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PELOTA

Entre el hacinamiento y la brillantez

  • Los resultados obtenidos (22-21 en las dos semifinales y22-20 en la final) son el mejor aval deportivo

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Titín golpea en la final del sábado en presencia de Olaizola II. EL CORREO
  • J.M.ESPARZA . PAMPLONA
Actualizada 09/01/2012 a las 14:44

Las empresas han quedado más que satisfechas con el balance del torneo del Cinco y Medio disputado en Bilbao. A los resultados de taquilla (1.200 espectadores el jueves y 1.800 el sábado) se unen los deportivos de 22-21 en las dos semifinales y un 22-20 en la final, y sobre todo el espectáculo ofrecido por los ocho pelotaris participantes.

En cuanto a la novedosa modalidad del Cinco y Medio, aflorarán todo tipo de comentarios. Los puristas se agarrarán al amontonamiento de los pelotaris para defender el juego de parejas a todo el frontón, pero no son pocos los que aceptan la nueva distancia como una posibilidad más, a semejanza del Cuatro y Medio en el mano a mano.

Precedente del Cuatro y Medio. Resulta ahora difícil saber que futuro aguarda al Cinco y Medio, si el de un torneo similar al Cuatro y Medio sanferminero o al del Cuatro y Medio otoñal. Ninguno de los dos parecían posibles en 1989, cuando las empresas apostaron por recuperar una modalidad ausente desde 1959. ETB avaló el primer torneo en Elgeta con Julián Retegi, Ladis Galarza, Joxean Tolosa y Martin Alustiza. Ganó el de Eratsun por 22-6 al de Baraibar ante 200 aficionados. Dos décadas después, la final reunió 3.500 espectadores.

Hasta ahora, Aspe había organizado torneos dentro del Cinco. La denominación Cinco y Medio presta más oxígeno espacial a los pelotaris, pero sobre todo resulta toda una declaración de intenciones para el futuro por su similitud a la de Cuatro y Medio.

"La jaula" de parejas se disputaría a continuación de la individual, como previa del campeonato de parejas.

Nuevas exigencias. Jugar dentro del Cinco y Medio plantea nuevos retos al pelotari. El dinamismo del juego, la rapidez que coge la pelota, los ataques continuos, o el peloteo a base de violentos golpes para exigir al rival prestaron un espectáculo casi imposible de ver de normal a lo largo de tres partidos consecutivos. El público disfrutó de lo lindo a costa del trabajo de los pelotaris.

Al no tener que correr a lo largo de todo el frontón, parecía que el pelotari no terminaría tan cansando como acabó. La pelea resultó francamente dura con 741, 531 y 690 exigentes pelotazos, respectivamente, en los tres partidos. La dureza hubiera sido mayor todavía si los pelotaris se hubieran decidido a golpear hacia atrás, es decir, a buscar la línea del Cinco y Medio, algo que apenas prodigaron. Sólo Olaizola II en la final lo intentó más que los demás. En las semifinales hubo una pasa en cada partido y en la final ninguna. Los pelotaris prefirieron amarrar y buscar el tanto adelante, o en la media distancia.

El difícil hueco. Efectivamente, y sobre todo jugando casi siempre adelante, cuesta encontrar hueco para hacer el tanto, lo que también contribuyó a alargar el peloteo. En la semifinal de un pelotari tan eléctrico como Irujo hubo 741 pelotas a buena, pese a los continuos ataques en los dos primeros cuadros. En la final, en cambio, se peloteó más en largo, con la bola siempre raseada, buscando el imposible hueco que no aparecía por ningún lado.

En total se han cruzado 1.961 pelotazos lo que arroja una media de 653 pelotazos por partido. Mucha trotina buscando huecos.

La importancia del zaguero. Hay que considerar la calidad de los pelotaris en liza para valorar en su dimensión lo visto a lo largo del torneo. Ocho pelotaris como la copa de un pino. Bajó algo Miguel Merino, que entró por su hermano David -más manomanista- para acompañar a Irujo, pero en general las parejas estuvieron muy compensadas.

Al delantero se le pide practicamente su juego habitual, siendo el zaguero el que más debe modificar sus hábitos. En tal sentido, el zaguero que mejor se adapta es, normalmente, el buen manomanista. Lo demostraron con un nivel espectacular en la final Patxi Ruiz y, sobre todo, Barriola. El zaguero debe cubrir adelante casi tanto como el delantero y no puede descuidar la parte trasera, la suya.

No sirven los zagueros meramente golpeadores. Hay que saber cubrir y rematar, hay que saber jugar adelante. El entendimiento en el dúo debe ser total para completar uno a otro en los cinco cuadros sin atropellarse.

La calidad de las figuras. Con figuras, la modalidad ha resultado. La dureza, la igualdad y la emoción han sido indiscutibles en estos tres primeros partidos en la nueva distancia. Queda por saber el rendimiento que darán pelotaris de menor nivel.

También queda por saber las verdaderas intenciones de las empresas, y la motivación que darán a los protagonistas, que en Bilbao fue la suficiente como para dejarse la piel en la cancha.



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