza es quien le hace de botillero, y en ocasiones también sabe exigirle. "Quizás le falte en algún partido un poco de agresividad", ha dicho de él. "No le veo más defectos", añade. En cualquier caso, su hermano es uno de los principales admiradores de Aimar. Así le define: " Tiene mucha clase y unas grandes cualidades para jugar a pelota. Siempre he dicho que Aimar ha nacido para ser pelotari. Le ves jugar y parece que no se esfuerza. Hace cosas complicadas pero muy fácil. Eso es lo difícil".

Profesional con 18 años. Con 18 años dejó sus estudios de FP II para comenzar su carrera meteórica como profesional. Normal. Cuando en el colegio le preguntaba el profesor qué iba a ser de mayor, la respuesta siempre era la misma: pelotari.

La pelota es su profesión y su afición: juega, entrena, habla, sigue la tele y, sobre todo, le gusta ganar txapelas, vitaminas para la confianza en sí mismo. Ya se ha habituado a vivir con esa presión. A él le gusta más la palabra responsabilidad. Se ve a sí mismo como un pelotari completo, ganador, pero también le ha tocado sufrir.

La capacidad de sufrimiento. La imagen de solvencia que trasmite Olaizola II, su costumbre de ganar y ganar desde pequeño, parece que le convierten en invencible. Sin embargo, ahí es donde ha aprendido a sufrir, tanto en la cancha en un partido del revés como fuera de ella cuando aparecen las lesiones más difíciles, las largas.

Tras ganar su primer Manomanista, estuvo seis meses sin jugar, padeció tres lesiones y jugó mermado la final del Manomanista ante Patxi Ruiz. Recientemente también ha estado siete meses sin jugar. Durante el Manomanista del 2010 sufrió una grave lesión de rodilla que le mantuvo de baja y fuera de competición, pudiendo reaparecer para el campeonato de parejas de 2011.

Las lesiones son parte de la humanidad del campeón, de su condición de persona, como también su capacidad de sufrir en la cancha cuando el rival aprieta, o con los nervios que genera la pelota. Los días previos a una final acusa esos nervios. Además, de carácter también es nervioso. Aimar refleja en la cancha la misma personalidad que fuera de los frontones.

El orden y el método. Se trata de un hombre ordenado. Al igual que en el frontón, metódico para sus cosas. Planifica, estudia, también sus inversiones. Con su inseparable hermano Asier, no podía ser de otra forma, abrió la Sidrería Olaizola en Hernani, que ahora lleva enteramente el hermano.

Humanamente, Aimar destaca por ser una persona tímida, incluso muy tímida. Le cuesta abrirse. No destaca por su locuacidad, sino que es más bien reservado, observador. Le gusta mucho más andar por el monte que verse en medio del gentío o los micrófonos que le exige su profesión, pese a que ha conseguido expresarse con soltura delante de ellos. No obstante, el movimiento nervioso de las manos destaca su estado de tensión. Prefiere no ser el protagonista, y si lo tiene que ser es a su pesar, pero sabe hacerse cargo.

Lo suyo es la vida tranquila en el pueblo, con su cuadrilla, con su gente. No le gusta viajar, prefiere la partida de mus o de tute con los amigos, y disfrutar la cena semanal con ellos. También le gusta salir, aunque lo normal. No destaca por ser muy andarín. Además, últimamente le va cambiando la vida. Ha trasladado su residencia a Hondarribia, y allí espera a su retoño para mitades de agosto. Su vida entrará en una nueva dimensión.

Xala "pescador"

Yves Sallaberry, Xala (Lekuine, 14 de Noviembre de 1979), caza, principalmente paloma, y su padre tiene doce perros de caza que él se ha hartado de pasear por el monte. Pero le gusta pescar. Lo suyo es apostarse en el río a esperar pacientemente a la presa, a la trucha. Así lo ha hecho desde pequeño en el río Joyeuse (Felicidad) que atraviesa su pueblo. Su personalidad en la cancha y en la vida guarda su faceta de cazador, pero se identifica más con la de pescador.

El hombre tranquilo. Habla tranquilo. Ni cuando se enfada levanta la voz, sigue hablando al oído. No se calla, simplemente mide sus palabras, y su tono. Xala se ha criado en el silencio del monte, donde se enclava su caserío. Aunque ahora vive en Bayona con su pequeño perro, en Lekuine siguen sus padres, y él , en la falda de la colina desde donde divisa gran parte de las cien hectáreas del término de Lekuine. Su padre, pelotari aficionado, trabaja en una fábrica cercana de hielos y postres, y su madre tiene una tienda en la vecina Hasparren. Es hijo único.

Hombre de ideas, y principios, de pensar, de interiorizar, de analizar por dentro, por donde lleva la procesión. Parece tranquilo, tanto dentro como fuera de la cancha, pero su reacción al verse sin una final que le pertenecía enseñó un hombre de carácter, de lucha. Emprendió una batalla en la que le iba su carrera, su persona. Si hubiera perdido habría dejado todo, por honor, pero ganó y se hizo respetar como hombre y como pelotari, que en él son lo mismo. Así entiende el deporte, y la vida, apoyados en valores, en un código ético escrito en tiempos inmemoriales.

El frontón familiar. Su padre le puso en los frontones y él ha ido cimentando los valores que le sustentan, pegado siempre a la naturaleza -en su casa no tiene internet-, a la sabiduría de lo natural. Ha crecido en espacios libres. Su primer frontón fue la plaza abierta de Lekuine. Para él cazar allí al rival era lo mismo que sorprender a una trucha en el río cercano. Es la misma esencia, una lucha cara a cara, de habilidad y nobleza. Por eso le gusta especialmente el manomanista, más que el parejas, a todo el frontón más que en cuatro y medio. "Ganar un Manomanista, aunque fuera en el Cuatro y Medio, sería algo muy grande", dice cerrando los ojos.

Sus comienzos arrancan en el pueblo de sus abuelos, jugando de zaguero de su padre en plaza libre. Al pasar a frontón o al trinquete, a su padre le gustaba ser zaguero, así que Yves comenzó a forjar el delantero que es. En el frontón no se cierra hasta casi los 20 años. En su pueblo había uno cubierto, pero él prefería la plaza abierta hasta que Ladouche le vio futuro integrante de la nómina de Aspe. "Nunca había hecho un gancho hasta cumplir los 21 años", recuerda. El frontón le ha exigido más.

La pelota por los estudios. No prosiguió los estudios para dedicarse a la pelota. Debutó como profesional en junio del 2.000 con 21 años tras una llamativa carrera como campeón francés junior y por parejas de trinquete y de plaza libre. Estudió hasta los 20 años. Tras acabar el Bachillerato, marchó a Tarbes donde cursó el primer año de profesor de Educación Física.En el vecino País Vasco francés era conocido, hoy es un héroe. Le siguen en la tele prácticamente cada día. El frontón "mure a gauche" de su pueblo ya lleva su nombre. Las noticias de que jugaría o no la final corrieron como la pólvora por todo Iparralde. Se colgaron carteles en los bares. Hay afición a la pelota, y Xala es una rara avis que ha llegado al máximo nivel en ella.

Se tuvo que adaptar al ambiente ruidoso de los frontones, algo que le sorprendió. En Francia es muy distinto, no se grita. Se sigue un partido de pelota casi como el tenis. En el trinquete el público está en silencio, y aplaude si hay un tanto bueno, pero nada más. Con el tiempo hasta le gusta el jaleo. Le motiva.

Introvertido y sobrio. De carácter introvertido y sobrio en sus hábitos, le gusta el cine, leer (leyó filosofía budista), practica bodyboard (surf con aletas), y viaja. Contaba en una entrevista en el Diario Vasco que ha estado en Marrakech y que le gustaría volver a Córcega. No es parrandero, pero le gusta salir si hay un buen motivo. Tiene chispa. No es de contar chistes, ni de muchas palabras, pero sí de buscar la sonrisa con sus ironías.

Si en una década ha logrado tanto es debido a sus condiciones innatas y sobre todo junto al trabajo diario que desarrolla con innegables dosis de tenacidad. Así se ha abierto camino, y así mira al futuro, siempre dependiendo del día, algo que le afecta mucho más que a cualquier otro, él lo sabe. "Dependo del día. Si me encuentro fresco y me veo con nervio, pienso que estoy bien. Pero si me veo bajo, la pegada tampoco responde", reconoce.

La cabeza le afecta: "No puedes sujetarla en tanto partido. Si tienes carácter fuerte igual puedes aguantar más, pero llega un momento que no puedes más. En la vida pasa igual, si te encuentras con el cuerpo bien, sano, llegas a más, la cabeza te sigue", añade. Para lograrlo depende mucho del calor de las personas que tenga al lado.

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