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CRÓNICAS DESDE BRASIL

Rafaela Silva, de la favela al oro

La judoca Rafaela es el orgullo de Brasil, ya que ha conseguido la primera medalla de oro para el país. Nacida en la favela Ciudad de Dios, encarna un espíritu de superación que encandila a Brasil

Rafaela Silva, de la favela al oro

Rafaela Silva.

Actualizada 12/08/2016 a las 12:57
  • PABLO AYERRA
"Quiero que los niños sepan que nunca pensé que saldría de mi comunidad, ni siquiera en pisar la Zona Sur, zona rica de Río de Janeiro, de conocer São Paulo o viajar al extranjero. Hoy puedo decir que soy campeona olímpica", dice Rafaela Silva. Esta mujer de 24 años, 1,69 metros de altura y menos de 57 kilos consiguió la primera medalla de oro para Brasil en unos Juegos Olímpicos en los que el anfitrión sólo ha conseguido dos hasta el momento. Y se ha convertido en un referente en el país del carnaval.

Rafaela fue colocada sobre un tatami (la superficie sobre la que se practica judo, que literalmente significa ‘doblado y aplanado’) a los 10 años de edad. Ese fue el punto de inflexión en su vida. "Yo era uno de esos niños que a los que no les gustaba estudiar. Estaba todo el día jugando con la cometa o con el balón, pero no tenía ningún objetivo. Tenía mucha energía y el deporte me ayudó a canalizarla. El judo fue mi salvación", afirmó Silva tras su victoria.

Rafaela nació en la favela Ciudad de Dios, una de las más peligrosas de Río y famosa por la oscarizada película del mismo nombre que retrata los años más violentos en las comunidades. En esta favela, como en tantas otras de las 763 que hay en Rio de Janeiro, donde viven 1,4 millones de personas (el 22% de la población), las esperanzas de tener un futuro prometedor son escasas, por eso el triunfo de Rafaela es un triunfo para Brasil.

La prensa no ha parado de hablar de ella en los últimos días. La primera medalla olímpica para Brasil de los Juegos Olímpicos 2016 la consiguió una mujer, negra, que practica un deporte minoritario, lesbiana y proveniente de una favela. Todo eso, reencarnado en una persona en Brasil es un ‘Zas en toda la boca’ a un sistema con una brecha social crónica.

Las ‘Ana Rosas’ y ‘Susanas Griso’ brasileñas, finas y delicadas, la entrevistan en magazines televisivos que ven millones de brasileños. "La ‘menina’ de Ciudad de Dios es un ejemplo para todos los niños", la presentaba una reportera. Ella, con la mirada baja y una fisionomía que trasmite fortaleza, da respuestas escuetas y firmes: "Estoy aquí para recordar que la macaca que debería estar en una jaula en 2012 hoy es oro olímpico", dice en referencia a los insultos racistas que recibió en los Juegos Olímpicos de Londres tras ser descalificada por una mala acción. "Debería volver nadando a su país", "ese mono debería estar en la jaula", le insultaban algunas personas en las redes sociales.

Este miércoles, en la presentación de la campaña ‘Olimpiadas sin racismo’, Rafaela dijo que estuvo a punto de dejarlo después de lo que pasó en Londres. "Necesité ayuda psicológica", confesó. "Pero si hubiera abandonado no habría conseguido dar ahora esta alegría a Brasil".

Durante la rueda de prensa que más periodistas nacionales e internacionales ha congregado en estos Juegos Olímpicos, Rafaela se mostró tranquila. Poco acostumbrada a ser el centro de todas las miradas, admitía ante un periodista que ahora todos quieren hablar con ella.

Pero ella lo aprovecha para unirse a la causa en una ciudad en la que la mayoría de las muertes a manos de la policía son de negros, pobres y jóvenes que viven en el cinturón olvidado que rodea el centro de Rio de Janeiro. Estuvo acompañada por el portero Mario Lucio Costa, conocido como ‘Araña’, quien en 2014, cuando jugaba en el Santos, también fue llamado "macaco" y que se ha convertido en un referente de la lucha racial en Brasil; y por la Secretaría de Promoción de Igualdad Social, Luislinda Valois.

"Me gustaría ser ejemplo para todos esos pequeños que viven en las favelas y no tienen un objetivo claro, como yo, que nací en Ciudad de Dios. He entrenado durísimo para estar aquí. Salía tiritando, llorando, de los entrenamientos. Quería la medalla. Comencé a practicar judo como afición y ahora soy campeona mundial y olímpica", declaró tras su vibrante victoria en el Arena Carioca 2 del Parque Olímpico.

Rafaela llegó a ser el orgullo de Brasil en estos Juegos Olímpicos gracias a la ayuda técnica y económica de su entrenador, Geraldo Bernardes, quien "pagó muchos de los desplazamientos y material que yo no me podía permitir", admite Rafaela. Pero también gracias a su padre, quien un día hace más de 15 años decidió apuntar a su pequeña a un proyecto social que enseñaba judo a los niños para que no fueran seducidos por las organizaciones criminales sin imaginarse que llegaría a ser conocida en todo Brasil como la ‘menina’ de la Ciudad de Dios.

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