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Atletismo y natación 

Dos navarras becadas viviendo el sueño americano

Las navarras cruzaron el charco en septiembre con dos becas deportivas

De izda a dcha, Juan Gómez, Nikolai Valencia, Leyre Antoñanzas y Micki, compañeros de equipo
De izda a dcha, Juan Gómez, Nikolai Valencia, Leyre Antoñanzas y Micki, compañeros de equipoCEDIDA
  • Laura Villanueva
Publicado el 26/11/2021 a las 06:00
Firmar los últimos papeles, hacer la maleta y poner rumbo a una nueva etapa. El mes de septiembre fue diferente para Blanca de Arvizu Sarrias, abril de 2003, y Leyre Antoñanzas Fernández, agosto de 2003, dos navarras que decidieron comenzar una etapa nueva en Estados Unidos.
Vivir en otro país, conocer culturas, viajar y compaginar los estudios universitarios con sus sueños deportivos. La agencia AGM les concedió una beca deportiva de cuatro años, renovable anualmente por las deportistas, en una universidad fuera de España. “Quería compaginar el deporte de alta intensidad con la carrera de Psicología y la agencia me dio la oportunidad. Ahora estoy en Iowa, no era mi primera opción, pero ahora no lo cambio”, cuenta Antoñanzas desde la St Ambrose University, con una diferencia horaria de siete horas. La navarra vive en la universidad y, en principio, se quedará allí durante cuatro años. “La beca dura ese tiempo, aunque yo puedo decidir qué hacer. Ahora estoy viviendo en el campus y aquí hago el 90% de mi vida, hay muchas actividades y casi todo el mundo reside aquí, hay mucho ambiente”, añadía.
Desde Alaska cogía el teléfono Blanca de Arvizu, la navarra con una beca en atletismo. “Mi especialidad son los 100 metros vallas, aunque también voy a prepararme en velocidad y en los 400 metros. Conseguí la beca en la University of Alaska Anchorage gracias a AGM, aunque yo elegí el destino”, contaba. Sus dos entrenadores le llamaron por teléfono para contarle cuál era el método de trabajo. “Elegí esta universidad en octubre del año pasado tras hablar con mis dos preparadores. La primera videollamada la hice sola y luego con mi padre y desde el primer momento me convencieron, fueron muy cercanos”, expresaba. Su universidad es pequeña y la ciudad es “como Pamplona”. “Creo que es mejor porque nosotros somos 40 en el equipo y tenemos dos entrenadores que consiguen trabajar con todos. Además, yo vivo en un apartamento, en el campus, con dos de mi equipo y nos complementamos muy bien. La mayoría de gente de mi club vive así y es más cómodo para hacer planes y quedar todos juntos”. A la navarra le daba miedo el frío de Alaska. “La gente me decía que lo iba a pasar mal, pero no es así, merece la pena. Anchorage tiene unos paisajes preciosos y tengo que destacar a los profesores de aquí, son muy buenos”, añadía antes de irse a estudiar Ingeniería Civil, su carrera.
Blanca de Arvizu haciendo el símbolo de su equipo,  el Alaska Anchorage Seawolves
Blanca de Arvizu haciendo el símbolo de su equipo, el Alaska Anchorage SeawolvesCEDIDA
MÁS ATLETAS
Viajar a un nuevo país está siendo apasionante, ambas se han integrado muy bien. “Conozco a dos atletas españoles que estudian en mi universidad, uno de ellos es de Barcelona y nada en mi equipo y la otra es mi compañera de habitación, es de Madrid y juega a fútbol”, cuenta Antoñanzas. La adaptación ha sido fácil. “Todo el mundo quiere que estés bien, es como estar en tu casa. Hay mucha gente que está en tu misma situación y eso te ayuda, compartimos el mismo choque cultural”, añadía.
En Anchorage, Alaska, de Arvizu no conoce a atletas españoles que hagan atletismo en su universidad. “Hay una chica que hace tiro con arco, pero está en otra ciudad. Lo que más me gusta es que aquí todo el mundo es importante, no hay nadie que sienta que va por detrás del resto”, contaba. La rutina es diferente a la de España. “Yo antes entrenaba en el Club Pamplona Atlético, un club fantástico, pero se me hacía difícil compaginar los horarios con los entrenamientos. Aquí aprendo Inglés, viajamos mucho y tienen en cuenta el deporte y los estudios. Mis profesores me dedican más tiempo si lo necesito, me explican las cosas aparte y se interesan por mi más allá de los estudios, eso está siendo muy importante. Mis entrenadores también lo hacen, ambos entienden el conjunto”, cuenta.
La distancia y la diferencia horaria son los aspectos más complicados. “Al principio fue duro, sobre todo las primeras tres semanas. Yo sentía que estaba muy lejos de mis padres y de mis amigas y encima en otro país y con otro idioma, pero ahora ya llevo tres meses y estoy muy integrada, me siento muy cómoda”, explicaba Antoñanzas. La de Orcoyen ya piensa en las vacaciones de diciembre. “Las redes sociales ayudan mucho, además en Navidad tengo más de mes y pico de vacaciones y voy a volver a España para estar con mi familia. En enero regresaré a EEUU hasta mayo, que es cuando termina el curso escolar, y me volveré a España todo el verano. Así es mucho más fácil, son periodos de cuatro meses”, decía aliviada.
UNA EXPERIENCIA ÚNICA
Las dos navarras coinciden, “es lo mejor que hemos hecho”. “La gente que sienta que quiere tener una carrera universitaria, sin dejar de lado su deporte, tiene que venir. A veces es difícil y por eso creo que no es una experiencia para todo el mundo, pero si alguien se lo plantea tiene que cruzar el charco”, decía Antoñanzas. La navarra siente que está creciendo . “Estoy conociendo a mucha gente, aprendiendo inglés y viviendo y comprendiendo otras culturas”, añadía.
Blanca de Arvizu Sarrias corriendo en Alaska, el destino de su beca.
Blanca de Arvizu Sarrias corriendo en Alaska, el destino de su beca.CEDIDA
De Arvizu no lo duda. “Yo sí animaría a la gente a venir, no hay que ser el mejor, solo te tiene que gustar el deporte”. También destaca los entrenamientos. “Son muy duros, pero hay un espíritu de equipo que en España no había vivido nunca. El atletismo no es individual, todo el equipo tiene que hacerlo bien para clasificarse y eso hace que recibas el apoyo de todo el mundo. Es diferente y por eso creo que la gente debería probarlo, te hace aprender y te convierte en alguien más independiente. Sí echo de menos España, pero ahora tengo otra vida”, se despedía desde Alaska.
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