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XXX MEDIA MARATÓN CIUDAD DE PAMPLONA

Celebración a lo Sergio Ramos

La soriana María Dolores Pulido protagonizó la historia agridulce de la mañana. Acabó en segunda posición la prueba, pero su trofeo se le resbaló de las manos y acabó hecho añicos en Larrabide

  • AITOR ROYO . PAMPLONA
Publicado el 09/05/2011 a las 03:02
Esfuerzo, sacrificio e incluso dolor. Cuesta mucho ganar un trofeo en la Media Maratón Ciudad de Pamplona. Destacar entre mil atletas no es sencillo. La soriana María Dolores Pulido Fernández fue la segunda en la línea de meta, a sólo ocho segundos de la etíope Seayet Misgana. Además, fue la primera en la clasificación de veteranos.
Estaba radiante. No obstante, las fuerzas la traicionaron. El trofeo, de un material similar a la porcelana, se le resbaló de las manos y se hizo añicos contra el suelo. La cara de María Dolores palideció y en sus ojos asomaban unas lágrimas indecisas.
Le había pasado lo mismo que a Sergio Ramos con la Copa del Rey, cuando ésta acabó debajo de la rueda del autobús del Real Madrid durante la celebración. No obstante, su reacción fue bien distinta. "Cuesta mucho conseguirla, con lo que cuesta... vaya rabia. Espero que pueda pegarla en casa con Loctite", comentó al tiempo que recogía uno a uno los pedazos de lo que había sido su recompensa por una brillante carrera.
No obstante, la media maratón dejó muchas otras historias. Por ejemplo, la de Daniel Díez Romero, un pamplonés que reside en Biurrun. A sus 60 años, fue capaz de recorrer los 21 kilómetros y 97 metros en 1 hora, 30 minutos y 9 segundos. "Ha sido una experiencia muy bonita. He corrido casi todas las medias maratones de Pamplona desde los 28 años, cuando corrí la primera", comentó vestido con la elástica del Valle de Egüés, la cual se puso porque le da suerte.
Admitió que alcanzar esas marcas con su edad le conlleva un sacrificio importante: "Me preparo mucho. Salgo a correr todos los martes, jueves, sábados y domingos". No obstante, después de concluir su participación sólo tenía ganas de regresar a casa para reponer hidratos de carbono con "espaguetis y arroz".
6.800 botellas de líquido
Al término de la prueba, centenares de atletas descansaban sobre el césped de Larrabide. Allí, pudieron ingerir líquidos. 5.000 botellines de agua y otras 1.800 de Powerade estuvieron a disposición de los participantes. Además, se les entregó una camiseta de la prueba.
Aunque lo que más aprovecharon algunos fue el masaje que ofrecía la organización. Siete camillas fueron instaladas en las gradas del estadio y largas colas de deportistas exhaustos se apilaron buscando el alivio muscular. No hubo contratiempos de gravedad. Las ambulancias sólo atendieron a una mujer con ampollas y a un hombre que requirió de oxígeno. Fue un día feliz.
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